Objetivo: inmortalidad. ¿Cómo estamos intentando aprobar esta asignatura pendiente?

Érase una vez una criatura sobre la Tierra que lo tenía todo. A pesar de no ser el animal más rápido, más alto o más fuerte, había conseguido dominar a todos los demás gracias a su intelecto. Había logrado domar a la naturaleza y ponerla a su servicio… Pero había una cosa que ansiaba por encima de todo. El hombre, pues así se llamaba este ser, quería vivir para siempre, quería luchar contra la vejez y todo lo que ésta suponía. Los esfuerzos científicos para lograr que nunca nos hagamos viejos son una constante y, en ciertos círculos se ha apuntado a que, en 2045, el hombre podría ser inmortal.

¿Cada vez menos viejos?

En este artículo sobre una afirmación que sobrevuela las conversaciones de medio mundo, sobre si seremos inmortales cuando llegue 2045, os hablamos de algunos avances científicos que luchan para conseguir el sueño de la eterna juventud. Uno de los deseos inalcanzables del ser humano. Hoy queremos seguir profundizando en un tema que nos resulta apasionante y cuyos nuevos descubrimientos nos dejan con la boca abierta.

Y, para ello, no podemos dejar de referirnos al trabajo de un equipo capitaneado por el español Juan Carlos Izpisúa que, en diciembre de 2016, lograba interesantes avances en el Laboratorio de Expresión Génica de Salk. La clave de su experimento se centra en la reprogramación celular, una técnica que fue descubierta en 2006 por el japonés Yakamaka y que consiste en una combinación de cuatro genes (OSKM) que consiguen que una célula normal se convierta en un célula madre capaz de dividirse y mutar su naturaleza.

Ahora, Izpisúa y su equipo han usado la reprogramación celular para tratar la progeria (una enfermedad rara que acelera el envejecimiento) en ratones. El resultado es que las células consiguieron rejuvenecer. Esos ratones prolongaron su vida un 30%. Una clave de este experimento es que la reprogramación celular puede tener funestas consecuencias como la creación de tumores. Ahora, Izpisúa ha conseguido evitar este riesgo alterando los tiempos que Yakamaka estableció en sus primeras investigaciones.

Una de las conclusiones más interesantes que Izpisúa confiere a su trabajo es la que sugiere que el envejecimiento humano es un proceso plástico, por lo que se puede manipular y reconducir para evitar que nos hagamos viejos. El desarrollo de su técnica podría llevarnos a una nueva evolución en epigenética. La epigenética estudia los factores que influyen en la salud de nuestros genes. Es decir, cómo nos condiciona la forma en que vivimos y no sólo la herencia genética que tenemos. Así, factores como el consumo de tabaco o alcohol, la contaminación o el sol podrían ver reducida su injerencia en nuestras vidas. Una injerencia que Izpisúa ve como reversible.

Células que son vida

La reprogramación genética y el estudio de las células madre nos llevan a meternos de cabeza en el siguiente descubrimiento del que vamos a hablar, publicado hace apenas un mes. Se trata de un avance que nos llega de la mano del Jackson Laboratory, dirigido por Roel Verhaak. Su premisa es tan sorprendente como esperanzadora, pues la clave para frenar el envejecimiento podría estar en las células tumorales, es decir, aquellas que desarrollan un cáncer.

el estudio de LAs mutaciones de las células cancerígenas podría darnos las claves de cómo frenar no sólo los tumores, sino también el envejecimiento del cuerpo

La idea, que combina salud y enfermedad en un explosivo cóctel, se da de la siguiente manera. Tanto las células madre como las tumorales son las únicas capaces de seguir dividiéndose a lo largo de tiempo. Podríamos decir que son inmortales. Para lograrlo, las células tumorales se “apropian” del proceso que utiliza la célula madre para seguir dividiéndose, gracias a la activación de una enzima llamada telomerasa que sirve para ese propósito.

Se ha descubierto que estas células tumorales tienen una mutación que les permite prologar su vida y su capacidad de división de una forma mayor que las células madre. Así pues, el estudio de esas mutaciones de las células cancerígenas podría darnos las claves de cómo frenar no sólo los tumores, sino también el envejecimiento del cuerpo.

