¿Verdad o ficción? Esta guía para identificar noticias falsas te ayudará a saberlo

Si bien las noticias falsas han acompañado al Periodismo desde los orígenes de la profesión, lo cierto es que la popularización de Internet y sus características –que dieron a cualquiera la posibilidad de publicar online- dio lugar a una mayor proliferación de este tipo de historias. Unas supuestas informaciones ya no solo derivadas de las llamadas rutinas periodísticas, sino también fruto de partidismos y otras intenciones poco nobles.

Una situación que, tras el asunto de los trending topics de Facebook, ha vuelto a saltar a la palestra informativa. Porque, ¿qué ocurre cuando la selección de artículos la lleva a cabo un algoritmo?¿Cómo podemos discernir si lo que recaba es fiable? Y en definitiva: ¿en qué debemos fijarnos para identificar las noticias falsas?

El punto de partida

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Para empezar, resulta imprescindible contextualizar el asunto. Y es que, en mayo del año pasado, un ex empleado de la mencionada red social denunció públicamente que la compañía había estado presionándole para que eliminara de los temas destacados, aquellos que enaltecían las políticas conservadoras. En aquel momento esta selección se llevaba a cabo a través de un algoritmo pero era “pulida” por un equipo humano.

Un partidismo y manipulación que Zuckerberg no tardó en desmentir; incluso llegó a afirmar que establecería controles adicionales y mejoraría su gestión para evitar riesgos. Unas semanas más tarde, sin embargo, despidió a los trabajadores de esta sección y la dejó en manos de una inteligencia artificial que, desde entonces, no ha acabado de atinar.

De hecho, es aquí donde entra en juego el tema de las noticias falsas, pues precisamente lo que hizo esta IA fue difundir algunas de ellas. Hasta tal punto que, tras las elecciones estadounidenses, han sido muchos los que la han acusado de sesgar los resultados. Visto el panorama, ¿cómo no preguntarse si hay modo de detectarlas para evitar este tipo de influencias?

La fiabilidad de las fuentes

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Así, una de las primeras cuestiones que deberemos valorar es la procedencia de la información, la plataforma en la que la encontramos. En caso de tratarse de una desconocida, de un blog de terceros, recelaremos. También puede ocurrir que, sencillamente, no nos resulte familiar pero que cuente con grandes profesionales a sus espaldas e, incluso, con un grupo de medios prestigioso que lo avale.

En este caso, no estaría de más investigar al respecto en registros mercantiles, indagar en la propia web en busca de enlaces, etcétera. Por fortuna, siempre quedarán los medios tradicionales, habitualmente más fiables pero tampoco infalibles.

De hecho, los hay tremendamente conocidos pero que no dudan ni un ápice a la hora de difundir filtraciones con titulares que indican una veracidad absoluta, datos sensacionalistas y demás. Todo por buscar el clic y la llamada de atención. En la prensa inglesa encontramos grandes ejemplos como The Sun, uno de los más leídos del Reino Unido pero sembrado de grandes dosis de amarillismo.

Cuando hablamos de fiabilidad de las fuentes, nos estamos refiriendo también a desde dónde hemos obtenido el enlace en cuestión. Es decir, este no solo puede proceder de Facebook, sino haber sido propagado a través de aplicaciones de mensajería instantánea como WhatsApp, el correo electrónico y similares. En estos casos conviene siempre acudir fuera.

Para acabar, la presencia de fuentes personales, es decir, de expertos que aporten información y datos expertos a la noticia, que la ayuden a contextualizar y la expliquen, es también muy importante. Cuanta más variedad, trabajos y enlaces encontremos dirigidos desde el propio artículo, tanto mejor.

Contrastar la información

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Contrastar la información es clave a la hora de otorgar veracidad a una noticia. En algunas ocasiones, de hecho, incluso podemos hacerlo de primera mano, en especial si se trata de temas locales o tecnológicos; sin embargo, no lo hacemos por pura comodidad. Una desidia que incluso se extiende a algunos periodistas que, sencillamente, deciden replicar lo que dicen otros medios.

