Cromosomos X trabaja para acabar con el estigma de la menstruación

Mariña Fernández, de Cromosomos X: «En muchos lugares la menarquia erosiona derechos de niñas»

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La menstruación está rodeada de estigmas y tabúes. Muchas mujeres y niñas se ven obligadas a enfrentar serias complicaciones a la hora de gestionar sus periodos, especialmente aquellas que viven en regiones empobrecidas. La vergüenza y la marginación acompañan al ciclo menstrual, condenando a muchas mujeres a una realidad de dependencia y vulnerabilidad.

El silencio desempeña un papel importante en la perpetuación de estas creencias, pero las cosas están cambiando. En gran parte gracias a iniciativas como Cromosomos X, una organización sin ánimo de lucro que trata de mejorar la vida de niñas y adolescentes sin recursos. Su programa de educación sexual y reproductiva apuesta por la copa menstrual como solución sostenible y segura para que las jóvenes puedan vivir sus ciclos menstruales sin riesgos ni limitaciones de cara a su futuro. Mariña Fernández Escariz es la creadora de un proyecto que lucha por la igualdad y la normalización de un ciclo tan natural como la vida misma.

-¿Cómo y por qué nace Cromosomos X?

Estaba con mi madre en Tanzania y me vino la regla, quise comprar tampones y costaban 9 dólares, las compresas 5. En Tanzania es un importe prohibitivo para gran parte de las niñas y adolescentes. Esto sin tener en cuenta que, al tratarse de “cosas de mujeres”, no son prioritarias en la cesta de la compra familiar. Le pregunté al hombre del supermercado qué hacían las niñas cuando tenían la menstruación. “Se quedan en sus casas” me dijo. Ahí empezó todo. Me puse manos a la obra.

Cromosomos X nace para que todas las niñas puedan ir al colegio todos los días del mes y para que el conocimiento acabe con el estigma menstrual y nos haga libres. Proponemos un programa de educación sexual y reproductiva que distribuye la copa menstrual, la solución más sostenible y económica que dará a las niñas la autonomía y la libertad que no deberían haber perdido nunca.

la menstruación y sus estigmas

-Existen numerosos estigmas acerca de la menstruación que no solo se dan en culturas alejadas a la nuestra. Si nos paramos a pensar, ¿qué clichés existen sobre la menstruación en los entornos más cercanos a nuestra cotidianeidad?

La menstruación, tal y como la entendemos aquí, es un cliché en sí mismo. Sin ir más lejos, cuando se habla de menstruación es muy común que el conocimiento se limite a saber que hay unos días en los que se sangra. Sin embargo, no se conoce el ciclo completo, del que la menstruación es únicamente una parte, no se reconocen las fases ni el baile hormonal que tiene lugar cada mes en los cuerpos que menstrúan. Además del desconocimiento generalizado, lo poco que conocemos está atravesado por el estigma, un tabú universal, diría yo. No tenemos ni idea de qué nos pasa, qué le pasa a nuestro cuerpo, cómo afecta el ciclo a tantos otros procesos biológicos. La regla es roja, da vergüenza, y mancha, es común quedarse ahí.

Sin embargo el cliché no termina aquí. La sociedad relaciona la sexualidad femenina y el ciclo menstrual con la capacidad de las mujeres para albergar otros seres dentro.

Nosotras al servicio de la maternidad, reducidas y cosificadas. Cuando nos viene la regla nos dicen: “oye, que ya podéis tener hijos” pero nadie nos habla de la regla como la gran aliada para conocernos y conocer nuestros procesos. ¿Y qué pasa con nuestra salud o nuestro placer? Otro gran tabú que nos llena de culpas y vergüenzas.

Nos avergonzamos, nos escondemos, ocultamos la menstruación y nos referimos a ella en bajito, como si fuese algo sucio o bochornoso… Desarrollamos comportamientos de rechazo y vergüenza hacia nosotras mismas. Menstruar es salud, no una vergüenza. Esto hay que decirlo bien alto.

