Renoir en la Thyssen: refugio de primavera en un Madrid otoñal - Nobbot

Renoir en la Thyssen: refugio de primavera en un Madrid otoñal

Renoir en la Thyssen es un buen plan para que madrileños y visitantes de la ciudad puedan, por obra y gracia del pintor francés, hallar un refugio de tonos primaverales en este otoño que ya empieza a tiznar de gris cielos y ánimos.

El cineasta Jean Renoir escribió que su padre “miraba las flores, las mujeres, las nubes del cielo como otros hombres tocan y acarician”. Frente a la concepción habitual que reduce el impresionismo a la “pura visualidad”, la exposición Renoir: intimidad, la primera retrospectiva en España en torno a la figura del pintor impresionista Pierre-Auguste Renoir (1841-1919), destaca el papel central que ocupan las sensaciones táctiles en sus lienzos, y que pueden percibirse en las distintas etapas de su trayectoria y en una amplia variedad de géneros, tanto en escenas de grupo, retratos y desnudos como en naturalezas muertas y paisajes.

sugerencias táctiles

Comisariada por Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen-Bornemisza, la exposición cuenta con el mecenazgo de Japan Tobacco International (JTI) y presenta un recorrido por 78 obras del artista francés, procedentes de museos y colecciones de todo el mundo como el Musée Marmottan Monet de París, el Art Institute de Chicago, el Museo Pushkin de Moscú, el J. Paul Getty de Los Ángeles, la National Gallery de Londres o el Metropolitan de Nueva York.

Renoir: intimidad permite descubrir cómo Renoir se servía de las sugerencias táctiles de volumen, materia o texturas como vehículo para plasmar la intimidad en sus diversas formas –amistosa, familiar o erótica–, y cómo ese imaginario vincula obra y espectador con la sensualidad de la pincelada y la superficie pictórica. La muestra, que se mantendrá hasta el próximo 22 de enero de 2017 en el Museo Thyssen Bornemisza, se exhibirá posteriormente en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, entre el 7 de febrero y el 15 de mayo.

renoir en la thyssen: Tacto e intimidad

Ver a Renoir en la Thyssen es una experiencia salpicada de sorpresas. Así, mientras que en los retratos de grupo de Manet o Degas, por ejemplo, los protagonistas mantienen la distancia entre ellos y con el espectador, Renoir dota a sus figuras de una cercanía tangible. En sus escenas con dos o más personajes es habitual que estos participen en un juego de alternancia entre el contacto visual y el físico, parejas de hermanos o de madres e hijos en las que uno de ellos mira al otro y este le corresponde tocándole con la mano.

En ocasiones, esos intercambios se establecen en torno a una actividad común, como la lectura de un libro. En el caso de los retratos individuales, Renoir aspira a ofrecer al espectador algo semejante al contacto físico aproximándose todo lo posible. Si Degas rodea a sus modelos de un decorado y unos atributos que hablan por ellos, Renoir tiende a ajustar el encuadre, suprimiendo el entorno para concentrar la mirada en el rostro.

Otros detalles en los cuadros de Renoir que aluden a sensaciones palpables son las cabelleras con las que juegan y se enredan las manos, los perros en brazos de figuras femeninas, los paños o toallas que cubren el pecho o envuelven los muslos, una labor de costura, unas madejas de lana o la espesura de un jardín.

recorrido temático

Renoir: intimidad está organizada siguiendo un recorrido temático, en torno a seis apartados: Impresionismo: lo público y lo privado; Retratos de encargo; Placeres cotidianos; Paisajes del norte y del sur; La familia y su entorno y Bañistas.

Renoir La TrenzaLa etapa impresionista, entre 1869 y 1880, ocupa dos salas de la exposición y reúne algunos de los iconos de la carrera de Renoir, como Después del almuerzo (1879) o Almuerzo en el restaurante Fournaise (El almuerzo de los remeros) (1869) , un estudio del natural de Le Moulin de la Galette (1875­1876) y algunas de las obras que pinta en La Grenouillère, zona de ocio a las afueras de París donde trabaja con Monet, como Baños en el Sena (La Grenouillère) (1869). Una selección de retratos femeninos al aire libre o en interiores – Retrato de la mujer de Monet (1872-1874)- y de parejas –El paseo (1870)-, además de un paisaje impresionista, Mujer con sombrilla en un jardín (1875), completan el capítulo.

A partir de 1881 la vía impresionista parece agotada y los miembros del grupo se distancian. Renoir vuelve la mirada a la tradición clásica, desde Rafael a Jean-Auguste Dominique Ingres. No abandona el lenguaje impresionista, pero añade a su pintura un énfasis mayor en el dibujo.

Desde finales de los años 1870 y a lo largo de toda la década siguiente, Renoir adquiere una creciente reputación como retratista y se convierte en uno de los pintores más solicitados por la sociedad parisiense. La Sra.Thurneyssen y su hija (1910) o la serie dedicada a la familia Durand-Ruel, son ejemplos de esta faceta.

UN HERMOSO JARDÍN ABANDONADO

Renoir en la Thyssen también es una experiencia para los sentidos. La última sala de la exposición Renoir: intimidad acoge la instalación Un hermoso jardín abandonado, una experiencia que busca ser el detonante de una relación más íntima entre la obra de arte y el espectador. Tomando como partida el cuadro Mujer con sombrilla en un jardín, la instalación recurre a sutiles referencias táctiles, olfativas y auditivas para recrear la experiencia de estar en el paisaje pintado por Renoir.

renoir-nino-con-manzanaLas sensaciones táctiles se exploran mediante una reproducción en relieve del lienzo, que permite a los visitantes apreciar la riqueza de sus texturas. Este apartado se completa con una locución que invita al espectador a modificar su modo de ver la obra y despertar el sentido del tacto en su percepción. Dicha pista puede escucharse en los auriculares colocados en la sala o en el dispositivo de la audioguía de la exposición. Además, las personas con discapacidad visual cuentan con cartelas en baille y con una audio-descripción con las indicaciones necesarias para realizar el recorrido táctil de la pieza.

Por su parte, las sensaciones olfativas se evocan a través de diversos recipientes que contienen la fragancia de las flores y plantas que la vista reconoce en el cuadro de Renoir: acianos, amapolas, margaritas, rosas silvestres y hierba. Y, para completar la experiencia, un paisaje sonoro reproduce en la sala de forma envolvente los sonidos propios de este paisaje estival: la suave brisa, el zumbido de las abejas, el canto de los pájaros o las voces de los niños.