Vayamos con un ejemplo sencillo: nos levantamos por la mañana y leemos que las líneas del metro están totalmente colapsadas, que ha habido un accidente o cualquier información similar. ¿Por qué no llamar a un compañero que ya esté en el trabajo y que utilice el transporte público para comprobarlo? Un caso real que sirve para ilustrarlo tuvo lugar hace unos nueve meses, con motivo de una huelga de metro en Barcelona.

Fue entonces cuando algunos usuarios de Twitter empezaron a difundir una imagen manipulada que mostraba un panel con mensajes acusadores, en señal de protesta y con alusiones directas a los políticos y directivos. Sin embargo, se trataba de un auténtico fake.

Respecto a las noticias tecnológicas, a menudo leemos que un servicio concreto ha dejado de funcionar, que ha lanzado nuevas y curiosas prestaciones, que va a fusionarse con otro… Por fortuna, la mayoría de ellos son fáciles de comprobar. Para ejemplificarlo nos centraremos en una noticia sobre Twitter que se repitió a finales de año y que empezó a propagarse en mayo.

Lo que se decía es que la red de microblogging había lanzado una nueva herramienta para saber quién visitaba nuestro perfil. Sin embargo, se trataba de un timo en toda regla, que incluso llegaba a solicitar nuestro número de teléfono y accedía a nuestra cuenta para publicar en nuestro nombre.

Por supuesto, en todas las ocasiones no tenemos la oportunidad de verificar lo que se dice de primera mano. Razón de más para acudir a otro medio. Y si este se aleja del ideario del periódico que habitualmente consultamos, tanto mejor. La idea es tener varios puntos de vista para poder hacerse una composición de lugar acertada.

Aquí, sin embargo, tenemos que referirnos a las críticas que se le hacen a la selección automática de Facebook, que van dirigidas no tanto al destacar determinadas informaciones, sino al hecho de ocultar otras. En todo caso, lo cierto es que el público general siempre tenderá a buscar aquellas que se adecuen a su forma de pensar, salvo contadas excepciones. ¿O alguien ha pensado que un lector de La Razón empezará a comprar El País un buen día para evitar verse influido?

Los enlaces

urlOtro aspecto que puede ayudarnos a identificar las noticias falsas son los enlaces pero, sobre todo, la ausencia de ellos. Así, si encontramos una web en la que se menciona un estudio, la opinión de un experto y similares pero no se incluye un link a la fuente, recelaremos y buscaremos información adicional.

En caso de que sí lo haga, siempre acudiremos a la original. Por ejemplo, si el artículo dice, por ejemplo, que según The New York Times ha ocurrido tal cosa, nos dirigiremos directamente allí. Resulta básico para saber cómo ha interpretado el redactor la información que nos ha llegado y también para saber cómo comprenderla en toda su amplitud.

Pero, ¿por qué es tan importante? Nos explicamos. Por ejemplo, leemos una noticia sobre un nuevo estudio que indica que usar las redes sociales resulta beneficioso para la salud, mejora la comunicación y demás. ¿A que lo cuestionaríamos si supiéramos que lo ha elaborado la propia Facebook?

El lenguaje

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La manera en la que se encuentra escrito, los términos y lenguaje utilizados pueden darnos algunas pistas sobre si se trata de falsedades. Incluso la estructura influye. La idea es que cuente con una de pirámide invertida, es decir, que la información más importante se encuentre en la parte superior y que, según se avance, vayan dándose más detalles.

Los adjetivos innecesarios, las palabras coloquiales en exceso, y el uso de pronombres personales, opiniones y primeras personas del singular deberían hacernos recelar a no ser que se trate de una columna o un género que los permita. Por desgracia, el límite en la red no se encuentra tan concretado como en otros medios como la televisión, la radio o la prensa escrita.