«La sociedad relaciona la sexualidad femenina y el ciclo menstrual con la capacidad de las mujeres para albergar otros seres dentro».

¿Sabemos demasiado poco sobre la menstruación?

Absolutamente, no tenemos ni idea. Y esto es grave. La mitad del mundo menstrúa, va a menstruar o ha menstruado. Es increíble que estemos así. Iba a decir “en pañales”, pero viene más a cuento “en compresas».

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Ilustración de Pablo Guadarrama Garza. Cromosomos X

discriminación y violencia

-¿Es el estigma que rodea a la regla una brecha de género, e incluso un tipo de violencia en determinados lugares?

Es demencial, pero la menstruación sigue acrecentando la brecha de género. Y mucho. En los países empobrecidos la regla es una limitación muy corrosiva para el desarrollo de la vida de quienes menstrúan. Sin acceso a productos de higiene menstrual y sin una educación que permita su correcto manejo, menstruar se convierte en un castigo que encierra, aísla y estigmatiza.

La discriminación es una forma de violencia y la regla, sin duda, la provoca. Por poner un ejemplo, en algunas zonas del oeste de Nepal, y a pesar de que esté prohibido, se sigue practicando el “chaupadi”,una tradición hindú que obliga a las mujeres a estar fuera de sus casas los días que tienen la regla. Se resguardan en cobertizos para animales, casetas sin ventilación… En fin, una atrocidad que ha matado a muchas mujeres allí. ¿Necesitamos más violencia que algo así? Se me vienen a la cabeza muchos otros ejemplos.

En una de las entradas de vuestro blog hemos podido leer una referencia a la menstruación como fenómeno político. La vergüenza y el bochorno con los que se ha instado a las mujeres a asumir su menstruación, ¿suponen una forma de hacer política? ¿Relegan a la mujer a un segundo plano, condenado al olvido y la ocultación?

Más bien yo diría que menstruar es político porque la narrativa social tiene mucho más peso que el fenómeno biológico. Todas las consideraciones sociales que tiene menstruar no son intrínsecas a su fisiología, al baile de estrógenos y progesterona que se da en nuestro cuerpo. Es otra cosa, son lecturas sociales: que es sucio, que ha de esconderse, que nos vuelve locas, que no debe pararnos o que sí debe hacerlo… en fin, todo.

«Menstruar es político porque la narrativa social tiene mucho más peso que el fenómeno biológico».

-La mayoría de los procesos asociados a lo sexual y reproductivo que las mujeres viven en sus cuerpos se explican con un lenguaje patologizador. En el caso de la menstruación, se dicen cosas como “está mala” ¿Qué repercusión o influencia puede tener esta mirada en la concepción del proceso menstrual?

Influyen tanto que los atraviesan y los convierten en otra cosa. La menstruación se carga de negatividad y estigma a través de las palabras que se usan para referirse a ella. El campo semántico que se ha ido construyendo para señalarla con el dedo que acusa condiciona la relación social y personal que desarrollamos con nuestro ciclo. Hay expresiones tremendamente negativas para referirse a la menstruación. Son hirientes. Tengo entendido que en Reino Unido se le llama The Curse, la maldición. A través de las palabras se ha ensuciado la relación con la menstruación y a la propia menstruación. Esto nos va a pesar mucho tiempo.

reconcilarse con la menstruación

-¿Cómo podemos deconstruir la mirada negativa que surge entorno a la menstruación, vista desde un prisma de padecimiento?

A través del autoconocimiento y el autocuidado. Lo único que necesitamos para reconciliarnos con nuestro ciclo es entenderlo. Conocernos, querernos y respetarnos. Hemos de abandonar esa vergüenza impuesta, que tanto pesa, y que no es natural, ni humana. Personalmente cuanto más conozco mi ciclo, más a gusto me encuentro. No es ninguna tontería. Me conozco, entiendo qué me ocurre y veo reflejados en mi ciclo cambios de hábitos como la alimentación o el estrés, por ejemplo. Hay días que tengo un extra de energía y me digo ¿no estarás ovulando? Y estoy ovulando.

