Santiago Pérez, astrofísico: "El agua que bebemos es extraterrestre"

El astrofísico Santiago Pérez va más allá de Venus: «El agua que bebemos es extraterrestre»

El astrofísico Santiago Pérez Hoyos junto al telescopio T50 del Observatorio Astronómico Aula Espazio (Pablo Viñas/ Diario ‘Deia’).

El descubrimiento de moléculas de fosfano en el planeta Venus ha reavivado la polémica sobre la existencia de vida extraterrestre.

El astrofísico vasco Santiago Pérez Hoyos, investigador y miembro del Grupo de Ciencias Planetarias de la UPV/EHU, cree que este hallazgo ha abierto líneas de investigación muy interesantes que podrían dar un giro completo a la astrobiología.

Pérez Hoyos nació hace 43 años en lo que muchos consideran el centro del universo y otros llaman Bilbao. Cuenta que su afición por la astronomía comenzó en las noches de verano en el pueblo de sus abuelos, en el cántabro valle de Piélagos, “acompañado sobre todo por mi hermano mayor y también de los libros que iban cayendo en mis manos. Cuando conseguí un pequeño telescopio rojo, regalo de mis padres, supe que quería ser astrónomo”.

Eso implicaba seguir la carrera de Física y especializarse en Astrofísica, cosa que hizo en la Universidad Complutense de Madrid unos años más tarde. Pérez Hoyos se dedica al transporte radiativo -“sin ce”, aclara- en las atmósferas densas de los planetas del sistema solar: “El transporte radiativo estudia cómo la luz, es decir, la radiación, viaja a través de un medio. En mi caso, me interesa cómo se propaga a través de las atmósferas planetarias que son lo bastante densas como para dejar algunas huellas en la luz. Gracias a ellas, podemos estudiar su composición, temperatura y por ejemplo cómo se forman nubes de diferentes compuestos”.

«¿Qué hacemos con Venus?»

– Hace unos días, se preguntaba en su blog ‘Desde la azotea’ qué hacemos ahora con Venus. ¿Es realmente crucial el hallazgo?

Los recientes descubrimientos en el planeta vecino han puesto en primera línea de la astrobiología a un cuerpo que todos asumíamos que estaba completamente muerto. No creo que las prioridades en este campo vayan a cambiar, al menos de momento, pero sí se han abierto algunas líneas de investigación interesantes que hasta ahora apenas se habían considerado. Si alguna de ellas se confirma, entonces sí que podremos hablar de un giro completo en la astrobiología.

El planeta Venus (Wikimedia Commons/NASA).

– ¿Qué es el fosfano y por qué puede ser, o no, un biomarcador, una «huella de vida»?

El fosfano, PH3, en inglés phosphine, es una molécula que se forma en unas condiciones muy especiales. En el caso de la Tierra solo la hemos visto en ambientes artificiales y como aparente resultado del metabolismo de algunos organismos anaeróbicos. ¡El fosfano es literalmente un veneno nauseabundo! Los planetas gigantes, Júpiter y Saturno, son capaces de formarlo por su enorme contenido en hidrógeno y sus presiones descomunales. Pero en planetas rocosos, hasta el momento no conocemos más mecanismos para crearlo que los que he comentado, por lo que hace un año se señaló el fosfano como posible ‘chivato’ de la presencia de seres vivos en planetas similares al nuestro. Nadie, creo, pensó en ese momento en Venus.

EL LADO OSCURO DEL PLANETA

– El Grupo de Ciencias Planetarias de la EHU/UPV participa en una misión internacional que estudia el lado oscuro de Venus. ¿Qué ocurre ahí?

Algunos compañeros del Grupo de Ciencias Planetarias, como el profesor Agustín Sánchez-Lavega, Ricardo Hueso, Itziar Garate, o Javier Peralta, participaron en el instrumento Virtis de la misión Venus Express de la Agencia Espacial Europea, que finalizó en 2014. Gracias a sus datos han podido estudiar la compleja dinámica atmosférica del planeta, muy diferente de la del nuestro y, al mismo tiempo, con una serie de similitudes muy interesantes. Las características del instrumento les permitía estudiar las nubes del lado nocturno de Venus y cómo se producía el movimiento de grandes masas de aire de unos lugares a otros del planeta a velocidades que pueden superar los 300 km/h.

Misión Venus Express (ESA).

– La misión japonesa Akatsuki está orbitando actualmente Venus y hay otras previstas por la ESA y la NASA. También se habla de la futura misión Davinci+, una nave capaz de atravesar su densa atmósfera. ¿Tan apetecible es este planeta, desde un punto de vista astrofísico?

