Buscando la inmortalidad a traves de la revolución digital

La revolución digital abre la puerta a la inmortalidad

Businessman walking on one way road toward the exit of sun sky view, with high dirty concrete wall background.

 

En la imaginería popular de nuestra generación –aquellos que nos identificamos con el pequeño Carlos de “Cuéntame cómo pasó”-, está ya impreso a fuego ese Jor-El interpretado por Marlon Brando dando consejos desde el pasado a un joven Kal-El/Christopher Reeve, que intenta hacer la transición de Clark Kent a Superman en su refugio helado. Venga va, para que nos entiendan los millenials: Russel Crowe aleccionando a ese blandito Hombre de Acero encarnado por Henry Cavill 😉

En cualquier caso, más allá de la ficción y los superhéroes, ¿y si eso fuera posible en un futuro no muy lejano? No, no nos referimos a resucitar a Marlon Brando ni a hacer de Cavill un convincente Superman, sino a poder charlar de tú a tú y compartir conocimientos, vivencias y experiencias en primera persona con ese bisabuelo al que no llegaste a conocer sin necesidad de recurrir a la ouija o llamar a la vidente de un canal TDT a las 4 de la mañana.

Pues empresas como Huawei ya se están preparando para ese futuro que ya no suena tanto a ciencia ficción. Y es que, como declaró recientemente a Bloomberg Kevin Ho, presidente de la división de productos portátiles del fabricante chino, la llamada revolución digital está evolucionando tanto y tan rápidamente que “enlatar” nuestra conciencia en un ordenador y vivir eternamente, aunque sea en un plano digital, puede ser una realidad en un horizonte de 25 ó 30 años.

el botón de Matrix

Y la referencia cinematográfica no es baladí, porque Ho reconoce que películas como la ya mítica The Matrix están sirviendo a empresas como la suya para imaginar en qué puede consistir esa era post-humana, en la que enfermedad o muerte serán ya sólo un eco del pasado o, como ocurre en la cinta protagonizada por Keanu Reeves, con sólo dar a un botón podremos descargarnos todos los conocimientos precisos para, por ejemplo, pilotar un helicóptero. Ahí es nada.

Pero por qué un fabricante de móviles y redes de telecomunicaciones como Huawei se fija en los films futuristas para augurar tendencias o cómo será esa sociedad post-humana. Pues por el interés más viejo del mundo (más allá del sexo, claro está): hacer negocio. Y es que ese futuro digital, en el que quizá nuestra nueva existencia se componga de impulsos eléctricos y millones y millones de haces de luz corriendo por hilos de silicio, se necesitarán redes con capacidades cada vez mayores que soporten toda la información que por ellas discurrirá. Ahí es donde Huawei ve su propio futuro.

Singularidad tecnológica

El gigante asiático no es el único que está pensando ya en cómo sacar partido de esa nueva era de humanos más allá de los humanos o de vida eterna basada en inteligencia artificial. Así, mentes privilegiadas como la de Ray Kurzweil, director de Ingeniería de Google y autor del bestseller “The Singularity is Near”, defienden la llamada “singuralidad tecnológica”. O, como dijo Bill Gates refiriéndose a la obra de Kurzweil, “un futuro en el cual las tecnologías de la información habrán avanzado tanto y tan rápido que harán posible que los seres humanos trasciendan a sus limitaciones biológicas”.

Young woman in blue striped t-shirt wearing virtual reality goggles standing in living room

En otras palabras, la inmortalidad, basada en un fusión entre los hombres y la tecnología; en la existencia de ordenadores capaces de imitar la complejidad del cerebro humano; en un “neocórtex” humano capaz de conectarse a un cerebro en la nube que amplíe hasta el infinito sus capacidades, conocimientos y aptitudes siempre que lo necesite; en una inteligencia artificial capaz de autoregenerarse y potenciarse quizá hasta el infinito.

Sí, da un poco de vértigo, pero Kurzweil augura que sólo nos falta un cuarto de siglo para que este tipo de avances sea algo cotidiano. ¿Poco tiempo? Bueno, pensemos que el primer teléfono móvil, aquel “zapatófono” que Motorola bautizó como Dynatac 8000x, llegó al mercado en el año 1983 y entonces nos parecía algo sólo al alcance de unos pocos privilegiados. Y sin embargo, tres décadas después el número de dispositivos móviles que hay en el mundo supera ya al número de habitantes.

Se abren aquí todo tipo de debates y polémicas éticos y tecnológicos, a cuál más apasionante. ¿Y si, como auguran algunos, la explosión tecnológica deriva en la creación de ordenadores más inteligentes que el propio ser humano? ¿Podremos asistir a la creación de “máquinas con alma”, al estilo del protagonista de otro film futurista: el pequeño David de A.I. Artificial Intelligence? ¿Realmente podemos predecir cómo será ese mundo venidero considerando que esas futuras “súper-inteligencias” excederán en mucho nuestra capacidad actual de raciocinio? Son muchas las preguntas y pocas aún las respuestas, más allá de las que nos brinda la imaginación plasmada en la gran pantalla. En cualquier caso, ese futuro está ya casi aquí, a la vuelta de la esquina y sus posibilidades son tan incontables como las arenas del mar. Jor-El, nos vemos pronto.

Imagen | iStock BsWei , Halfpoint