¿Es el lenguaje una herramienta indispensable para cambiar las cosas?

Indudablemente. El lenguaje es un motor de cambio poderosísimo. Las palabras son el molde de los conceptos cuando hablamos, utilizarlos de una forma u otra, alterará la forma que tenemos de relacionarnos con las cosas que nos pasan. Es crucial cambiar el lenguaje para cambiar la realidad, y la forma que tenemos de entenderla. Igual de importante es llamar a las cosas por su nombre: lo que no tiene nombre, no existe.

La menstruación está plagada de disfemismos, de expresiones peyorativas. Lo primero es eliminarlas del lenguaje y desaparecerán de las estructuras mentales, estoy convencida. Y esto con todo, seamos cuidadosas. ¿Países subdesarrollados? No. Países empobrecidos.

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Ilustración de David Cano Lacárcel. Cromosomos X

-¿Son los talleres de educación sexual un pilar imprescindible para la comprensión y la normalización de los procesos biológicos, tanto femeninos como masculinos?

Por supuesto. Es uno de los pilares fundamentales que vertebra la lucha contra la discriminación de género en todos los ámbitos de la vida. Es común oír hablar de iniciativas y talleres de educación sexual, sin embargo, la realidad es bien distinta, las niñas y los niños están muy lejos de tener la información que necesitan. No se habla en casa y no se habla en la escuela. Me consta que la poca información que tienen llega tarde. Dos de las personas del equipo de Cromosomos X son profesoras e insisten mucho en este punto.

¿No es peligroso que uno de los primeros contactos que tienen los niños con el sexo sea a través del porno? ¿Qué podemos esperar de la relación que establecen con su sexualidad? Cuando ven un videojuego saben que lo que están viendo no se corresponde con la vida real, pero creen que el porno es la vida real. Bueno, y la cosa no se queda en el porno, es habitual que el cine nos presente la menarquia como algo tremendamente sangriento y bochornoso. Señores, que la menstruación también es sexualidad, no una “bandera roja”. Y que la sexualidad no es solo sexo, y que el sexo no es solo coito…

«¿No es peligroso que uno de los primeros contactos que tienen los niños con el sexo sea a través del porno?»

-La regla no solo está rodeada de clichés y discriminación sino que, en determinados lugares del mundo, impide a las niñas desarrollar su actividad escolar con normalidad. ¿Es la menstruación el principio del fin de su autonomía a causa del tabú que sobrevuela el cuerpo femenino y su proceso biológico?

Sin duda. En muchas zonas del mundo las niñas pierden autonomía y libertades el día que les viene la regla. Sus posibilidades de desarrollo se coartan, entienden que han entrado en la vida adulta, se casan… El abandono escolar sumado a la inseguridad de las adolescentes en sí mismas y en sus capacidades reduce sus oportunidades de inserción en el mundo laboral. Las mujeres optan a menos trabajos remunerados y se les cierra la puerta al empleo cualificado. Desarrollan trabajos domésticos, por los que no reciben sueldo y se vuelven dependientes económicamente. Esta situación perpetúa su condición de especial vulnerabilidad, y la desigualdad con motivo de género se acentúa. Además, en muchos lugares la menarquia erosiona los derechos humanos de las niñas.

La falta de educación sexual provoca que la primera menstruación se entienda como señal de que las niñas ya están preparadas para mantener relaciones sexuales e incluso para el matrimonio. Se vuelven más vulnerables a muchas formas de abusos, como el matrimonio infantil o la violencia sexual.

«La falta de educación sexual provoca que la primera menstruación se entienda como señal de que las niñas ya están preparadas para mantener relaciones sexuales e incluso para el matrimonio».

-¿Por qué abogáis por la utilización de la copa menstrual para recuperar la autonomía que las mujeres han perdido a causa de la estigmatización de la regla? ¿Qué ventajas tiene para ellas, tanto desde un punto de vista social como desde uno puramente práctico?

