Rocío Benavente, de Maldita Ciencia: contra los bulos sobre la COVID-19

Rocío Benavente, despejando los bulos de la pandemia con Maldita Ciencia

Rocío Benavente, de Maldita Ciencia.

Rocío Benavente está detrás del equipo de Maldita Ciencia, un grupo de periodistas, técnicos y expertos en diferentes ámbitos que realizan una labor fundamental: desmentir todos los bulos y las noticias falsas sobre ciencia que llegan, cada día, a nuestras pantallas.

Durante la crisis causada por la COVID-19, el equipo está más atento que nunca a cualquier contenido que se haga viral. Dispuestos a desmentir toda información que se disfrace de ciencia pero no lo sea. A la vez, se encargan de redactar noticias de actualidad, contrastada y veraz, que dan la vuelta a las fake news. Haciendo, en sus propias palabras, periodismo para que no te la ‘cuelen’.

– ¿Qué papel juega Maldita Ciencia en la crisis del coronavirus? Para muchos, sois más importantes que nunca.

Lo cierto es que estamos creciendo en medio de la crisis, y yo creo que es porque estamos prestando un servicio público. Cada vez tenemos más lectores, seguidores de Twitter, personas que se han apuntado como ‘malditos’ (suscriptores) en nuestra web y ‘súper poderes’, gente con conocimientos específicos a la que acudimos cuando necesitamos información sobre un área en concreto.

Nuestro papel es ayudar a la gente a informarse de forma segura. A entender las noticias y a resolver sus dudas. Dedicamos nuestro tiempo y nuestros conocimientos a verificar la información que les llega cada día a sus teléfonos móviles.

– ¿Qué tiene de nuevo esta situación que estamos viviendo?

No sé si tiene algo nuevo cualitativamente, pero desde luego sí cuantitativamente. Se trata de la situación de zozobra e inquietud sanitaria y científica más grave que hemos vivido en décadas. Y la estamos viviendo con el móvil pegado a la mano; eso quiere decir que estamos más dispuestos a consumir información que nunca, pero también más expuestos a la desinformación.

– A día de hoy, habéis recopilado más de 400 mentiras, alertas falsas y desinformaciones sobre COVID-19 reflejadas en vuestra web. ¿Tenéis más trabajo del habitual?

Más de 400 bulos, pero también más de 650 piezas de contenido informativo. No solo contrastamos bulos: también hemos explicado temas y hemos desarrollado artículos de periodismo de datos gracias al trabajo de nuestros compañeros de Maldito Dato, por ejemplo.

La respuesta es sí, tenemos más trabajo que nunca. Además, estamos dedicados a la crisis del coronavirus casi exclusivamente. Todo esto es posible gracias al trabajo en equipo de toda la gente de Maldita, que estamos haciendo con el mejor de los espíritus. Ahora mismo somos entre 20 y 25 personas, entre periodistas, técnicos y otros perfiles.

«Siempre decimos que hay que confiar en los expertos, y hoy en día son más importantes que nunca»

También contamos cada vez con más personas que ponen a nuestra disposición su conocimiento. Siempre decimos que hay que confiar en los expertos, y hoy en día son más importantes que nunca: en medio de esta crisis necesitamos validar información sobre temas que van desde la virología hasta psicología pediátrica, pasando por asuntos legales o epidemiología, por ejemplo.

– ¿Cómo trabajáis para desmontar los bulos?

Cuando un tema empieza a viralizarse, la gente nos lo envía por diferentes vías, como redes sociales o Whatsapp. Es muy curioso: nos llega algo, en la siguiente media hora llega otras tres veces, en la siguiente otras ocho, y a las dos horas ha llegado ya unas 20 veces. Vemos que se está viralizando y que cada vez hay más gente interesada en saber si es cierto.

Nuestro primer paso es ver quién sería una fuente autorizada para hablar sobre el tema. A veces es un experto, otras una autoridad. A partir de ahí es un trabajo periodístico bastante clásico, en el que se busca confirmar la veracidad de la información.

