Renaud Francou: "La inclusión digital no es un valor positivo de por sí"

Renaud Francou: «No existe un valor necesariamente positivo de la inclusión digital»

Renaud FrancouRenaud Francou es ‘futurólogo’. Ha trabajado durante quince años como líder de proyectos en FING (Next Generation Internet Foundation), el grupo de expertos francés sobre transformaciones y usos digitales.

Francou es coautor de docenas de publicaciones, incluida la ‘Agenda para un futuro digital y ecológico’ (2019), un trabajo colectivo destinado a inspirar las agendas de innovación, investigación y acción pública para una tecnología digital al servicio de la transición ecológica. Se ocupa también de cuestiones de digitalización y empoderamiento y ha liderado los proyectos Transitions² y Capacity. Su visión de la digitalización es diferente.

– ¿Qué es la brecha digital?

La brecha digital implica una idea de frontera, con individuos que estarían ‘dentro’ y otros que se quedarían ‘fuera’. Esta visión, que debería resaltar el retraso con el que algunas personas adoptan la tecnología digital, no es cierta. Es todo mucho más variado. La digitalización a menudo amplifica las principales divisiones de nuestra sociedad, pero a veces también ayuda a reducirlas. Existen personas que no son usuarias de la tecnología y que son felices así, usuarios intensivos en apuros, personas adineradas desorientadas por la desmaterialización, personas económicamente precarias que ahorran gracias al online, mayores conectados y estudiantes con malas prácticas digitales, etcétera. La definición de ‘brecha digital’ conlleva un juicio de valor y hace que algunas personas se sientan en el lado equivocado y se invoquen políticas públicas de reparación.

la brecha digital

– ¿Qué determina realmente las dificultades con la digitalización?

Primero, están las principales fracturas clásicas de la sociedad, es decir, las dificultades sociales y económicas de las personas. Por ejemplo, al vivir fuera de cualquier vínculo social y del circuito económico y laboral, la digitalización puede aumentar el aislamiento. Incluso si has estado usando un ordenador durante veinte años. Pero para algunas personas que se enfrentan a la pérdida de empleo, la jubilación u otros eventos de la vida, la tecnología digital puede aportar un efecto de recuperación, amortiguación y reconexión. Otra forma de exclusión digital va relacionada con el conocimiento y la capacidad de aprendizaje de cada uno. El ‘aprender a aprender’ que no siempre es una cuestión de estudios. Influye más el aislamiento social.

«No deberíamos estar satisfechos con la lógica binaria de acceso digital, estar ‘dentro’ o ‘fuera’»

– ¿Los jóvenes lo tienen más fácil?

La brecha generacional es menos clara de lo que pensamos. Las personas mayores están cada vez más presentes en línea. Entre los jóvenes, por otro lado, hay personas excluidas de los lazos sociales. Para un estudiante de secundaria es tan difícil interactuar con personas de su edad como lo es para cualquier otra persona. Si tiene problemas en el patio de recreo, tendrá problemas también en línea y sufrirá. Paradójicamente, nuestros estudiantes están bastante peor que las generaciones anteriores. Para encontrar información, se pierden y se extravían de la primera página de Google, simplemente porque la facilidad de acceso a la información ha abolido el camino que les permite construir su búsqueda.

brecha generacional

la digitalización no es un club

– ¿Se puede decidir «no» a digitalizarse?

Algunas personas prefieren usar herramientas no digitales para lograr sus objetivos. Y esto no significa que encuentren dificultades con respecto a la tecnología. Simplemente lo prefieren así y les sale muy bien. No existe un valor necesariamente positivo de la inclusión digital. Las personas no conectadas pueden hacerlo todo bastante bien. Por otro lado, incluso las personas tecnológicamente más experimentadas se enfrentan a dificultades siempre nuevas. Pueden perder sus datos y el acceso a sus documentos. De hecho, nadie sabe cómo administrar sus documentos digitales durante un período de diez años. No deberíamos estar satisfechos con la lógica binaria de acceso digital, estar ‘dentro’ o ‘fuera’. Otra cosa que no funciona es el colonialismo digital: la sociedad del mañana será digital, por lo que le enseñaremos a las personas qué es lo digital en la esfera social. Pues, ¡necesitamos exactamente lo contrario!