Abogar por la copa es una cuestión de sororidad, lo que quiero para mí lo quiero para las mías. La copa menstrual es la solución más sostenible y respetuosa con el cuerpo. Con la distribución de la copa menstrual pretendemos reducir los casos de niñas con recursos económicos limitados que dejan de ir al colegio los días que dura la regla. La copa menstrual tiene una vida útil de 10 años y es la solución más accesible para familias sin recursos. Además, la copa proporciona hasta 12 horas de protección y gracias a ella, las niñas podrán acudir a la escuela y estar cubiertas de forma eficaz, algo que no ocurre. Utilizan trapos, almohadillas e incluso hojas secas.

Sin duda esto afecta positivamente a su seguridad, su confianza en sí mismas su rendimiento académico. El miedo a machar las paraliza y es a veces motivo para que no quieran ir al colegio. Cuando lo que tienes a tu alcance son trapos u hojas, no manchar es demasiado complicado.

No obstante, el proyecto de Cromosomos X propone adaptarse a las necesidades concretas de las niñas de cada comunidad. En función de las zonas, sus creencias y las narrativas locales que condicionen la vida, se adapta el programa. Lo ideal es que ellas mismas sean quien, conociendo todos los dispositivos, elijan la copa una vez superados los tabúes y anulados los estigmas.

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Ilustración de David Cano Lacárcel. Cromosomos X

-Las marcas de compresas y tampones han cambiado su forma de hacer publicidad para vendernos que la regla es una especie de colorido musical. ¿Crees que hacen un favor al fin de la estigmatización menstrual? ¿Cuánta realidad vemos en estos anuncios?

En absoluto. Tampoco es eso. Parece que esas historias que nos cuentan “te sentirás más segura” parten de una premisa de inseguridad, de miedo. “Oculta el bochorno, haz como si nada, no te pares”. Siguen siendo mensajes que parten de una premisa errónea: la regla ha de esconderse, y no es eso. ¿Por qué el líquido que aparece en los anuncios es de color azul? La sangre es roja, y la sangre seca, granate. Nunca sangré azul. Sin embargo, la sociedad no tiene ese pudor con la sangre que aparece en escenas violentas, en el cine o en los videojuegos. ¿Te imaginas una película bélica con la gente supurando sangre azul de las heridas? Yo no.

«¿Por qué el líquido que aparece en los anuncios es de color azul? La sangre es roja, y la sangre seca, granate. Nunca sangré azul».

-¿Creéis que, para acercar la copa menstrual a determinadas comunidades, es necesario contar no solo con la aceptación de las mujeres sino con el sí de los sistemas que las dirigen?

Por supuesto. El programa de Cromosomos X prevé líneas de trabajo con otras actrices y actores relevantes de la comunidad: madres y padres, profesorado e incluso personal sanitario. Los niños y adolescentes también tienen un rol crucial para el éxito de la iniciativa: entender y empatizar con los retos y desafíos a los que se exponen ellas. Abolir el tabú es cosa de todos y de todas, no pueden hacerlo solas.

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Ilustración de David Cano Lacárcel. Cromosomos X

-Llegar a determinados lugares puede resultar complicado para una organización recién nacida. ¿Habéis pensado en realizar alguna asociación o colaboración con organizaciones locales que os ayuden a acercaros a las distintas comunidades?

Así es. Cromosomos X propone una fórmula de actuación a través de alianzas con ONGs locales que trabajen en el ámbito de la educación, la protección de la infancia o la lucha contra la feminización de la pobreza. Queremos aliarnos con estas ONGs y sumar fuerza. Es una forma mucho más eficiente en recursos y ágil en ejecución. Además, la ayuda está muy fragmentada y eso va en contra del éxito de las iniciativas. Nosotras ofrecemos nuestro programa educativo, que incluye la distribución de las copas, en el marco de proyectos que ya estén funcionando en terreno.

una historia escrita por cuerpos que no menstrúan

-Como hemos podido leer en vuestra página web, el objetivo de Cromosomos X no es solo acercar los recursos necesarios a las niñas y adolescentes para que puedan menstruar de forma digna. También queréis acercaros a los niños y, en general, a las comunidades. ¿De qué manera podemos normalizar el periodo femenino ante las personas que no lo tienen?