Llegados a este punto cabe también comentar que, si bien la difusión de una noticia podría achacarse al interés que suscita su contenido, no siempre se produce por esta razón. En ocasiones basta con un titular con gancho, apropiado para la ocasión, para que esta empiece a circular por las redes sociales y a compartirse de manera masiva. Porque, ¿quién no ha recibido una totalmente desactualizada pero ya presente en el muro de muchos amigos?

Las imágenes

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Las imágenes, fotografías e infografías que acompañan al artículo también pueden ser reveladoras. Aquí cabe valorar desde manipulaciones y ediciones realizadas a través de programas específicos hasta la antigüedad de las mismas, la situación y momento al que se corresponden y un largo etcétera que imaginamos sin dificultad.

Pongamos el caso, por ejemplo, de que se quiere desprestigiar a un determinado candidato por incumplir el protocolo de vestimenta en un acto reciente. Sin embargo, y puesto que esto no ha ocurrido, tampoco existen imágenes que lo ilustren. En sustitución se opta por otra de archivo del año pasado en la que el político se encuentra en un acto totalmente distinto.

Por fortuna, existe un método clave para que no nos engañen: encontrar la foto en cuestión a través del buscador específico de los de Mountain View. Basta con entrar en Google Imágenes y buscar la fotografía sospechosa por la URL. En caso de encontrar una idéntica o similar en otro medio pero publicada hace varios años, deberíamos estar al tanto.

El caso de los publirreportajes

fake1Al margen de las noticias falsas, también cabe referirse a los publirreportajes y al contenido patrocinado. Y aunque la Ley establece que la publicidad debería estar correctamente identificada, esto no siempre ocurre. Con el contenido patrocinado ocurre lo mismo. Si tiene aspecto de noticia, se lee como una noticia y parece una noticia… pues no, puede que no lo sea. En todo caso, comprobar quién se encuentra detrás de cada página es un paso importante.

Además, existen algunos rasgos característicos que evidencian este tipo de artículos: la ausencia de marcas de la competencia del mismo sector, la falta de fuentes externas y enlaces, la mención de estudios propios.

También debemos tener en cuenta el caso de los influencers que, si bien hace unos años actuaban como una suerte de vigilantes o whatchdogs, han pasado a convertirse en esbirros de las marcas. Algunos de ellos cobran hasta 45.000 euros por tuitear las virtudes de determinados productos. Un asunto más complicado de detectar, pues ignoramos si la recomendación del bloguero se encuentra influida por una sustanciosa cuantía de dinero o, sencillamente, le ha gustado el producto.

La tecnología

bsPara acabar, la propia tecnología nos ofrece varias herramientas que llevan a cabo algunos de los procesos anteriores de forma prácticamente automática. Es el caso de BS Detector, un producto nacido tras la polémica que nos atañe y una extensión para Chrome que trata de identificar aquellas noticias falsas online. En concreto lo que hace es encontrar aquellos artículos de Facebook que proceden de una fuente cuestionable. La advertencia aparece cuando los usuarios se desplazan sobre el artículo en cuestión.

A finales de diciembre, la Universidad de Indiana (Estados Unidos) también desarrolló un buscador específico de noticias falsas que ya cuenta con más de 130 páginas webs específicas. Un motor llamado Hoaxy que, si bien se encuentra en fase de pruebas, seguirá aumentando su base de datos sobre la marcha. También incluye estadísticas sobre las noticias de este tipo que más se comparten a través de redes sociales.

En todo caso y analizados algunos de los puntos clave que deberíamos tener en cuenta para identificar falsedades y evitar sesgos, lo cierto es que lo básico será mostrarnos críticos con aquello que leamos, hacer acopio de escepticismo y sentido común y, en definitiva, no creer a pies juntillas lo que se publica en cualquier sitio.

Imágenes | Pixabay

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