Nary Ly, científica y atleta olímpica camboyana: “Si no lo hacía yo, ¿quién lo haría?”

Nary Ly fue la primera mujer camboyana en realizar un PHD en su país y en cruzar la meta de un maratón en unos Juegos Olímpicos.

La de Nary Ly es una vida de récords. Creció en la Camboya de los 70, durante el régimen del terror de los jemeres rojos, y su infancia dio un giro cuando con nueve años llegó a Francia en calidad de refugiada política. Allí se centró en estudiar y comenzó a dar forma a una idea que la acompañaría toda su vida: hacer algo importante por su país y cambiar la imagen que el mundo tiene de él.

En 2006, Nary Ly se convirtió en la primera mujer científica en lograr un PhD (doctorado) en su país. Diez años después y tras un duro entrenamiento, se coronó como la primera camboyana en correr un maratón olímpico. Cruzó la meta durante los Juegos de Río de Janeiro dentro del tiempo establecido.

Hoy, vive en un pueblo de León y pasa temporadas en su país natal, en donde enseña Inmunología básica en la Universidad de Ciencias de la Salud de Phnom Penh. Ha compartido su experiencia en su libro ‘Superviviente, científica, olímpica: la historia de Nary Ly’ y sigue haciéndolo en charlas y conferencias que organiza tanto en España como en el extranjero.

– Fuiste la primera mujer en cursar un programa de doctorado en Camboya. ¿Cómo era tu país cuando lo hiciste?

Fui la primera investigadora en realizar un programa de PhD entre Camboya y el extranjero. Me registré en la Universidad de Phnom Penh, en Camboya, y en la Universidad de Burdeos, en Francia. Empecé en el año 2000 y lo terminé en 2006.

“Durante la guerra, la gran mayoría de científicos y universitarios habían sido asesinados. Era necesario reconstruir todo”.

En aquellos momentos, Camboya estaba en un proceso de recuperación. Durante la guerra, la gran mayoría de científicos y universitarios habían sido asesinados. Era necesario reconstruir todo, y el problema fue que se dio un desarrollo muy rápido y poco organizado. La globalización nos había llevado a tener grandes hoteles, pero a la vez no había buenas infraestructuras de luz, por ejemplo, por lo que había apagones.

Había pocas instituciones médicas, como el Instituto Pasteur o el Calmette Hospital en Phnom Penh. Era el principio del desarrollo.

– ¿Era común que una mujer tuviese un papel en la ciencia? ¿Cómo era la situación para las mujeres?

En aquel momento, se necesitaba toda la ayuda posible para reconstruir el país, por lo que en ningún momento sentí discriminación. Nadie me hizo sentir que una mujer no pudiese ser científica: todo el mundo estaba contento de recibir ayuda y me dieron la bienvenida.

La sociedad estaba ansiosa de saber y tener más conocimientos. Me hizo sentirme agradecida y consciente de mi suerte por haber escapado de la guerra, haber sido refugiada y tener una educación. Me sentí útil y con un objetivo, y a la vez abrumada, porque había muchísimo que hacer. Y no solo en ciencia.

– ¿Fue este el motivo por el que decidiste volver a Camboya desde Francia?

El motivo al principio fue más personal. Cuando todavía vivía en Francia, mi hermano mayor me buscó y me dio noticias de mi familia. Mi madre estaba enferma. Decidí visitarles, y nuestro primer encuentro fue en Vietnam, porque yo todavía era una refugiada política y, si tenía algún problema en Camboya, no tendría derecho a volver a Francia.

En 1998 decidí volver a Camboya por un año para estar con mi familia. Una vez allí busqué trabajo para poder mantenerme y lo encontré. Tenía un salario local, de 150 dólares americanos al mes. Y al ver todo lo que había por hacer, decidí quedarme más tiempo. Hasta hoy, que sigo teniendo una casa y enseño en la Universidad de Phnom Penh.

Nary Ly fue la primera mujer en completar un PHD en Camboya.

– ¿Mantuviste el contacto con tu familia cuando estuviste en Francia?

No, tenía nueve años y por aquel entonces no existía internet y tampoco era posible comunicarse por teléfono, porque en Camboya todo había sido destruido. Incluso comunicarse por carta era complicado y muy costoso. Había otras opciones, a través de la Cruz Roja o de gente que viajaba, pero mi familia en Francia no quiso que mantuviese el contacto, por lo que mi madre no tuvo noticias mías en 15 años. Cuando nos encontramos, yo tenía ya 26 años y era una adulta.

– Te especializaste en la prevención de enfermedades infecciosas y trabajaste en centros de referencia en Camboya, como el Instituto Pasteur. ¿Cómo son los servicios médicos en la actualidad?

La situación es mucho mejor que antes, porque cuentan con las instituciones, pero hacen falta científicos y profesionales bien formados. Depende de con qué se compare: en relación con hace unos años, ha habido una gran mejora. Si se compara con los países desarrollados, queda mucho por hacer. Sobre todo, en términos de calidad.

