Daniel González-Pérez: «Si no actuamos, España acabará como un país del Sahel»

Las imágenes que nos ha dejado la sequía en España este verano son espeluznantes. Hay escasez de agua por todas partes. Embalses completamente evaporados. Un río como el Duero, totalmente seco por tramos o mantenido por un hilillo de agua en otros. El parque de Doñana, que a primeros de septiembre se quedó sin una gota de agua dulce. Por no hablar de las Tablas de Daimiel, donde el agua sigue brillando por su ausencia desde hace mucho tiempo y anticipa un escenario de pesadilla. Y así tantas imágenes aterradoras.

Con este escenario en la retina, cada vez está más claro que la gestión del agua es un tema primordial. Los datos son contundentes. España es el país de la UE con un índice de desertificación más alto, y hay estudios que dicen que a finales de este siglo la mitad de la península ibérica será un desierto. En el resto del planeta, la gestión del agua también será uno de los temas cruciales de la geopolítica en los próximos años. El avance de la desertificación y el cambio climático han convertido a este líquido en un recurso estratégico a la altura de la energía, y podría ser desencadenante de cientos de conflictos entre países

Para hablar de todo ello y de las maneras para revertir este proceso de escasez de agua, charlamos con Daniel González-Pérez, profesor de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), fundador de Sayta, asesoría especializada en medioambiente y tecnologías del agua, y miembro de la la International Water Association (IWA), una red sin ánimo de lucro donde comparten experiencias más de 10 000 profesionales de todo el mundo. Él es firme partidario de darle un segundo uso al agua disponible. Si no lo hacemos, el ritmo de consumo es insostenible. 

– Este año está siendo en España uno de los más secos en décadas y tenemos los embalses en su nivel más bajo en casi 30 años. Un estudio de ‘Science’ publicado hace unos años pronosticaba que a finales de este siglo el desierto habrá avanzado hasta la mitad de la península ibérica. ¿Cómo ve el presente y el futuro hídrico de este país? 

El presente hídrico se ve regular, tirando a complicado. Y el futuro muy complicado. De hecho, tenemos menos agua que hace unos años, y cada vez habrá menos. Los años de sequía suelen aparecer una vez cada lustro. Son ciclos que se pueden acortar o alargar. Pero el problema es que cada vez los picos de sequía se alargan más, mientras que las épocas de lluvias cada vez son un poco más cortas. Es probable que en las próximas décadas veamos ciclos más secos y con sequías más intensas. 

España es uno de los países del mundo con más presas construidas. De hecho, en la proporción de superficie de territorio por volumen de agua almacenada estamos a la cabeza. Pero tampoco podemos resolver el problema de esta manera. Esa capacidad para amortiguar estos ciclos de sequía con el agua embalsada la estamos perdiendo.  

Daniel González Pérez, experto en la gestión del agua.

– ¿Qué factores influyen en este proceso de desertificación alimentado por la escasez de agua?  

El avance del desierto no solo implica menos agua, sino también una vegetación distinta y una pérdida en la calidad del suelo. Un buen suelo actúa como una esponja. Chupa parte del agua que recibe y la va cediendo poco a poco a las plantas. Pero con la desertización estas propiedades del suelo se pierden. Y cuando llueve, esa superficie ya no tiene tanta capacidad de absorción. 

Este es un problema complejo con muchos orígenes. Uno es el uso inadecuado de técnicas agrícolas. Por ejemplo, cuando regamos con agua de lagunas salobres o procedente de acuíferos de zonas costeras que han estado muy explotados y que han sido invadidos por agua salada (lo que se llama cuña de intrusión salina). El agua salada tiene unos iones que van a hacer que se desplacen minerales que ya estaban en esos suelos. Y eso hará también que luego esas superficies retengan mucha menos agua de lluvia y pierdan materia orgánica.

Otro problema es el exceso de fertilizantes. Esos fertilizantes que han eutrofizado el Mar Menor también tienen un efecto sobre el suelo. Son sales que afectan a la capacidad de retención de agua. 

“Quizá algunos cultivos de regadío en este país están causando un malgasto de agua. Deberíamos hacer una reflexión para ver si esto es justo”

Quizá algunos cultivos de regadío en determinadas regiones y zonas de este país están causando un malgasto de agua. Deberíamos hacer una reflexión como país para ver si esto es justo. En esas zonas, se transforma un bien natural, el agua, por otro bien natural, la fruta, pero que ya tiene una propiedad privada. Además, ese bien se exporta, con lo que son habitantes de otros países los que finalmente se benefician. En cierto modo, estamos sacando agua y mandándola fuera. 

