Workplace o Facebook at Work: ¿un LinkedIn más afortunado? - Nobbot

Workplace o Facebook at Work: ¿un LinkedIn más afortunado?

“Engagement”. Quedémonos con esta palabra. Engagement significa compromiso. Determina el grado de implicación, de noviazgo, a nivel emocional, con una empresa, marca o producto, lo que sea. Este concepto es muy relevante.

Que un trabajador quiera permanecer en su puesto o, por el contrario, pida el despido, depende circunstancialmente del engagement. Que lo primero que hagas al abrir el laptop diariamente sea consultar el Facebook, también está arrojando datos sobre nuestra afinidad con esa plataforma.

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Workplace: ¿LO NECESITAMOS?

Con una media por usuario de 51 minutos al día delante de Facebook, superando a cualquier actividad de ocio excepto el consumo de cine/series, estaba claro que Facebook tenía que moverse hacia alguna dirección: que ese pozo de procrastinación, “likes” y comentarios improvisados ofreciera alguna función más práctica.

Mark Elliot Zuckerberg no piensa estarse quieto. Dice Jessie Baker, portavoz de la compañía, que «el tiempo que pasas en Facebook es una buena medida de si estamos entregando algo valiosos. Cuanto mejor lo hagamos, entregando a la gente lo que quiere ver, más probabilidades tendremos de que vuelvan y pasen más tiempo dentro de la app».

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Pero Workplacle, conocido como Facebook at Work en su periodo de prueba, llega en un momento en el que las aplicaciones colaborativas para entornos de trabajo han cubierto esa necesidad: ‘Yammer’, propiedad de Microsoft, posee un ecosistema muy agradable; ‘Convo’, que también aporta un buen puñado de herramientas satelitales; y ‘Slack’, la reina de la corona que, como rezan sus propios creadores, es usada hasta por la NASA.

Entonces, ¿qué trae de nuevo Workplace? Tus datos, simple y llanamente. Facebook quiere asociarse a objeto productivo y sabe cómo conseguirlo porque te conoce. Desde los primeros test comenzados hace un año hasta la actualidad, con clientes como los 100.000 empleados de Royal Bank Of Scotland o la propia Facebook, el lanzamiento de Workplace se ha demorado casi dos años.

18 meses en los que han estudiado a la competencia, realizado acuerdos con más de 400 compañías y planteado un modelo que no necesite de plugins, sino que integra todo el sistema de gestión de archivos, tareas y calendarios dentro de la propia app. Además de una copias de seguridad en la nube o llamadas de audio y videoconferencia.

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EL PRECIO DE LA INDEPENDENCIA

Las redes sociales abrieron de par en par una puerta giratoria un tanto incómoda: que tu jefe sepa dónde estás, cuál es la última compra que has hecho en Amazon, o si estás conectado en WhatsApp hasta demasiado tarde. Puede ser una peligrosa arma arrojadiza y puede ser el elemento determinante que conecte y humanice nuestra relación con el resto de compañeros.

Hacia este segundo escenario apunta la compañía de Zuckerberg: no mezclar trabajo y ocio, sino hacer el ocio más productivo. Sigve Brekke, presidente y CEO del Grupo Telenor, considera que gracias a Workplace están «eliminando las jerarquías entre secciones, y creando un caos organizado donde las ideas puedan florecer».

Esto es algo que Facebook puede lograr mejor que nadie. Fijémonos en LinkedIn: su fracaso como red social —en España— viene dado por su diseño abstruso y su manía por compartimentar todos los elementos. Una gran idea emborronada por un exceso de funcionalidades confusas. Aún sigue siendo la única vía de comunicación de miles de profesionales, pero no por su virtud, sino por la ausencia de competidores.

Por otra parte, es obvio que en un ambiente propicio, la comunicación, la resolución de problemas y las discusiones internas no son tan tensas como a través de correos electrónicos formales. Esta es la razón por la que la cabeza visible del Royal Bank of Scotland, Kevin Hanley, ha confirmado que el 90% de los usuarios siguen usándola mes tras mes.

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SEGURIDAD ANTE TODO

«Tus actualizaciones personales no se incluirán dentro de tu perfil», es decir: nada de lo que hagas en un servicio aparecerá en otro. Y, si en algo tiene Facebook experiencia, es manejando algoritmos. Aunque la empresa no ha publicado bajo qué protocolos de seguridad opera sí ha confirmado que no cuenta con sistemas de terceros, sino con su propia infraestructura, aunque utiliza estándares de terceros promovidos por la propia Cloud Security Alliance (CSA).

Facebook ha proclamado su manifiesto por la seguridad y la confianza en una serie de puntos, avalados por la auditora Ernst & Young LLP. Tanto sus formularios de consulta (Soc2) como los públicos (Soc3) son validados y revisados desde la propia empresa. En cualquier caso, lo que al usuario potencial le interesa no es tanto los índices o las herramientas de ‘IT risk management’ sino la realidad: cómo ayuda una nueva app en nuestro día a día.

Aunque hasta hoy no ha trascendido el precio final de la aplicación (tres dólares por usuario hasta los 1.000 miembros activos mensuales), desde Facebook ya habían insistido en que será una app bastante “amigable”. Si nos fijamos en Slack como referencia —6,67 dólares por usuario activo o 12,40 por el servicio plus—, ninguno de estos servicios supone gasto mensual inasumible. Muchos menos para empresas.

En apenas unos días sabremos si nos enfrentamos a una revolución en las oficinas virtuales, o si simplemente será una herramienta para los más fieles, para esos que se apuntan a todos los eventos. Vayan luego o no vayan, los amantes del engagement.