Como te decía antes, para garantizar el éxito de la iniciativa hay que entender la comunidad como un sistema del que todas y todos forman parte. Si no hay un cambio de conducta por parte de esos otros actores relevantes, es más fácil que la iniciativa fracase, que no se mantenga en el tiempo. Necesitamos que los niños lo entiendan, que los padres lo acepten, que las madres lo apoyen y que el profesorado lo normalice. La historia suele estar escrita por cuerpos que no menstrúan, por los hombres. Si no los incluimos de una u otra forma, ¿cómo nos van a devolver el hueco que nos corresponde? No sería posible.

contra la feminización de la pobreza

-¿Cómo ha sido el proceso de creación de esta ONG?

Sobre todo emocionante. Cromosomos X está formado por un grupo de personas comprometidas con el desarrollo social justo y equitativo y con la lucha contra la feminización de la pobreza. Compartimos una serie de valores que decidimos concluir en la fundación de Cromosomos X. Poco a poco, se fue construyendo un equipo interdisciplinar para dar respuesta a las distintas necesidades que se iban perfilando. Aprendemos mucho sobre la marcha. Fue muy bonito ver cómo lo que al principio era tan solo una idea iba cogiendo forma y cristalizándose en una organización con valores y objetivos. Un día, Cromosomos X era una asociación sin animo de lucro: había unos estatutos, un acta de fundación y el proyecto era una realidad. Más tarde llegaron la web y las redes. Todo un hito. El día del lanzamiento estábamos nerviosas y emocionadas. Tengo guardada la captura de pantalla del momento en que Ana, parte del equipo, escribió por nuestro chat: Chicas, estamos en el aire. Esa fue la frase.

-¿Tenéis o habéis solicitado algún tipo de ayuda institucional para financiar el proyecto?

Hasta la fecha no contamos con financiación ni pública ni privada. En estos momentos, buscamos apoyo económico para el prototipo del proyecto. Se trata de una «intervención piloto” en la que testamos aspectos y matices relativos a la configuración de la iniciativa. Queremos llegar al mayor número de zonas en las que la menstruación provoca absentismo y adaptar nuestro programa de educación sexual y reproductiva a las necesidades, la cultura y las condiciones de cada una de estas comunidades. Para ello, la primera fase es implementar el prototipo y es para lo que buscamos apoyo ahora. Por otra parte, hemos decidido esperar a cerrar un proyecto concreto, con su pertinente evaluación de costes, para solicitar el apoyo a los posibles donante privados. Nos parece que es la forma correcta de hacerlo.

«Queremos llegar al mayor número de zonas en las que la menstruación provoca absentismo».

-Para terminar, me gustaría preguntaros cuáles son los objetivos que Cromosomos X se marca a corto y largo plazo.

Queremos implementar el proyecto en una comunidad en concreto. Llevar a cabo lo que llamamos la fase de prototipado, en la que podremos definir las líneas estructurales de la iniciativa, replicable en una y mil comunidades, atendiendo a las diferencias y adaptándola a ellas. En eso estamos trabajando y ese es el objetivo en el que estamos volcadas ahora.

En paralelo, Cromosomos X trabaja también para romper el estigma y el tabú aquí, donde también queda mucho por hacer. Para ello nos gustaría convertir nuestro blog y nuestras redes en un espacio de debate abierto, en el que se habla de menstruación (y todo lo relacionado con ella) desde muchos prismas: el político y cultural, el fisiológico… queremos consolidar estos canales y consolidar Cromosomos X como un espacio para todas y todos. Tenemos trabajo, pero tenemos más ganas aún.

Además, me gustaría concluir con una pequeña reflexión acerca de la menstruación femenina ¿está cerca el fin de su estigmatización social?

Qué pregunta tan grande. Quiero pensar que sí pero creo que falta mucho todavía. Falta casi todo. Primero hay que entenderla. Pero se ven grietas por las que se filtra la luz. Deben esperanzarnos. Creo que nos vamos a colar por ellas, poco a poco nos colaremos todas.

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