A los robots no les importa pagar impuestos o cotizar

A los robots no les importa pagar impuestos o cotizar, el problema es nuestro

¿Tienen los robots que pagar impuestos o cotizar a la Seguridad Social? En los últimos meses, es una pregunta que se ha hecho a políticos, sindicalistas, abogados, economistas y tecnólogos. Un icono universal como Bill Gates respondía afirmativamente en una entrevista reciente. El creador de Microsoft venía a decir que los robots como tales no pueden contribuir a la Hacienda pública, pero sus propietarios sí podrían arrimar el hombro para hacer las cosas más fáciles al resto de trabajadores. El comentario sorprendió a muchos, puesto que venía de la boca de uno de los principales accionistas de la compañía de Windows, que ha puesto en el desarrollo de la inteligencia artificial buena parte de las expectativas de crecimiento para el futuro.

A este lado del Atlántico, el origen del debate está en una propuesta del Parlamento Europeo presentada a finales del año pasado. En el conocido como “Informe sobre personas electrónicas”, la UE pretendía adelantarse a un futuro laboral donde los robots y los programas de inteligencia artificial irán sustituyendo irremediablemente a millones de trabajadores. No sólo a los empleados de las plantas industriales, los tradicionalmente más amenazados, sino a otros de “cuello blanco” como economistas o analistas financieros. Por no hablar de los agricultores, operadores de telemarketing o los conductores y transportistas amenazados por la aparición del coche autónomo.

¿nos SUstituirán robots?

Un informe de la OCDE asegura que en España están en peligro el 12% de los empleos por la automatización. De todas formas, hay países en los que las cosas van mucho más deprisa. Son sobre todo aquellos con un sector industrial potente, que es donde los robots hoy son realmente efectivos. Es el caso de China, donde Foxconn, el primer fabricante de teléfonos móviles del mundo, ya ha iniciado la sustitución de 60.000 empleados, o Alemania.

En el fondo, lo que Europa quiere es salvar es su estado del bienestar y, sobre todo, las pensiones, en riesgo por el envejecimiento de la población y por la cada vez más estrecha base de cotizantes. La preocupación de la UE se debe a que el problema ha calado en la opinión pública y ya quita el sueño a muchos. El informe del Parlamento Europeo sugería pensar en qué medida la robótica y la inteligencia artificial contribuyen a los resultados de las empresas, a efectos de fiscalidad y de cálculo de cotizaciones sociales. Para ello, considera “personas electrónicas” a aquellas con autonomía gracias a sensores y al intercambio de datos, o con capacidad para aprender con la experiencia y la interacción. O simplemente a las que se presentan con el soporte físico de un robot.

CAMBio de rol del trabajador

En todo caso, el debate sobre los efectos de la robotización en el empleo es complejo.

Muchos analistas dicen que se necesitan análisis a muy largo plazo para determinar si realmente la robotización supone una destrucción de puestos de trabajo. Hay quien dice que los robots no quitan empleo, sino que fomentan un cambio de roles, como ya pasó en otras etapas industriales. También están los que apuntan que hacer que las máquinas paguen impuestos puede suponer un desincentivo para la innovación en las empresas. ¿Sería viable Google si tuviera que pagar por sus famosos algoritmos y por las arañas que constantemente peinan Internet e inspeccionan casi todas las páginas web del planeta de forma metódica y automatizada?

Hacer pagar la Seguridad Social y otros impuestos a los robots también tiene complicaciones legales que habrá que resolver si la propuesta del Parlamento Europeo va en serio. Y es que el IRPF es un impuesto precisamente a “personas físicas”, mientras que el impuesto de sociedades, que es el que pagan las empresas por sus beneficios, se aplica a “personas jurídicas”. Y los robots hoy no son ni una cosa ni otra.

Además, la Ley General de la Seguridad Social tendría que ser renovada en profundidad porque cuando se promulgó no se pensó en máquinas. Y, por último, cotizar genera derechos, entre otros a una pensión. ¿Se imaginan un centro de día con cientos de C-3PO jugando a las cartas y saliendo a pasear al parque? En fin, que estamos ante un tema complejo, pero vital para el futuro de la sociedad y que, llevado a su extremo, podría hacer realidad esa idea paradisiaca de una Humanidad viviendo enteramente del trabajo de las máquinas.

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