– De los que habéis desmentido en las últimas semanas, ¿hay alguno que haya sido especialmente llamativo por su nivel de difusión o por su gravedad?

Es difícil escoger alguno en medio de esta espiral de locura. La semana pasada, por ejemplo, empezó a moverse un vídeo de un médico argentino explicando que hacer vahos con vapor de agua podría reducir el riesgo de infección por coronavirus. Pasó de cero a cien en una mañana. De repente me llegó por ocho vías diferentes.

Ha pasado lo mismo con audios. Había uno atribuido al jefe de cardiología del Gregorio Marañón que empezó a compartirse y compartirse hasta que de repente explotó y estaba en todos lados.

Otro caso diferente fue el de un médico de Granada, que explicaba cómo determinados pacientes tenían una reacción muy grave a la COVID-19. En este caso la información no era falsa, pero estaba descontextualizada. Era información especializada y dirigida a otros médicos sobre casos muy concretos. Sin embargo, pasó por el Facebook de Spiriman y llegó a mucha gente, generando una sensación de alarma.

– Ahí entramos en el terreno de la sobreinformación. Temas que generan confusión porque se extraen de círculos especializados y se llevan al público general.

Efectivamente. Es algo que en este contexto, en el que la gente está tan asustada, es grave. En ocasiones, si no das contexto, da igual que lo que digas sea verdad o mentira. El problema se da cuando la gente no puede interpretar lo que le llega y se asusta. Y es normal, porque la gente no puede saber de todo. Por eso debemos ser todos responsables con la información que llega a nuestras manos.

– Además de bulos, estos días hay mucha propaganda. Por ejemplo, empresas que dicen haber desarrollado vacunas y tratamientos. ¿Cómo contrastáis esta información?

El problema que tiene la información científica, en concreto, es que hace falta cierto entrenamiento para poder entenderla bien y saber cuándo lo que te están contando tiene una base sólida o no. No vale con que haya un estudio detrás, debe cumplir determinados criterios.

En esta situación está surgiendo gente que quiere sacar provecho, personas que venden supuestos remedios o empresas que dicen tener una solución. El problema es pensar que la ciencia es pura y objetiva y no tiene intereses detrás. La ciencia la hacen personas y hay que tener cuidado, conocer los mecanismos que validan una investigación científica.

– ¿Tenéis algún ejemplo?

Hay un caso muy llamativo que es el de la hidroxicloroquina, un medicamento que se usa para la malaria. Hace unas semanas salió un estudio en Francia que decía que cuando se trataba a los pacientes de gravedad con hidroxicloroquina combinada con azitromicina, estos se curaban al cien por cien y de forma rápida.

El problema es que el estudio estaba probado en 26 pacientes, una muestra muy pequeña para sacar conclusiones. Además, se trataba de un preprint, un estudio que todavía no ha sido aprobado para ser publicado en una revista científica, pero que se sube a internet porque en momentos como este los avances en el conocimiento deben compartirse más rápido de lo habitual.

Se aprobó en tres días, un tiempo cortísimo en este tipo de procedimientos, porque además el autor principal del estudio es el director de la revista en la que se publicó. Por último, no había grupo de control, es decir, otros pacientes a los que no se les había dado el medicamento, para comparar los resultados. Toda una serie de detalles que daban a entender que la investigación era de una calidad malísima.

Rocío Benavente, de Maldita Ciencia: "Estamos en el caldo de cultivo perfecto para que se generen este tipo de situaciones y hay que tener mucho cuidado".

Lo que pasó fue que cayó en manos de Donald Trump, que puso unos tuits diciendo que la combinación de hidroxicloroquina y azitromicina iba a cambiar la historia de la medicina. Mucha gente empezó a comprar hidroxicloroquina, un medicamento que debe tomarse con prescripción médica y que además necesita la gente con enfermedades autoinmunes. No pueden quedarse sin él. Sin embargo, hubo farmacias desabastecidas y en Estados Unidos se intoxicó una persona por ingerirlo.

