La clave científica de las cabras del argán en Marruecos

El aceite de argán, “el oro del desierto” que depende de cabras trepadoras

Puede parecer un montaje, pero no lo es. La imagen de las cabras encaramadas a un árbol de argán es algo habitual en el suroeste de Marruecos. Los chivos que ramonean por sus ramas constituyen un eslabón más en la cadena de elaboración del aceite artesanal de argán, muy apreciado en la industria cosmética. Y también han resultado ser la clave para un estudio científico sobre dispersión de semillas por rumiantes liderado por el biólogo Miguel Delibes de Castro, de la Estación Biológica de Doñana (EBD/CSIC).

El argán (Argania spinosa) es un árbol de la familia de las Sapotáceas endémico de los semidesiertos calcáreos del suroeste de Marruecos y de la provincia argelina de Tindouf. La Arganería, como se llama la región, fue declarada reserva de la Biosfera por la Unesco en 1998. Y las prácticas agrícolas para la extracción del aceite de sus semillas, en las que intervienen las cabras trepadoras y que se remontan a siglos de antigüedad, fueron reconocidas en 2014 como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.

escupen las semillas

Miguel Delibes, en Marruecos

En 2017, Miguel Delibes de Castro, Irene Castañeda y José María Fedriani publicaron un importante estudio en la revista científica ‘Frontiers in Ecology and the Environment’, de la Ecological Society of America (ESA). El trabajo demostraba que las cabras trepadoras del argán no solo se suben a las ramas para comer sus hojas y frutos, limpiando las semillas de la ‘carne’ que las rodea, sino que también ayudan a dispersarlas escupiéndolas tras rumiarlas, en vez de defecarlas, como siempre se había creído. Una actividad que resulta altamente beneficiosa para la planta por cuanto alejan la semilla de la ‘madre’ y favorecen su reproducción.

Nuevo estudio

Este trabajo ha dado pie a otro estudio realizado por los mismos autores que se encuentra actualmente en fase de evaluación por una revista científica. Se trata de un trabajo compilatorio a nivel mundial de casos de rumiantes que escupen semillas. “Cuando vimos que la mayor parte de los autores que hablaban de dispersión de semillas por ungulados ignoraban –o al menos omitían referirse a– este mecanismo de dispersión, nos propusimos buscar toda la información disponible para darla a conocer a la comunidad científica”, explica Miguel Delibes.

Referencias coloniales

Y cuenta con referencias incluso del siglo XVIII. “Una de las más curiosas es de un antiguo cronista hispano, Antonio Sánchez Valverde, en un libro titulado ‘Idea del valor de la Isla Española [actualmente, República Dominicana y Haití] y utilidades que de ella puede sacar su Monarquía’, publicado en Madrid en 1785. Hablando de los frutos globosos de una palma que llama ‘corozo o corojo’, el autor dice: El ganado bacuno (sic), que engulle estos globos con muy poca masticación, digiere esta especie de carnosidad y arroja el resto de la fruta. Hay que recordar que en castellano antiguo, y aún hoy en Canarias, por ejemplo, arrojar quiere decir vomitar”, señala el biólogo de Doñana.

Punto de inflexión

El hallazgo ha supuesto un punto de inflexión que permite considerar a los rumiantes no solo como depredadores de semillas, como se creía hasta ahora: “Los rumiantes tienen un poderoso sistema masticador y una digestión microbiana muy intensa, en su complejo sistema digestivo. Por eso se pensaba que destruían las semillas. Ya hace años se detectó que semillas duras y de pequeño tamaño pasaban intactas a través del tubo digestivo y eran defecadas en condiciones de germinar. Ahora sabemos que las semillas grandes también pueden ser dispersadas en condiciones de germinar, pues son regurgitadas y escupidas durante la rumia”, aclara Delibes.

Un viaje familiar

El primogénito del inolvidable escritor vallisoletano relata para Nobbot cómo se fijó en las cabras del argán para su estudio: “La clave fue un viaje familiar a la antigua Arcila del Protectorado español, hoy Assilah. En el borde del mar, charlando con un pastor de cabras y ovejas, me explicó con lujo de detalles que los huesos de palmiche -el dátil del palmito- que aparecían en el suelo, mezclados con excrementos, no habían sido defecados por sus animales, sino vomitados”.

Excrementos de cabra y huesos de palmiche

Por inesperada, la información le produjo sorpresa “y una intensa emoción”. Más tarde, corroboró estos mismos datos en España: “Varios cabreros de Sevilla me dijeron que también los huesos de aceituna eran escupidos así, y que era muy fácil detectar –y la Guardia Civil lo sabía– cuándo las cabras habían entrado en un olivar con fruto, porque el establo aparecía lleno de huesos de aceituna a la mañana siguiente”.

