¿De verdad llegaremos a viajar por el espacio? - Nobbot

¿De verdad llegaremos a viajar por el espacio?

Con la tecnología actual sabemos que viajar por el espacio es imposible. Apenas hemos salido del tirón gravitatorio de la Tierra, y nos cuesta un mundo cada vez que lo intentamos. Según a quién preguntes, viajar por el espacio es o bien la mayor hazaña que realizará la humanidad o bien una de esas bobadas en las que se pierde el dinero de manera reiterada.

La opinión sobre el coste actual de estos viajes está muy polarizada, así como sobre la viabilidad del proyecto, donde hay tres vertientes: es un sueño imposible, es algo innecesario o es inevitable. Pero, ¿por qué tenemos opiniones tan dispares sobre el tema? ¿De verdad llegaremos a viajar por el espacio?

El coste de sacar 1 kg FUERA de la Tierra

Cuando vemos películas o series de ciencia ficción como Serenity o The expanse, parece fácil imaginar una humanidad distribuida en una centena de planetas, satélites, rocas o estaciones a lo largo del espacio. Se montan en sus naves de pasajeros o carga, arrancan los motores y se alejan tranquilamente de un planeta o luna, dejando la atmósfera atrás. Bye bye Earth.

Pero dejar atrás el campo gravitatorio de un cuerpo con tanta masa como un planeta rocoso (y nos da igual elegir la Tierra, Marte o Venus) supone un aporte de energía monumental al tener que vencer la velocidad de escape. Hay que acelerar un objeto mucho, o durante el tiempo suficiente como para llevarlo al espacio, algo que requiere combustible, que a su vez hace que el cohete pese más.

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Cada kilo útil de la sonda New Horizons, lanzada en 2006, costó 1,46 millones de dólares, una cantidad importante. A ese precio, que la humanidad al completo diese un paseíto por el espacio costaría la friolera de 766 millones de millones de millones de dólares (más o menos). Eso sin incluir nave espacial, traje o medios para sobrevivir.

Los costes bajan (y generan dinero como inversiones a largo plazo)

Frente a estas cifras astronómicas está la reducción constante del coste. Ya en 2012 había empresas que eran capaces de poner en el espacio medio kilo por menos de 500 dólares. Eso sí, de pocos gramos en pocos gramos (de momento). Algo poco efectivo para enviar personas enteras al espacio, pero mucho para generar puestos de trabajo y conocimientos.

Lejos de ser un pozo sin fondo para la economía mundial, las industrias de exploración y explotación del espacio son sectores en auge que generan puestos laborales y cuyos hallazgos ayudan hoy en día a aplicaciones de eficiencia energética, entre muchas otras. Grandes empresas tienen claro que las materias primas encerradas en los asteroides y cometas podrían apoyar el crecimiento económico durante milenios por venir.

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Incluso estamos viendo que muchos de los avances en los sectores de medicina o energía de las últimas décadas han tenido el apoyo de experimentos en baja gravedad y vacío casi absoluto. Condiciones que solo se dan fuera de un planeta y sin las que diversas materias científicas explotables hoy día seguirían en pañales.

A esto debemos añadir el factor de retroalimentación económica que tendría movernos por el sistema solar. Al igual que la llegada del barco, del ferrocarril o del avión resultaba prohibitiva para casi toda la población mundial, la economía de escala que crearon a su paso redujo en poco tiempo el coste de cada viaje. Hasta el punto de que cualquiera puede realizar un esfuerzo económico y cruzar el planeta en un día.

Crear un asentamiento en la Luna podría ser palanca suficiente para abaratar el viaje suborbital y orbital, siendo factible colonizar Marte en menos de una generación. Si la mayor parte del planeta puede pagarse un viaje a la Luna, ¿por qué no iba gran parte de ella a establecerse también en Marte, abriendo mercados? Pues quizá por las distancias.

Las distancias espaciales son enormes

Una economía del sistema solar podría ser posible en unos cuantos siglos si lo que hay ahí fuera compensa el gasto energético. Tenemos que tener presente lo cerca que están la Luna y Marte y lo costoso que es llegar hasta ellos. Más aún asentarse y sacarles provecho directo.

El cinturón de asteroides que incluye a Ceres, Palas o Vestas está muchísimo más lejos, a más del doble que cualquier distancia entre la Tierra y los planetas rocosos, con viajes que rondarían el año. Esto significa que las naves que nos lleven allí tienen que ser pequeños hábitats cerrados en los que poder sobrevivir al menos los años de ida y vuelta, más el tiempo transcurrido allí.

Hablamos de enormes barcazas que generen por rotación su propia gravedad (cilindros O’Neil), con espacio suficiente para vivir durante años sin (y aquí está lo complicado) matarnos los unos a los otros.

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Pero el Sistema Solar, si es que es eso lo que queremos colonizar, no acaba ahí. A la Voyager 1 le ha costado 39 años llegar a una distancia de 20 horas-luz de la Tierra, y no ha rozado todavía una centésima parte del sistema solar. Si quisiésemos salir a tocar el extremo y volver, es posible que nuestros bisnietos supervivientes llegasen a la Tierra preguntando en qué narices pensaban sus antepasados para hacer semejante locura (y lo a gusto que se está de vuelta).

Si la tecnología sigue avanzando al ritmo que lo hace, es posible que para cuando salgamos del sistema solar de manera regular, como quien va de visita al campo, seamos una especie diferente.

Una inversión a muy largo plazo que igual nos conviene

Aunque el espacio a día de hoy genera grandes inversiones, estas suelen ser a largo plazo. Si a eso le sumamos la imposibilidad de explotar a día de hoy el espacio, y que todo está lo suficientemente como para que las inversiones de dentro de 10 años se recuperen dentro de 50, es comprensible que haya gente que no vea el negocio.

La exploración espacial es una batalla a largo (muy, muy largo) plazo, cuyos rendimientos económicos, sociales y culturales nos llegarán pasadas varias generaciones tras las inversiones iniciales.

Sin embargo, muchos están de acuerdo que es mejor prepararse ya para ir saliendo del planeta, no vaya a ser que acabemos por consumirlo antes de que podamos salir de él, o que llegue algún peligro del espacio que ponga en riesgo el único hogar que tenemos. El establecimiento de colonias aquí y allá nos daría al menos alguna oportunidad frente a contratiempos inesperados como meteoritos o plagas.

Y no solo a nosotros. Por lo que sabemos a día de hoy, somos los únicos capaces de llevar vida a otras partes del universo, una tarea que quizá debamos tomarnos en serio.

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Fotografías | Dũng Đặng, Deutsch (Wikilmages), Xataka, Wikipedia