Like y Follow Me: ¿realmente necesitamos la aprobación de otros?

A por el ‘Like’ y el ‘Follow Me’: ¿realmente necesitamos la aprobación de otros?

Las redes sociales han cambiado nuestro mundo. Sus posibilidades han abierto puertas que antes no imaginábamos, pero también alguna que otra caja de los truenos. Porque con ellas somos capaces de llegar a muchas personas, pero también alimentar el ego de forma preocupante. Hasta tal punto que, en lugar de ser algo positivo, se convierte en negativo.

El efecto me gusta

Me gusta

Toda red social existente en internet usa sus propios algoritmos para posicionar el contenido que generan sus usuarios y, de paso, mostrarles los que podrían ser más afines a sus interesantes. Algo que se realiza mediante el análisis y combinación de diferentes parámetros.

Algunos de esos parámetros se definen cuando se crea el perfil por primera vez, pero la mayoría y más importantes se van generando a medida que usamos la red en sí. Para ello, no sólo se analiza qué, cómo y cuándo publicamos, también las interacciones que realizamos y recibimos.

En esa parte de la interacción el popular “Me gusta” es clave. Gracias a ello, la mayoría de redes determinan la importancia o interés de sus contenidos. Por eso, nadie se debe extrañar de que sean los contenidos con más “Me gustas” los que primero y antes aparecen en el muro de Facebook, Instagram o como recomendados en Twitter.

Las redes sociales conocen bien la importancia y significado del refuerzo positivo que da un “Me gusta”. Por eso, lo potencian y dan tanto peso, para que los usuarios se sientan atraídos hacia ellos y así hagan más uso de su plataforma

Es el conocido efecto “Me gusta”, que usado bien resulta muy poderoso tanto para usuarios como marcas, puesto que gracias a ellos se puede hacer crecer un negocio, controlar la conversación, saber hasta qué punto gusta lo que se comparte, se crean relaciones con otros y genera una credibilidad o sensación de credibilidad muy importante.

Pero es esa misma idea de credibilidad la que en ocasiones juega malas pasadas. Tanto que hace que nos preguntemos hasta qué punto necesitamos la aprobación en redes sociales.

¿Pueden las redes sociales condicionarnos?

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Seamos un usuario más, representantes de una marca o la propia marca… Cuando se comienza en cualquier red social, los objetivos suelen ser sencillos y comunes: compartir y conectar con otros para establecer una conversación o ver qué hacen. The New York Times publicó un estudio bastante interesante al respecto de las motivaciones para compartir en redes.

A medida que vamos usando la red y de forma natural, comenzamos con la autodefinición. Empezamos a mostrarnos tal y como somos compartiendo contenido que nos define. Claro que también se puede caer en el error de querer mostrar lo que no somos. Porque en las redes sociales la necesidad de alimentar el ego crece. Y lo hace porque, como apuntan algunos analistas y entendidos, el narcisismo se potencia mucho en las redes.

Fotos de la última cena, viajes, ropas u objetos comprados… todo tiene cabida. Y mucho más si tras su publicación comenzamos a recibir más Me gustas que con cualquier otro contenido previamente publicado. Así es como se comienza a “depender” del Me gusta en redes.

InstagramY atención, alimentar ese ego no es malo mientras, como se suele decir, no se pase del “piensan que soy un dios” al “soy un dios”. Porque no es malo que crean que eres de una forma concreta sino creerte que lo eres cuando, en cierta medida, sólo estás aprovechando las ventajas y desventajas de las redes para proyectar algo que no es cien por cien real.

La necesidad de satisfacer el ego genera más problemas de los que uno puede pensar y, por norma, suelen verse más tarde de lo que nos gustaría. Tal y como apuntan algunos psicólogos, la necesidad de satisfacer nuestro ego en redes sociales puede llegar a provocar sensaciones de vacío y tristeza en nuestra vida real.

Si andamos pendientes del Me gusta de turno, llegará un momento en el que no podremos estar sin él, que nos preocuparemos si bajamos de la media diaria; o, peor aún, si algún día llegan reacciones completamente contrarias una tras otra.

Intentamos convencernos a diario que lo importante es lo que cada uno piensa de sí mismo, pero todos, en cierta medida, estamos condicionados por las personas que tenemos alrededor. Si a ese grupo de gente real que nos rodea en clases, el trabajo o simplemente entorno cotidiano, sumamos los miles de “amigos” de las redes, el troll que siempre aparece y los cambios de algoritmo que las redes realizan sin previo aviso, la cosa se complica.

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Caer en la trampa de vernos condicionados por lo que otros usuarios puedan comentarnos en redes sociales, número de Me gustas recibidos o seguidores es fácil. Por ello, tal vez deberíamos hacer el sano ejercicio de analizar cómo usamos las redes, qué contenido compartimos y cómo nos afectan las interacciones.

Tal vez así podamos, si lo hemos perdido, retomar el control de nuestros perfiles. Porque pueden llegar a condicionarnos tanto que no sólo dejaremos de hacer cosas en internet, también en la vida real.

Por supuesto, no todo es negativo. Como vimos al principio, las redes bien usadas son herramientas increíbles y la interacción con otros ayuda a superar miedos o retos. Entender el Me gusta como un refuerzo positivo y su ausencia como algo no negativo es importante.

Imagen / Pixbay