De la anécdota al estudio

Delibes y su equipo no tardaron en atar cabos: “Naturalmente, pensamos que los huesos duros del argán, que las guías turísticas decían que eran defecados por las cabras, debían ser igualmente regurgitados desde el rumen y escupidos. Aprovechando distintos viajes al suroeste de Marruecos con otros motivos -buscábamos señales de nutrias-, hablamos con distintos cabreros y antiguos productores de argán al modo tradicional, y nos confirmaron que las semillas duras eran regurgitadas, no defecadas, aunque el hecho de encontrarlas mezcladas con excrementos en los corrales a menudo induce a confusión”.

Beneficios para la germinación

Fruto del argán

Ahora la cuestión pasa por determinar cómo este tipo de dispersión de las semillas facilita realmente el nacimiento de nuevos árboles de argán, en una región donde, en el último siglo, la población de árboles de argán se ha visto sensiblemente reducida debido a la explotación de sus frutos y de la madera.

Según Delibes, “hay distintos estudios de científicos marroquíes sobre el tratamiento -químico y/o mecánico- que deben recibir las semillas de argán para facilitar la germinación. Tradicionalmente se decía que las semillas que no habían sido consumidas por cabras no germinaban, probablemente porque el paso por el rumen debilita la ‘cáscara’ o pared dura del endocarpo, que encierra el embrión. En el caso de semillas de otras especies, ser escupidas por rumiantes facilita con frecuencia la germinación, pero también hay casos en que el efecto es neutro”.

 Otro tipo de endozoocoria

Según el estudio de Delibes, Castañeda y Fedriani, esta nueva forma de dispersión de las semillas viene a ser una variación del mecanismo conocido como endozoocoria, en el que las semillas son engullidas por los animales, atraídos por el fruto carnoso que las contiene, y liberadas en los excrementos lejos de la planta madre. En el caso de las cabras del argán y otros rumiantes, lo novedoso es que, por su tamaño, muchas semillas no llegan a pasar por todo el tubo digestivo y ser defecadas, sino que terminan siendo escupidas durante la rumia, tras haber permanecido algún tiempo en la panza o rumen.

En España se han visto cabras subiéndose a olivos, por ejemplo, pero no es comparable con la historia del argán, donde hay un primer punto de partida claro: al estar en una región árida, las cabras se ven casi obligadas a subir a los árboles, donde pasan largas horas, para ramonear hojas y frutos. Y también hay una incuestionable ayuda de los pastores, que educan desde pequeños a los cabritos a ir trepando al árbol.

La industria del argán

Dellibes, analizando cascarillas de argán

La última cuestión es qué beneficios económicos percibe el pastor de las cabras, aparte de los dirham que pueda sacarle al turista por hacer la foto de rigor. Según Delibes, “el pastor consigue sobre todo que las cabras coman, en un ambiente en el que parte del año hay poca materia verde. Si pretende explotar las semillas del argán, puede conseguir también que la cabra ‘recolecte’ los frutos y limpie las semillas, aunque probablemente una parte se perderá, pues serán digeridas por el animal o tal vez vomitadas en el campo y extraviadas”.

En la actualidad, la industria del aceite de argán en Marruecos agrupa a una veintena de cooperativas que dan trabajo a más de 1.000 mujeres que siguen obteniendo el aceite por el procedimiento tradicional de prensado a mano de las semillas. Y no siempre se usan cabras. A menudo extraen la semilla del fruto por procedimientos mecánicos.

Se calcula que gracias a la venta del aceite –se exportan anualmente unas 1.200 toneladas para uso cosmético y gastronómico- pueden vivir unas 6.000 familias de las zonas rurales de la Arganería.

Usos cosméticos

Grandes multinacionales, como Kérastase, han apostado firmemente por el llamado “oro del desierto”, hasta el punto de tener una gama entera de productos elaborados con aceite de argán, dado su alto poder nutritivo y antioxidante.

En el mercado, un litro importado de Marruecos puede llegar a alcanzar los 80 euros. Un precio relativamente alto, aunque hay que tener en cuenta que para conseguir ese litro se necesitan unos 30 kilos de fruto, y que cada árbol suele dar entre cuatro o cinco, contando con el trabajo recolector y esparcidor de las cabras.

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Imágenes | Carlos Barrio, Miguel Delibes, Pixabay

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