– ¿Qué importancia tiene la educación para garantizar la democracia y conseguir que guerras como la de Camboya no se repitan?

Es muy importante, pero lo es también que el país se abra, tener acceso a la información y evitar la censura. Poder buscar otros puntos de vista y hablar otros idiomas es fundamental. Ahora tenemos mucha suerte con internet. Puedes encontrar formación gratuita de universidades de otros países o en YouTube, por ejemplo. Y es algo muy accesible a toda la gente.

“Si el país controla la información y en la escuela solo te enseñan la versión oficial, te quedas sin opciones”.

En Camboya, los libros de la escuela estaban escritos por la gente del partido. Si el país controla la información y en la escuela solo te enseñan la versión oficial, te quedas sin opciones. Crear una opinión propia y no dejarse manipular es muy importante.

– Fuiste la primera mujer camboyana en correr un maratón en unos Juegos Olímpicos. ¿Tuviste que romper muchos estereotipos para hacerlo?

En Camboya todavía se mantienen muchos estereotipos culturales, como que las mujeres tienen que ser femeninas, obedientes y tener la piel clara. Esto es algo común en Asia, y sucedía también antes en Europa: la piel blanca indica que no tienes que trabajar en el campo ni estar expuesta al sol.

Esto está empezando a cambiar, porque la gente tiene acceso a otras culturas y es más abierta, pero todavía es lo que se espera de las mujeres en Camboya. Cuando me preparaba para el maratón, tenía que entrenar muchas horas al aire libre. Hacerlo a nivel profesional implica semanas, meses o incluso años de entrenamiento. Entonces yo estaba delgada, morena y con manchas en la cara. No era una belleza [ríe].

“Tenía un PhD, un buen sueldo y trabajaba con las instituciones más altas de Camboya. Aun así, me dedicaba a correr bajo el sol”.

Mi familia se preocupaba: “¿Cómo vas a encontrar pareja si no te preocupas por tu belleza?”. Porque lo importante para una mujer es tener un marido, una casa y niños. Yo estaba divorciada y hacía las cosas de forma bastante diferente al resto. Tenía un PhD, un buen sueldo y trabajaba con las instituciones más altas de Camboya, como el Instituto Pasteur. Y, aun así, me dedicaba a correr bajo el sol.

– ¿Qué te motivaba?

Quería hacer algo por mi país y demostrar que era posible. Yo entiendo que pensaran que estaba loca, pero, si no lo hacía yo, ¿quién lo haría? El problema era que no sabía si podría conseguirlo. Intentaba mostrar a la gente mis motivaciones, pero sentía que perdía el tiempo. La gente me desanimaba, por lo que decidí centrarme en mi objetivo y conseguirlo.

– En 2016, cruzaste la meta representando a Camboya en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. ¿Qué crees que significa para tu país tener una mujer atleta en unos Juegos Olímpicos?

Creo que necesitan más tiempo para darse cuenta de la importancia de estos gestos. La gente está centrada en el desarrollo y en conseguir tener un estilo de vida más moderno. El deporte está más abajo en la lista de prioridades.

Ahora que la situación es más estable, algunas personas empiezan a darse cuenta de la importancia de la salud y del deporte. Cuando empecé a participar en carreras en Camboya, solo había un evento de medio maratón. Yo lo corrí por primera vez en 2006. Ahora hay carreras de larga distancia, maratones, multietapas, etcétera. Y en 2023, Camboya va a ser la anfitriona de los Southeast Asian Games.

– ¿Y cómo te sentiste tú? ¿Habías conseguido tu objetivo?

Sentí mucho alivio, porque había trabajado muchísimo para alcanzar mi sueño: hacer despertar a la gente y dar ejemplo. Había estado frustrada durante años, porque no había conseguido nada por Camboya, pero cuando llegué a la meta pensé que no necesitaba más de la vida, había cumplido mi misión de hacer algo para mi país.

Nary Ly corrió una maratón en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en 2016.

Era la primera vez que una mujer corría un maratón por Camboya, situándose al mismo nivel que los atletas de los países desarrollados como Estados Unidos, Japón o Francia. En un maratón todos salimos del mismo punto y tenemos el mismo objetivo, llegar a la meta. Es algo simbólico.

Además, es una prueba muy dura, un evento muy importante que se realiza al final de los juegos. Aquel día hacía mucho calor y mucha humedad. El 25 % no pudo hacerlo. Yo lo conseguí con 44 años.

– ¿Qué consejo les darías a niños, niñas o adultos que tienen un objetivo, pero también muchas dificultades para conseguirlo?

Depende de cada situación. Yo no puedo dar un mismo consejo a todos, pero sí decirles que se si animan y tienen ganas de aprender y mejorar, siempre hay una solución. Aunque pueda parecer difícil al principio y la gente te desanime. No todo se consigue a la primera, muchas veces hace falta dedicarle esfuerzo.

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Imágenes | cedidas por Nary Ly

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