¿Y si alguien usa tu cara para hacer una película?

¿Y si alguien usa tu cara para hacer una película?

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La tecnología avanza lo suficientemente rápido como para hacer posible, en unos años, que una persona pueda insertar nuestro rostro en cualquier escena. Esta posibilidad ya existe, como podemos ver en el tráiler de ‘Solo’ (2018) o en el programa Fake App, pero actualmente requiere un retoque humano.

Si abrimos con Nicolas Cage es porque su rostro es mítico en internet. No solo ha protagonizado una enorme cantidad de memes, también puede ser la persona cuyo rostro ha sido robado más veces para montajes de vídeo. En un inicio los montajes se hacían con Photoshop, pero el vídeo exige herramientas más sofisticadas.

¿Cómo se puede robar una cara?

Arriba podemos ver a Nicolas Cage suplantando —de forma involuntaria— a varios actores conocidos. Son composiciones fanmade, es decir, hechas por aficionados no profesionales o, para puntualizar, que no han cobrado por ello. Sin embargo, algunas de las escenas están muy logradas y el rostro se funde con los originales. La tecnología no es nueva, solo más accesible.

Aún no es comparable al mundo del cine, donde esta técnica lleva usándose desde hace casi dos décadas. Gollum, el personaje de ‘El Señor de los Anillos’ (2001) fue interpretado por el actor Andy Serkis. Abajo podemos verle usando la técnica de captura de movimientos que da vida a César en ‘El origen del planeta de los simios’ (2011) y al Líder Snoke en ‘Los últimos jedi’ (2017).

En octubre de 2018 se logró un hito interesante al publicarse ‘Solo | A Derpfakes Story’ (abajo). En esta versión modificada del tráiler de ‘Star Wars’, el actor Alden Ehrenreich es reemplazado por Harrison Ford, el actor original. Lo más sorprendente es que la suplantación se realizó de forma autónoma mediante inteligencia artificial.

El software procesa y analiza a los actores en una enorme cantidad de poses (es importante tener un volumen considerable) y luego es capaz de intercambiarlas entre sí. Aun así, necesita retoques posteriores al no ser tecnología de captura de movimiento, sino edición.

Dicho esto, la mecánica es parecida. El software detecta la forma del rostro, la posición de los ojos, la boca, etc., tanto del original como de la base de datos del rostro que queremos implantar. Y luego lo ‘pinta’ por encima y hace retoques automatizados como son las luces.

¿Me pueden robar el rostro?

La respuesta corta es que sí. Podemos preguntarnos qué podría ocurrir en nuestra vida si alguien inserta nuestra cara en una película porno amateur y la distribuye a nuestros contactos. Así son los fakes pornográficos, una disciplina de edición tan antigua como internet.

Si en su momento los retoques fotográficos se hacían escena a escena, ahora un algoritmo de aprendizaje profundo barre el vídeo y sustituye los rostros. Es una tecnología basada en el reconocimiento facial y los sistemas de aprendizaje, pero el ejemplo dista mucho de hacerse realidad de forma creíble.

Es decir, se notará que es un montaje como ocurrió con el sonado caso de la actriz Gal Gadot, cuyo rostro apareció en una película para adultos. La página web 3D Face Reconstruction nos demuestra el límite de esta tecnología. Tomamos una fotografía libre y hacemos el experimento para llevarla al 3D:

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Arriba podemos ver cómo un algoritmo es capaz de extraer información sobre el volumen de una imagen plana. Los humanos realizamos, de forma inconsciente, procesos similares, e incluso tapándonos un ojo somos capaces de percibir el volumen de un rostro. Pero esta tecnología tiene límites.

Con una sola imagen hay muchos ángulos muertos que no pueden ser interpretados. Con dos imágenes, también. Una tercera añade un nivel de realismo considerable, pero entonces el límite aparece en la inserción del pelo.

Incluso con miles de fotografías de una misma persona, como en el caso de Harrison Ford, el retoque se demuestra como tal. El cartón piedra virtual sigue sin tener el peso de la roca porque las máquinas no saben interpretar nuestro rostro. Es cierto que algunos sistemas biométricos usan el reconocimiento facial, pero componer un rostro desde un ángulo del que no se tienen fotografías es muy diferente.

¿Podría nuestro próximo selfi jugarnos malas pasadas?

Todos conocemos perfiles de Instagram en los que un usuario muestra, una y otra vez, fotografías de sí mismo. Cientos de capturas desde una infinidad de ángulos diferentes, como ocurre con Benny Winfield (abajo) el “líder del movimiento selfie”. Si alguien con conocimientos básicos se tomase la molestia de esculpir el rostro de Benny, en su Instagram tendría material de sobra.

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Si en Semana Santa y verano aconsejamos no compartir datos sobre nuestra ubicación en redes sociales, quizá en el futuro tengamos que prevenir frente a los selfies, nueva materia prima del acoso o, quizá peor, de la suplantación de identidad.

Teniendo en cuenta que muchos padres suben fotografías de sus hijos constantemente, esto podría tener consecuencias negativas para ellos a largo plazo. En el futuro, recomponer una imagen será mucho más fácil, e iniciar una conversación falsa vía Skype, también. La persona al otro lado podría no darse cuenta de que somos un delincuente.

En el vídeo de abajo observamos el uso de una aplicación simple que todos podemos instalar en nuestro teléfono para cubrir nuestro rostro a modo de máscara. Una que lee nuestra cara en tiempo real y la imita. Ya la vimos en ‘The Waldo Moment’ (‘Black Mirror’ 2×03, 2013). Es muy potente porque permite cierto anonimato.

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Confeccionar un emoji virtual es rápido y asequible en términos de procesamiento de datos, mientras que dibujar un rostro tomando un gran volumen de datos es realmente costoso para la tecnología móvil moderna. Pero no para un ordenador si disponemos de tiempo.

El programa Fake App permite introducir un rostro en una escena gracias a una red neuronal. Hace más de un año nos preguntábamos para qué podría servir el invento, y ahora lo sabemos. Existen en YouTube muchos tutoriales que nos muestran cómo se usa o sus resultados. En ocasiones muy pobres (este) por la potencia de cálculo necesaria, y en otras muy logradas (abajo).

Si tenemos un mínimo de curiosidad al respecto, podremos usar esta aplicación en nuestros ordenadores y móviles. Lo que antes se podía hacer con voz hoy se puede hacer con vídeo. Tendremos que dejar de fiarnos de algo solo porque lo veamos.

La tecnología está madura y el código ha sido liberado. Ya no va a borrarse, así que tenemos que aprender a vivir con el hecho de que lo que vemos puede ser falso. Ya aprendimos a convivir con billetes falsos (500 euros), imágenes modificadas (Photoshop) o audios trucados (cacofonías).

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Imágenes | Portada: Gtresonline, Ludvig Wiese