Soy neoludita y por mis actos me conoceréis - Nobbot

Soy neoludita y por mis actos me conoceréis

Estáis enfermos. Estáis enfermos y lo peor es que no lo queréis ver. La tecnología os está robando vuestra humanidad y lo más triste del asunto es que vosotros mismos lo estáis permitiendo.

Vosotros, los lectores y autores de esta web, sois unos grandes enamorados de la técnica: smartphones, smartwatches y cualquier tipo de gadget llama vuestra atención y os atrae como la luz a los insectos. Y, como en estos casos, muchas veces la luz no es sino un reclamo fatal.

Nosotros, en cambio, somos neoluditas. Nosotros hemos entendido que la tecnología está deshumanizando al ser humano, que nos está robando nuestra esencia, y que estamos pasando nuestra inteligencia, nuestro ser, a estos dispositivos pretendidamente “Smart”.

Sabemos lo que estáis pensando: “No puedes luchar contra el progreso”. Pero no es eso lo que pretendemos. Decía Ortega que la técnica es lo que nos hace humanos, lo que nos aleja de los animales, y algunos lo han identificado con fabricar herramientas, pero no es así. Evolucionar no es coger una piedra y utilizarla para tallar, evolucionar es pensar en cómo utilizar esa piedra, imaginar qué podemos hacer con ella y crear.

Desde siempre el hombre se ha adaptado a los cambios, pero siempre ha sido de un modo natural, morfológico: comenzamos a caminar sobre dos patas, usamos las manos para agarrar como no lo hace ningún otro animal y, por último, nuestra mejor arma es el cerebro, un “miembro” que tarda varios años en desarrollarse (la infancia humana es la más larga de la Naturaleza) porque necesitamos un tiempo de aprendizaje que nos llevará a desarrollarnos de un modo especial. Y para nada de eso hemos necesitado máquinas.

Soy neoludita y por mis actos me conoceréis

En contra de las máquinas alienantes

Se dice que el nombre nos viene como reconocimiento al movimiento ludita que nació en Gran Bretaña en el siglo XIX y en el que los obreros se levantaron contra las primeras máquinas industriales y las primeras fábricas. En aquel entonces era un movimiento económico y político: las máquinas les estaban quitando sus trabajos. Nosotros, los neoluditas actuales vamos mucho más allá y, a la vez, es mucho más simple.

Vivimos inmersos en la tecnología y esto hace que nos estemos alejando de nuestra propia naturaleza y hayan surgido nuevas enfermedades, que son, al fin y al cabo, trastornos psicológicos: el síndrome de la llamada imaginaria, la nomofobia (ser incapaz de salir de casa sin el teléfono), la depresión de Facebook cuando bajan los comentarios en tu muro, el efecto Google por el que todo lo terminamos buscando en este buscador, el síndrome del “doble check” que nos crea un estado de ansiedad cuando no nos contestan por WhtasApp o la simple dependencia a Internet, a los juegos online, etc. No nos inventamos nada, todo esto existe e incluso existen clínicas y tratamientos para ello.

Lo que nosotros predicamos es una vuelta a la vida sencilla, donde podemos utilizar herramientas pero que no resulten alienantes, que no nos roben nuestra identidad. ¿Cuántas veces vemos en el transporte público a todos los pasajeros enfrascados en las pantallas de sus teléfonos? ¿Cuántas veces se sienten perdidos al no tener cobertura y ser, en teoría, incapaces de hacer nada hasta que vuelvan a conectarse? ¿Cuántas conversaciones han perdido porque están mirando sus notificaciones?

Usemos la tecnología, pero siempre que no nos impida desarrollarnos: ya no utilizamos la memoria, sino que a la menor duda nos lanzamos sobre Google; nos fiamos más de los mapas del smartphone que de nuestro propio instinto ¡aunque conozcamos de sobra el camino! Debemos pensar si estas supuestas herramientas son realmente necesarias o, lo que es peor, si debemos estar constantemente conectados.

Soy neoludita y por mis actos me conoceréis

Las grandes empresas privadas reúnen constantemente datos y datos sobre todos nosotros mediante multitud de métodos: nuestros hábitos registrados en la web, los “checkins” y “selfies” que hacemos en cada lugar en el que estamos, las cámaras de videovigilancia… y esto va en aumento gracias al futuro que brindan 5G y las tecnologías de Big Data. Nuestros datos se transmiten de forma continua: dónde estamos, qué hacemos (deporte, ocio), qué nos gusta, etc. No pretendemos ser paranoicos, pero todo esto está pasando ahora mismo. ¿Acaso conoces todo lo que Google Sabe de ti? ¿Realmente serías capaz de desconectar completamente por unos días? Inténtalo.

QUé NO HACE EL NEOLUDITA QUE TÚ SI HACES

Nosotros no llevamos smartphone y, sin embargo, no estamos incomunicados. Utilizamos el teléfono fijo o las cabinas telefónicas y, si en un momento dado, no podemos llamar a alguien ¡no pasa nada! ¿Recordáis que no hace mucho ni siquiera existían los smartphones? No los necesitábamos para quedar con los amigos, para jugar o para divertirnos.

Cuando nos levantamos cada mañana, lo primero que hacemos no es mirar nuestros correos o mensajes de WhatsApp, no nos hace falta. Si ocurre algo importante, ya nos enteraremos. No tenemos esa insana necesidad de ver si alguien nos ha escrito porque tenemos relaciones reales y directas con personas y no con máquinas sin cara.

Si tenemos que recordar algo, no nos “tiramos” sobre el buscador, sino que antes utilizamos la memoria (un deporte muy sano, os lo recomendamos). Si estamos un momento sin nada que hacer (en la cola del autobús, por ejemplo), tampoco miramos el smartphone (si lo lleváramos): observamos lo que nos rodea, leemos, hablamos con otras personas.

Soy neoludita y por mis actos me conoceréis

Nadie sabe nada de nosotros que no queramos: no compartimos cuándo estamos bebiendo con los amigos, o cuándo vamos a un concierto, o si estamos en un museo ¿para qué? ¿Cómo postureo ante nuestros “amigos”? Porque esa es otra, nosotros no tenemos miles de “amigos” en Facebook, sino solo unos pocos, pero con los que podemos contar en cualquier momento, y muy cerca nuestro.

No necesitamos llevar encima relojes inteligentes ni pulseras que apunten nuestras actividad física, no nos hace falta: si salimos a hacer deporte no llevamos ningún dispositivo, ni siquiera el GPS… ¡no nos vamos a perder!

No es cuestión de odiar la tecnología, es cuestión de utilizar sólo lo que es realmente imprescindible y no dejarnos engañar por modernas sirenas “smart” que no pretenden otra cosa que tenernos controlados, conocernos y aprovechar esos conocimientos para poder ofrecernos nuevos dispositivos o servicios que, si lo pensamos, podríamos vivir perfectamente sin ellos. Haced la prueba, intentad estar una semana sin smartphone, si no lo conseguís es que tenemos razón y estáis enfermos. Pero tranquilos, todo tiene cura. Solo hay que querer curarse. ¿O no?

Posdata: Al comienzo de este texto me dirigí a los lectores y autores de esta web…y acabo de caer en la cuenta de que yo mismo formo parte de ambos colectivos. Ains (suspiro de neoludita en crisis de identidad).