Si tú no sabes nada de ciencia y lees que la hidroxicloroquina cura a los enfermos graves de COVID-19, piensas: “¿cómo no le estamos dando hidroxicloroquina a todo el mundo?”. Que fue precisamente lo que hizo Trump. Estamos en el caldo de cultivo perfecto para que se generen este tipo de situaciones y hay que tener mucho cuidado.

– Ahí entra en juego también la prensa. ¿Qué está haciendo bien y qué está haciendo mal?

Yo creo que esta situación está poniendo de manifiesto lo importante que es contar con periodistas especializados en ciencia y en salud en las redacciones. Un tema que durante mucho tiempo se ha considerado importante, pero no vital. Ahora los medios están contando con expertos y esto es muy positivo.

Por otro lado, hay un problema general, que es que hay que llenar muchas horas de radio y televisión y generar muchos contenidos. Y esto es una oportunidad para los medios, que al final son empresas que buscan que ganar dinero, para buscar exclusivas y últimas horas que son muchas veces enemigas de la calidad y las conclusiones sólidas.

Creo que todavía no sabemos muchas cosas sobre el virus, sobre la enfermedad ni sobre la efectividad de la gestión de la crisis. Es muy pronto para hacer una reflexión, pero algunos medios sí se lanzan a hacerla para mantener la atención.

«Si no estás seguro de que algo es verdad, no lo compartas. El botón de compartir está ahí, a mano, y es de lo que viven las redes sociales, pero hay que poner un freno mental»

– Las redes sociales son una fuente de difusión de bulos, pero también valen para frenarlos y plantarles cara. ¿Qué consejos darías para evitar propagarlos?

Siempre decimos lo mismo. Lo decíamos antes y ahora lo enfatizamos todo lo posible: si no estás seguro de que algo es verdad, no lo compartas. El botón de compartir está ahí, a mano, y es de lo que viven las redes sociales, pero hay que poner un freno mental. Comprobar las cosas antes de enviarlas.

A veces hay cosas que nos indignan o cosas con las que estamos muy de acuerdo y no reflexionamos ni un segundo antes de compartirlas. Debemos dedicar al menos un minuto a intentar comprobar que lo que te ha llegado es verdad. Todos somos responsables en esto y todos tenemos la posibilidad de no hacerlo más.

Rocío Benavente, de Maldita Ciencia: "Si no estás seguro de que algo es verdad, no lo compartas"

Respecto a esta crisis en concreto, es muy importante informarse en medios oficiales, como pueden ser el Ministerio de Sanidad o la Organización Mundial de la Salud. Y, sobre todo, no tomar decisiones relacionadas con medicamentos sin informarse debidamente antes. Ha habido otro bulo que decía que las personas que toman medicamentos para la hipertensión están más expuestas a la COVID-19, y la Agencia Española del Medicamento y los propios sanitarios pidieron que nadie dejase de tomar medicamentos por este tema. Recordando que la hipertensión es un problema serio y que por reducir un riesgo de infección puedes generar otros.

Y, por último, que si alguien tiene alguna duda sobre la veracidad de una información, que consulte al equipo de Maldita Ciencia. Nos dedicamos a desmentir todo lo desmentible.

– Cuando todo esto termine, ¿qué crees que habremos aprendido?

Espero que aprendamos algo de todo esto. En el tema de la información y la desinformación, yo creo que mucha gente se está dando cuenta de que lo que hay ahí fuera no siempre es verdad y de que es importante tener cuidado. Y están aprendiendo a valorar la diferencia entre la información de calidad y las cadenas de Whatsapp.

La gente también se está dando cuenta de que las opiniones son una cosa muy sobrevalorada, que no sirve para mucho en algunos contextos. En un momento como este no quiero opiniones, quiero datos e información contrastada por expertos. Quiero pensar que cuando esto pase, estas lecciones habrán calado y seguirán presentes en nuestras vidas.

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Imágenes | Paloma López Learte, Unsplash/Elijah O’Donnell, Pexels/Startup Stock Photos, Unsplash/visuals

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