Conectografía o cómo cambiar tu manera de ver el mundo

Conectografía: la nueva teoría que intenta cambiar nuestra manera de ver el mundo

Cada cierto tiempo, aparecen libros que arrojan mucha luz sobre la evolución del mundo. En los 90, Samuel Huntington reinterpretó toda la geopolítica en términos de conflicto religioso en su bestseller ‘El choque de civilizaciones’. Más recientemente, solo hace unos años, dos profesores, Daren Acemoglu y James A. Robinson, también escribieron un libro de largo alcance, ’Por qué fracasan los países’, donde sostenían que la riqueza de las naciones no hay que buscarla en sus recursos naturales, en su situación geográfica ni incluso en sus tesoros culturales, sino en la calidad de sus instituciones sociales y políticas, en la capacidad que tienen para involucrar a mucha gente, y evitan al mismo tiempo que solo una élite se beneficie.  

El poder ya no reside tanto en los estados nacionales, sino en las ciudades o hubs de ciudades en los que se concentra la mayoría de la población mundial, y en las conexiones que mantienen

De los países a las ciudades

Es posible que, como los trabajos anteriores, el libro ‘Conectografía’, del investigador y estratega de origen indio Parag Kannah, cambie la manera en que vemos el mundo. Básicamente, lo que sostiene Kannah en su trabajo, de 800 páginas, es que el poder hoy ya no reside tanto en los estados nacionales, sino en las ciudades o hubs de ciudades en los que se concentra la mayoría de la población mundial, y en las conexiones, en forma de infraestructuras de todo tipo, que establecen entre sí estas megalópolis.

Al fin y al cabo, las ciudades siempre han estado ahí, desde los tiempos remotos de la antigüedad o desde la Edad Media, mientras que los estados son en gran parte un convención que tiene sus orígenes 100 o 200 años atrás como mucho.

Kannah cree que la geografía política tradicional, la de esos mapas de colores que todos nos hemos estudiado en el colegio y donde las fronteras marcan la diferencia entre territorios, de alguna forma está superada y que lo importante son y serán las rutas comerciales y humanas (no hay más que ver “la reinvención de la ruta de la Seda” que está promoviendo China), y las infraestructuras que transportan el agua, la energía y la información de una parte a otra del mundo.

Fronteras ficticias vs. infraestructuras reales

Las cifras no dejan lugar a dudas: en el mundo hay 64 millones de kilómetros de carreteras, 4 millones de kilómetros de líneas de ferrocarril, 2 millones de kilómetros de tuberías y un millón de kilómetro de cables de Internet. Sin embargo, en línea recta, las fronteras políticas de este planeta no pasan de los 500.000 kilómetros.

Las fronteras son ficciones, las infraestructuras son reales, nos viene a recordar Parag Kannah. Importan más las cadenas de suministro que los puestos fronterizos y los muros. El gasto en establecer puentes y vías de comunicaciones y colaboración entre zonas superpobladas supera con mucho en gasto mundial en defensa. McKinsey dice que cada año se invierten 2,5 billones de dólares en infraestructuras, por 1,7 billones de dólares que van a parar a armamento. Y, más aún, asegura que serán necesarios hasta 3,3 billones de gasto anual en infraestructuras para mantener el crecimiento hasta 2030.

Las fronteras son ficciones, las infraestructuras son reales, importando más las cadenas de suministro que los puestos fronterizos y los muros

Kannah, que pasó por el prestigioso London School of Economics, es investigador de políticas públicas en la universidad nacional de Singapur y colabora con medios como la CNN, dice que hay que decir adiós a esa idea de que “la geografía es nuestro destino”. Realmente, es la conectividad nuestro destino. Y la teoría que explica este mundo nuestro de hoy en día es la “conectografía” o, como también la llama Khanna, una geografía útil que mide las posibilidades de la gente y las comunidades en función de su capacidad para poner en común intereses. Los nodos del sistema de Kannah son más de 40 megacities o clusters de ciudades, como la que forman Los Ángeles y San Francisco, o el pasillo que va de Boston a Nueva York, o el que forman las grandes ciudades japonesas (Tokio, Nagoya y Osaka), o las megalópolis de la costa china.

Ejemplos de Conectografía

Este mundo de grandes concentraciones urbanas obliga a replantear la diplomacia y hace que organismos como el G20 pierdan sentido. Cada vez más los conflictos tendrán que ver con este orden distribuido, y menos con las fronteras políticas heredadas. Así, Kannah cree que el conflicto de Rusia con Ucrania por la península Crimea no es tanto un problema de reivindicaciones patrióticas, como algunos han dicho y la propaganda oficial quiere dar a entender, como una disputa por el interés estratégico que tiene controlar el transporte del gas a Europa. En todo caso, hay casos que se resisten a entrar en el orden global que propone Parag Khanna. Quizá el más sobresaliente sea el de Oriente Medio, donde las fronteras y los fanatismos ideológicos y religiosos por el momento se imponen a la cooperación y el pragmatismo de las cadenas de suministro.

En todo caso, Kannah ha lanzado una idea muy interesante sobre el mundo de hoy y sobre el mundo que viene, puesto que, a pesar del ensimismamiento de algunas poblaciones, temerosas de la globalización, cada vez más gente vivirá en los grandes corredores urbanos que detecta el investigador en su libro, y cada vez esa gente estará más interconectada y será más dependiente del vecino. No hay marcha atrás.

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