El estudio del ADN es clave para saber a qué nos llevarán nuevas investigaciones en el futuro. Una de ellas, con también importantes descubrimientos, la tuvimos el pasado mes de noviembre. Sus protagonistas son los miembros del Instituto de Tecnología y de la Universidad de California quienes, dirigidos por Nikolay Kandul, han centrado sus esfuerzos en estudiar el ADN mutante. ¿Qué quiere decir? Nuestras células contienen mitocondrias, las responsables de que se produzca energía para que la célula siga viva. El problema es que el ADN de esas mitocondrias tiene una escasa capacidad de reparación por lo que, dentro de una célula, tenemos diferentes versiones de ese ADN o, lo que es lo mismo, ADN mutante.

A medida que nos hacemos viejos, los niveles de este tipo de ADN aumentan, lo que explica el deterioro y la aparición de ciertas enfermedades degenerativas. Así pues, el propósito de este experimento se da contra ese ADN mutante. Y ello se produce gracias a la mitofagia, un proceso  que elimina la mitocondrias dañadas y que funciona como un remedo de “control de calidad celular”. Así, sin esas mitocondrias “defectuosas”, las células recuperarían un estado más joven.

Las investigaciones de la Universidad de Nottingham también van por esta línea. Sus desvelos se centran en el estudio de una proteína que podría resultar clave para frenar el envejecimiento. La proteína se encuentra en la enzima anhidrasa carbónica de nuestras células en mayor cantidad a medida que nos hacemos más viejos. Lisa Chakrabarti está al frente de una investigación que quiere trabajar en la posible manipulación de esa proteína para abrir nuevos caminos que lleven a detener el envejecimiento. Así, el siguiente paso es estudiar los compuestos químicos que son capaces de actuar sobre esa anhidrasa carbónica de la que, seguramente, seguiremos oyendo hablar.

¿Qué podemos hacer nosotros?

No queremos hacernos viejos. Todos estos avances científicos son, en verdad, muy estimulantes y nos ofrecen un futuro cuanto menos, prometedor. Pero antes de que lleguen a hacerse efectivos, como humanos, podemos hacer algunas cosas para frenar ese envejecimiento que tanto nos preocupa. Así que, manos a la obra.

Recientemente, investigaciones del CNIC (Centro Nacional de Investigaciones Cardiovascuales Carlos III) probaron una premisa que dice que nuestra herencia genética influye sobremanera en esa posible o no longevidad. Nuestro ADN mitocondrial, único para cada individuo, sería clave y las recomendaciones y premisas que funcionan de maravilla para unos cuerpos podrían no resultar igual de efectivas para otros.

A medida que nos hacemos viejos, desarrollamos una mayor conciencia sobre lo que resulta beneficioso para nosotros o no (y, por tanto, nos ayuda a sentirnos más sanos y, de alguna forma, más jóvenes). Pero hay que tener cuidado con llevar ese cuidado al extremo. En enero, desde el Instituto de Biofísica y de la Academia China de Ciencia, advirtieron del peligro de abusar de ciertos complementos vitamínicos. Los antioxidantes siempre los asociamos con salud y bienestar, pero, si consumimos más de los que nuestro cuerpo necesita, podríamos estar provocando el efecto contrario, pues el organismo vería alteradas sus capacidades naturales.

hábitos y productos recomendados

¿Qué hacer y qué no hacer? ¿Qué tipos de productos hay que consumir? ¿Qué hábitos potenciar? Dentro de esa lista de productos “antiedad” no podemos dejar de mencionar el aceite de pescado, el famoso omega 3, que serviría para reforzar nuestra masa muscular, una masa que puede llegar a reducirse hasta un 2% al año cuando nos hacemos más viejos. Y, pensando en nuestro cerebro, hablemos ahora de las cualidades de la dieta mediterránea (otro de esos “must” que hemos oído desde niños). Un reciente estudio llevado a cabo en Escocia nos habla de las virtudes de esta dieta y de cómo ayuda a reducir el riesgo de padecer Alzheimer.

Recientemente, se ha descubierto que una sustancia llamada urolitina A, que produce nuestra flora intestinal, podría ser clave para la regeneración celular. Pues bien, las granadas son una fruta que ayuda a que nuestro organismo cree esa sustancia. ¿Pueden ser la nueva fuente de la eterna juventud? El ajo, el brócoli, los tomates, las legumbres o el té verde están considerados como alimentos antiedad de primer orden, que nos ayudan a mantenernos más jóvenes. Eso y buenos hábitos, como hacer ejercicio, dormir las horas necesarias, combatir el estrés…, pueden frenar nuestro viaje hasta la vejez, mientras que esperamos a que los científicos nos den las claves para permanecer eternamente jóvenes. Un deseo al que los estudios e investigaciones nos acercan más y más.

Imagen | Pixabay

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