También está la deforestación, por tala o por incendios. Cuando llueve o se riega un terreno que tiene plantas y árboles, el agua queda retenida. En un bosque, la lluvia pasa primero al árbol, y de ahí lentamente a la tierra. Además, los árboles humidifican el ambiente. Si perdemos los bosques, acabamos perdiendo los suelos ricos y acaba apareciendo la roca o la grava. 

El exceso de urbanización también contribuye a la desertización. Si se pavimenta un terreno, el agua es escupida y nunca se filtra. Aguas abajo, además, va a provocar inundaciones, mientras que aguas arriba tendremos el problema contrario, la falta de retención. 

– ¿Hasta qué punto está el cambio climático agudizando la escasez de agua?

Está afectando. Si cada vez las temperaturas suben más, la evaporación va aumentando. Además, la distribución de las lluvias en el planeta está cambiando. Nosotros estamos en una región que cada vez tendrá menos lluvias. Serán más puntuales e intensas, con las inundaciones y la pérdida de suelo que eso conlleva. 

El cambio climático no lo vamos a parar. Se ha acelerado mucho y forma parte de los ciclos naturales de la Tierra. La subida de temperatura que antes duraba miles de años, ahora la estamos experimentando en cientos. Es una subida súbita de temperatura que impide que los seres humanos y los ecosistemas tengan tiempo para adaptarse. Como consecuencia, vamos a perder biodiversidad. Estamos perdiendo las abejas, y podríamos perder la polinización, lo que sería una tragedia para los cultivos. 

“El cambio climático no lo vamos a parar. Se ha acelerado mucho y forma parte de los ciclos naturales de la Tierra” 

– El panorama es ciertamente complicado, pero ¿cuáles son los métodos más efectivos para lidiar con el problema de la escasez de agua? 

Tenemos que hacer cambios sociales y socioeconómicos. Se puede reducir el consumo de agua cambiando hábitos alimentarios, por ejemplo. Hay que consumir menos proteínas de origen animal. Volvemos al famoso chuletón de hace unos meses. Un bistec de vaca está muy bueno, pero no podemos comer carne de ternera todos los días. 

Producir un kilo de esta carne cuesta cientos de litros de agua, y producir un kilo de carne de pollo cuesta menos, y un kilo de verduras o legumbres, menos aún. No necesitamos tanto. Un deportista de élite de 80 kilos tiene suficiente con 160 gramos de proteínas al día en épocas de alta competición. Una persona normal, con unos 100 o 120 gramos de proteínas ya va sobrado. 

Si no cambiamos la situación entre todos, el futuro es insostenible. Si no actuamos, España acabará convertido en un país del Sahel, esa franja que está entre el centro de África y el Sáhara y que comprende países como Níger o Chad, entre otros. A lo mejor nosotros no lo vemos, pero nuestros hijos sí.   

– Usted es un defensor de la reutilización del agua, algo que en España se hace muy poco. 

Usamos el agua, la depuramos parcialmente y la vertemos. Pero quizá deberíamos dar un segundo uso al agua. Creo que se puede depurar un poco más para volver a utilizarla. Creo que esta es la clave para sostener los consumos de agua que tenemos.

Países y zonas punteras como Australia, Israel, California o Singapur son pioneros en la reutilización del agua. Además, no invierten mucho. Eso sí, para seguir estos ejemplos en España debería haber un pacto político nacional, lo que es complicado. Y que la gente no se asuste. El agua no va a ir nunca del váter al grifo. De hecho, en España y en Europa está prohibida la reutilización del agua para consumo humano. 

Pero el agua de las depuradoras puede tener un tratamiento adicional que la haga apta para baldear las calles o regar cultivos, como frutales. En California esta agua puede ser incluso bebida por una persona. Y en Singapur, que es un pequeño territorio aislado y con un acceso limitado al agua, el 90 % del agua que consumen es reutilizada. A nosotros, con reutilizar el 50 % del agua que consumimos nos podría valer para cubrir todas nuestras necesidades. Y eso nos forzaría a desalar tanta agua. 