«La digitalización es una estrategia perdedora cuando simplemente reemplaza las interacciones existentes»

– Entonces ¿cómo deberíamos enfocar la cuestión?

Es necesario usar la digitalización como una articulación en lugar de una sustitución. La digitalización es una estrategia perdedora cuando simplemente reemplaza las interacciones existentes. Algunas personas no estarán más cómodas que antes con un servicio totalmente digitalizado, porque ya estaban en dificultades anteriormente. Otros pueden encontrarse perdidos con un servicio 100% en línea si no reciben ayuda externa o mediación para comprender cómo funciona. De ahí la importancia de repensar las mediaciones sociales y sus deficiencias en un sentido más amplio, implicando todos los actores existentes. No solo los nativos digitales.

Transición ecológica

Transición digital y transición ecológica

– ¿En qué modo la digitalización puede ser útil para la transición ecológica?

Debemos recordar que la situación es mala y no está mejorando. Durante los últimos cuarenta años no hemos hecho nada significativo en términos de emisiones. Sin embargo, los últimos cuarenta años han sido también los de la digitalización. Esto significa que la tecnología de por sí no ha proporcionado ningún tipo de solución automática al cambio climático. Además, debemos tener en cuenta que la industria digital es tan contaminante como muchas otras.

– ¿Cómo?

Vale para el consumo de energía, pero también con respecto al ciclo-vida de las arquitecturas y los dispositivos. De hecho, la mayor parte de la huella digital se concentra en su fase de producción. Por ejemplo, un smartphone contiene entre 30 y 50 elementos diferentes de la tabla periódica de Mendeiev. Nos enfrentamos a grandes desafíos. Por supuesto que necesitamos soluciones técnicas, pero por sí solas esas soluciones solo nos llevarán a una parte muy pequeña del camino. Ese ha sido el punto de partida del programa Transitions².

«Debemos tener en cuenta que la digitalización también es una práctica social. Compartir, colaborar y, a veces, movilizarse. Esa es la parte de la digitalización que nos une, que vivimos todos los días»

– ¿En qué consiste?

El programa empezó a partir de una intuición: con la transición ecológica sabemos a dónde vamos, pero no sabemos cómo llegar allí. Mientras que con la transición digital conocemos el camino, pero no sabemos a dónde vamos. Básicamente, esto significa que somos testigos de dos transiciones importantes. La ecológica, cuyos objetivos son claros, pero no sabemos cómo alcanzarlos. O no habríamos llegado a la 25ª COP (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático). Y la digital, que tiene que ver con el cambio. Cambia la vida cotidiana de personas y organizaciones, pero, ¿hay un objetivo colectivo? Probablemente no. Una transición conoce el camino; la otra, el objetivo. Tienen que trabajar juntas.

digitaización

la digitalización es una práctica social

– ¿Cómo lo logramos?

El poder transformador de la digitalización puede expresarse para apoyar el intercambio, la mutualización, la creación de commons y no debe limitarse a crear smart solutions.
Por supuesto, tecnologías como el deep learning, big data o la inteligencia artificial son importantes, pero debemos tener en cuenta que la digitalización también es una práctica social. Compartir, colaborar y, a veces, movilizarse. Esa es la parte de la digitalización que nos une, que vivimos todos los días. Y también es una cultura de innovación muy diferente: ágil, de código abierto, permanente, con nuevos modelos de negocio.

– ¿Un ejemplo concreto?

Piensen en el coche autónomo. ¿Podría ser una solución a los problemas ambientales? Se supone que sí: calcula el mejor itinerario en tiempo real y, por lo tanto, es más eficiente y seguro. Sin embargo, esta tecnología no nace con un verdadero objetivo ecológico. Pero, ¿qué pasa si el coche autónomo se convierte en un medio de transporte compartido? En distancias cortas, por ejemplo, a escala metropolitana, los estudios han demostrado que existe un potencial real en términos de reducción de las emisiones. Con menos coches privados liberamos espacio en la ciudad, lo compartimos, y podemos usarlo para almacenar energía. Este es el tipo de aportación que la cultura digital puede ofrecer a la transición ecológica.

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Imágenes | Pxhere/kalhh, Wikimedia, Pxhere

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