¿Sufres de ciberprosexia?

¿Sufres de ciberprosexia?

En 2008, el periodista Nicholas Carr se hizo mundialmente famoso con un artículo, publicado en la revista The Atlantic, que llevaba por título una frase ya bastante provocativa de por sí: Is Google making us stupid? Carr se quejaba amargamente de que internet le estaba robando literalmente la capacidad para concentrarse y profundizar en un tema o simplemente leer un artículo de unas pocas páginas. El conocimiento fragmentario que impone la Web, que nos obliga a estar a mil cosas a la vez, es letal para el pensamiento profundo, nos venía a advertir Carr.

Pero ¿realmente vamos camino de la ruina intelectual? Es posible que no. Lo que ocurre es que el tipo de atención que se requiere para leer Guerra y Paz, de Tolstoi, no es el mismo que necesitamos para navegar por la Web en busca de una información que echamos en falta. Como mantiene el experto en salud mental Jesús de la Gándara en su trabajo Cibernícolas, cuando leemos un libro usamos unas regiones del cerebro relacionadas con el lenguaje, la memoria y el procesamiento visual, mientras que cuando usamos internet activamos zonas relacionadas con la resolución de problemas o la toma de decisiones.

No hay pues un tipo de atención único. Y la ciberprosexia es precisamente la atención que debemos desarrollar para sacar partido a las nuevas tecnologías, y que nos permitirá ser más rápidos ante las pantallas, pero también más críticos y flexibles. Es la aproximación que defiende otro periodista, Clive Thompson, en un libro más reciente (y optimista), Smarter than you think, y que propone un uso de la tecnología que nos permita cribar lo importante en un mundo cargado de informaciones irrelevantes y muchas veces malsanas que nos llegan por múltiples canales.

Internet puede desarrollar nuestra mente y dar lugar a un pensamiento crítico, nos dice De la Gándara, el inventor del término ciberprosexia, pero para eso necesitaremos profesores y guías que nos ayuden a sacar todo el provecho a las nuevas tecnologías y ahuyentar el peligro de atontamiento y adicción a que pueden dar lugar. Ahí está el reto para todos.