– Pero la desalinización parece en principio una buena opción, aunque tiene en contra el alto consumo de energía que requiere. 

Efectivamente. De hecho, donde la desalinización va más avanzada es en los países de la OPEP y de Oriente Próximo. No tienen agua, pero les sobra el petróleo. Pero al resto del mundo, con los costes de la energía que tenemos, no nos vale este método.

Para producir un metro cúbico de agua de pantano, el coste está entre 0,2 y 0,4 kWh. Si vamos a la desalación por ósmosis inversa, que es el método que se utiliza en España, este coste se dispara a 2,5 y hasta cuatro kWh. Si regeneráramos y reutilizáramos el agua, el consumo de energía se situaría entre 0,5 y 1,5 kWh. Son costes que estarían en una cuarta parte de los que tienen las desaladoras. 

Además, desde 2007 tenemos en España un real decreto sobre reutilización de agua, donde se detallan las características de los tratamientos y las tecnologías a aplicar. Pues bien, desde ese momento, gran parte de las depuradoras que se instalan en nuestro país llevan el sistema terciario para regenerar el agua, pero no se utilizan. Muchas veces no se utilizan por falta de conocimiento de los operarios de las depuradoras. También en algunas ocasiones se diseñan las depuradoras con un sistema terciario, pero no se acaba instalando.  

– ¿Cuánta agua se reutiliza en España? 

Según datos de 2019, reutilizamos más de 400 hectómetros cúbicos al año, entre el 7 % y el 12 % del agua residual tratada. Otros informes de años anteriores hablan de un 10 %. En Israel se reutiliza más del 30 % del agua que se trata.

Y en California pasan del 20 %. De hecho, en California frenan la cuña salina, es decir, la entrada de agua de mar en los acuíferos costeros, con agua regenerada. Cada 10 kilómetros de costa hay un pozo por donde meten a presión esta agua tratada, con el fin de ir llenando el acuífero y frenar así la entrada de agua salada del mar. En Singapur quieren llegar a reutilizar el 90 % del agua que depuran en 2030. Incluso en Namibia, que está rodeada por dos de los desiertos más extremos del mundo, se reutiliza agua para el consumo humano.     

“A nosotros, con reutilizar el 50 % del agua que consumimos nos podría valer para cubrir todas nuestras necesidades”

– ¿Cuáles son los casos más graves y urgentes de desertificación en España? 

La zona más en riesgo va del sur de la Comunidad Valenciana hasta Málaga. Pero lo más extremo está en Murcia, Almería, el sur de Alicante, Albacete y Granada. Luego hay zonas en Tarragona con problemas, o en Cáceres o Castilla. Y el ejemplo más triste de desertificación que tenemos son las Tablas de Daimiel, en Castilla-La Mancha. Se han explotado sus acuíferos para el consumo humano y la agricultura, y hemos prácticamente perdido ese parque nacional.

Y a nivel mundial, un caso extremo es el del mar de Aral (entre Kazajistán y Uzbekistán), que era tan grande como Castilla-La Mancha, y ahora es del tamaño de La Rioja. Los aumentos de población en la zona y el desvío de dos grandes ríos para producir algodón secaron ese enclave.  

– Esta escasez de agua provoca unas tensiones geopolíticas muy grandes. ¿Cómo lo ve?

Gran parte de los problemas de migración que tenemos en Europa están relacionados en parte con esta crisis. Cuando hay una grave sequía en ciertas zonas de África luego se produce una mayor llegada de inmigrantes subsaharianos. Las sequías, como las del lago Chad, que ha pasado por lo mismo que el mar de Aral, provocan desplazados hídricos. 

“Gran parte de los problemas de migración que tenemos en Europa están relacionados en parte con las sequías en África”

Otro problema es cuando el agua acaba como un mero objeto especulativo. Son los llamados “mercados del agua”. Es lo que ha pasado en Australia, por ejemplo, donde el precio de este bien se ha disparado. En principio se busca la eficiencia, pero al final grandes empresas se hacen con todos los derechos del agua, en detrimento de los pequeños ganaderos, que se están viendo obligados a cerrar por los costes. A Europa esto no ha llegado, pero ya hay políticos que lo mencionan. Y no creo que sea la solución. 

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Imágenes | Daniel González-Pérez, Freepik.es/jcomp, Freepik.es/zirconicusso

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