Un seguro basado en tu buena conducción gracias a la tecnología

¿Un seguro basado en tu buena conducción? La tecnología lo hace posible

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Tu compañía de seguros te monitoriza y, si conduces bien, te baja la cuota. ¿Aceptas? Cuando la conectividad irrumpió en los vehículos, uno de los primeros usos viables a nivel tecnológico fue el de adecuar los seguros a los hábitos de los conductores. Personalizar la cuota según cómo de bien o mal conducimos. Ahora, una empresa en España propone una oferta similar.

La tecnología y el coche forman un vínculo estrecho desde que el primer motor corrió sobre ruedas. El paso del tiempo ha ido añadiendo nuevas funciones. Aumento de potencia, seguridad, capacidad, electrificación, conexión… Parece que ahora podemos usar nuestro smartphone para conducir más seguros y, de paso, pagar menos a la aseguradora. Pero tenemos que dar datos.

Tu teléfono móvil indica cómo de bien o mal conduces

Dependiendo de qué marca sea tu móvil, Google o Apple ya saben si conduces bien o mal. Un gran número de aplicaciones con acceso a tu GPS y acelerómetro también recogen si sobrepasas la velocidad máxima, adelantas por la izquierda o no te paras en los stop. Lo saben gracias a los datos.

El teléfono móvil que llevas en el bolsillo es una baliza que puede colocarse sobre un mapa. En tiempo real, informa a un gran número de agentes y proveedores de servicios de tu posición, velocidad y aceleración. Y eso significa que mucha gente sabe cuándo avanzas por una carretera a 150 km/h. Puedes entrar en tu cronología de Google si no te lo crees.

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¿Cómo sabe cuándo adelantas por la izquierda? Tu puntito sobre el mapa pasa a unos metros a la izquierda a otro puntito. ¿Cómo sabe Google si me salto un stop o no? El puntito sobre el mapa hace un ceda al paso o directamente avanza en un punto en que casi todos los coches se detienen.

Es decir, que si mañana la DGT comprase a Google o cualquier otro proveedor de datos la información sobre sus usuarios —ese tipo de datos se venden muy bien— podría plantearse enviar multas disuasorias. Por supuesto, los teléfonos móviles no están calibrados para esta función, y los cinemómetros tienen que ser homologados, pero es cuestión de tiempo que el margen de error sea tolerable.

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El punto redondeado dentro del cuadrado negro es un sensor de temperatura y humedad. Los acelerómetros tienen un tamaño similar.

Por ejemplo, los smartphones ya pueden ser usados como radares de tramo. Aunque el error en una medida puntual sea elevado, si te haces Madrid-Valencia en tres horas por la A-3, te has saltado la velocidad máxima.

¿Premio económico por conducir bien? No es una buena idea

En 2010 hubo un experimento interesante en Estocolmo (Suecia) llamado Speed Camera Lottery. Se trataba de un concurso: un radar hacía que los coches que circulaban bien entrasen en un sorteo. ¿Qué ganaba el premiado? La recaudación de aquellos que habían conducido mal.

La idea era original, pero no buena, y el motivo es evidente: premiaba a los conductores por hacer algo que ya debían hacer para evitar accidentes. El premio de seguir las normas de tráfico no es económico, sino social. Por eso se penaliza (vía multa) cuando nos pillan saltándonos la ley: ponemos en peligro al resto. Sin embargo, ahora hay varias compañías de seguros que, en teoría, harán precisamente eso: darnos dinero si conducimos bien. ¿Dónde está la diferencia?

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En primer lugar, una empresa privada no es un organismo público dependiente del gobierno y puede premiar —dentro de la ley— a los clientes que considere oportuno con sus descuentos. El modo elegido: monitorizando su actividad al volante con una aplicación. Esta tecnología lleva una década con nosotros, pero ahora estamos abiertos a usarla.

En segundo lugar, es una reducción de la tarifa en lugar de una recompensa económica. En un balance neto (beneficio = ingreso – gasto) la diferencia queda escondida, pero la hay. El seguro Driver de Verti, primera empresa en España en hacer algo así, bajará un 40% la cuota a sus buenos conductores por un motivo: suponen menos riesgo para la marca.

¿Nos hace la tecnología mejores conductores?

Verti no es la única compañía que busca mejorar la conducción de sus clientes con la tecnología. La aplicación Coyote acaba de sacar una función para que el usuario vea sus estadísticas y lo bueno (o malo) que es circulando; y vehículos como el Renault ZOE hace tiempo que tienen una pantalla que muestra al conductor cómo se adapta a la vía.

La probabilidad de tener un accidente al conducir de forma correcta es ínfima comparada con superar los límites de velocidad, ignorar las señales o beber. Por ello las aseguradoras están interesadas en usar tecnología y conocer datos referentes a tu vehículo.

Tecnología para aumentar la seguridad al volante

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En los últimos meses, las palabras de Pere Navarro, director de la DGT, se han viralizado. Navarro propone echar mano de la tecnología para evitar muertes en la carretera. Concretamente evitar choques con herramientas como los asistentes de velocidad. Estos nos ayudan a mantener la velocidad, hacer el tráfico más fluido, evitar alcances e impide superar la velocidad máxima, algo que ha desencadenado las quejas.

La tecnología es aceptada hasta el momento en que coarta nuestra libertad. En este caso, una libertad robada, porque es evidente que no debemos infringir la ley. Los asistentes de velocidad acabarán siendo tan comunes como hoy los cinturones, pero a veces nos cuesta adaptarnos a la tecnología. Con énfasis en aquellas que tienen alguna labor de vigilancia.

Paradójicamente, todos admitimos con diligencia que el dueño de nuestro sistema operativo sepa dónde estamos en todo momento. ¿Y a nuestro seguro le dejaremos mirar? Como en toda adaptación tecnológica, la población se distribuye en un amplio abanico de opciones.

Quien conduzca bien y esté interesado en ahorrar, seguramente acabe en compañías que le permitan evitarse alguna que otra mensualidad. Al otro lado del espectro está quien pisa el acelerador y quien no le interesa que le vigilen. En el centro, la mayoría de nosotros, que iremos adaptándonos al cambio de forma gradual.

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Imágenes | Kirsi Färm, iStock/herraez, iStock/zenstock