¿Por qué nuestro viejo smartphone funciona más lento con el paso del tiempo? - Nobbot

¿Por qué nuestro viejo smartphone funciona más lento con el paso del tiempo?

Con cada nuevo lanzamiento de los fabricantes de móviles, tablets y ordenadores, el usuario tiene la sensación de que sus viejos dispositivos funcionan más lentos. ¿Serán las malvadas compañías las que ralentizan su funcionamiento para que acudamos a nuestra tienda más próxima para hacernos con sus nuevos modelos?  El ingeniero de software, Robert Merkel , de la Universidad de Monash, nos aporta algunas claves para responder a esta pregunta sin recurrir  a teorías conspiranoicas. No, nuestro viejo smartphone no se ha convertido en una herramienta de márketing a la inversa.

En su texto, publicado en The Conversation, Merkel explica que no hay evidencia que sugiera que los fabricantes degraden deliberadamente el rendimiento de los dispositivos más antiguos con actualizaciones de software.  En cambio, existen varias otras razones por las cuales los teléfonos inteligentes, tabletas y computadoras comienzan a parecer menos ágiles.

nueva aplicación, menos velocidad

Por ejemplo, cada vez que se actualizan, las aplicaciones generalmente se vuelven más grandes y más completas. Además, los sistemas operativos de escritorio y teléfonos móviles reciben periódicamente rediseños significativos, que les aportan un mayor atractivo visual muy apreciado por el usuario.

Esas nuevas funcionalidades requieren que el dispositivo haga más cálculos que cuando llegó a casa desde la tienda y, “dado que no se acelera mágicamente para compensar, tiene menos capacidad adicional disponible para responder rápidamente a otro tipo de acciones”, dice Merkel. Además, cada nueva actualización no solo tiende a hacer más cálculos, también suele ocupar más espacio en el almacenamiento de su dispositivo.

la ram es como una pizarra

Robert Merkel explica de manera sencilla lo que sucede. Los dispositivos solo tienen una cantidad limitada de memoria RAM que es el equivalente aproximado de una pizarra: útil pero con capacidad limitada.

Para hacer que las aplicaciones se ejecuten más rápido, algunos sistemas almacenan copias de los datos almacenados en la memoria RAM que creen que el usuario podría querer recuperar. Es el caso de la caché de un navegador web, por ejemplo, que guarda datos anteriores de navegación aunque el usuario esté visitando nuevas páginas.

Sin embargo, para que la caché sea efectiva, la aplicación y el sistema operativo del dispositivo deben administrar cuidadosamente la cantidad de espacio dedicado. “Algunos desarrolladores de aplicaciones no ponen el interés suficiente en este proceso y sus aplicaciones no solo se ralentizan con el tiempo, sino que también pueden generar una degradación del sistema operativo”, señala Merkel.

virus y gusanos en nuestro viejo smartphone

Tampoco es raro que el software útil vaya acompañado de “crapware”, complementos poco útiles como las barras de herramientas del navegador, que utilizan los recursos del sistema y el rendimiento del impacto.

Por si fuera poco, el software adicional puede desacelerar un sistema de muchas maneras: llenando el almacenamiento, usando demasiada memoria y utilizando la unidad de procesamiento central de la computadora “en segundo plano” sin que el usuario  se dé cuenta. Todos estos factores pueden hacer que el sistema tenga menos recursos disponibles para responder a la velocidad requerida.

Otra posibilidad -la más escalofriante- es que algunas de las capacidades informáticas del dispositivo estén siendo utilizadas por malware, ya sean virus, gusanos u otras variedades de software malicioso.

¿Y qué podemos hacer?

Según el ingeniero de la Universidad de Monsah, la acción más sencilla y efectiva puede ser desinstalar aplicaciones y complementos innecesarios. Sin embargo, en algunas circunstancias puede ser más fácil, después de hacer una copia de seguridad de todos los datos, ejecutar el equivalente a un restablecimiento de fábrica y reinstalar el sistema operativo desde cero, agregando solo las aplicaciones que realmente se necesitan.

El original de este artículo fue publicado en The Conversation

Imagen: Pixabay