El problema de Venus es que está completamente cubierto por nubes tremendamente densas de ácido sulfúrico y solo podemos estudiar su superficie utilizando radares, como hizo la misión Magallanes. Sin embargo, de esta forma perdemos información sobre la atmósfera más profunda y la única manera de investigarla es usar misiones que de una manera u otra consigan información por debajo de las nubes y para ello no queda otra que entrar.

LA MISIÓN DAVINCI+

– ¿No se ha hecho ya?

En el pasado se aterrizaron algunas sondas e incluso se enviaron globos aerostáticos, pero la presión y la temperatura son bestiales por debajo de las nubes y llevamos décadas sin una misión de este estilo. Davinci+ está pensada para reconstruir la evolución atmosférica de Venus, para saber si pudo ser un planeta más amable en algún momento pero, a la luz de los nuevos resultados, también podría enseñarnos unas cuantas cosas sobre cómo funciona la química atmosférica en Venus y si el fosfano podría tener un origen inorgánico.

– No deja de ser sorprendente el hallazgo del fosfano, habida cuenta de que Venus se consideraba un planeta ‘muerto’ para hallar biomarcadores, y las condiciones para que se dé la vida, tal como la conocemos, son pésimas.

Según las declaraciones de los propios descubridores, ellos mismos fueron los primeros sorprendidos. De hecho, se podría interpretar este resultado también como el primer escollo que esta molécula debe superar para ser considerada en el futuro como un biomarcador fiable cuando lo detectemos en otros planetas rocosos.

HUELLAS DE VIDA EN EL SISTEMA SOLAR

– ¿Qué otros planetas y satélites del sistema solar podrían albergar huellas de vida?

Sin duda, Marte es el centro de la búsqueda de vida, no solo por su más que probable pasado más húmedo y cálido, sino también por su aparente potencial para la preservación de huellas de la actividad biológica. En un terreno muy diferente se moverían las lunas heladas de Júpiter (Europa, Ganímedes) y Saturno (Encélado) que ofrecen posibles hábitats en forma de océanos de agua salada bajo su gruesa corteza de hielo. Incluso hemos visto cómo se escapaba agua líquida a través de los famosos géiseres de Encélado que descubrió la misión Cassini. Pero es difícil recabar información sobre ellos, suponen un auténtico reto para la exploración espacial.

El róver Curiosity explorando la superficie de Marte (NASA).

– ¿Cuál es la principal investigación para hallar indicios de vida en Marte y en qué consiste?

Curiosity, el róver de NASA, ha mostrado que hace algunos miles de millones de años algunas partes de la superficie de Marte estaban cubiertas de agua, en un ambiente que podríamos asemejar a un lago terrestre. Hay algunas discrepancias, pero esto pudo durar varios cientos de millones de años, tal vez tanto como 1.500 millones de años. La Tierra no necesitó tanto tiempo para formar los primeros seres vivos. Siguiendo el legado de Curiosity, el próximo róver Perseverance, que amartizará a principios de 2021, es sin duda el mayor experimento de búsqueda de vida que hemos mandado a nuestro vecino en las últimas décadas. Algunos de sus instrumentos podrán ‘olisquear’ buscando los restos de la actividad biológica presente mientras que otros indagarán en un ambiente muy interesante, en los terrenos arcillosos del antiguo delta del cráter Jezero, para buscar evidencias de vida pasada.

Delta del cráter Jezero de Marte, donde el róver Perseverance de la NASA buscará evidencias de vida pasada en 2021 (NASA).

EN BUSCA DEL GEMELO DE LA TIERRA

– Si es tan difícil hallar pruebas de vida en planetas y satélites astronómicamente cercanos, ¿qué podemos esperar del estudio de los exoplanetas?

Con los instrumentos de nueva generación, tales como el telescopio espacial James Webb o los grandes telescopios de 30 metros, como el E-ELT podemos aspirar a conocer un poco mejor la temperatura y la composición de las atmósferas de planetas situados en la zona de habitabilidad y comprobar si efectivamente tenemos que seguir considerándolos como potencialmente habitables o si podemos descartarlos. Conseguir biomarcadores robustos, huellas claras e inequívocas de la vida nos daría una manera sencilla de incluso llegar a saber si un planeta está realmente habitado por organismos similares a los de la Tierra. Esta aventura ocupará buena parte de nuestros esfuerzos durante las dos próximas décadas.

– ¿Qué es la llamada zona habitable y cuántos exoplanetas podrían reunir estas características?

Son zonas ni demasiado frías ni demasiado calientes alrededor de las estrellas, que permiten la presencia de agua líquida en superficie. El lugar donde uno esperaría encontrar un gemelo de la Tierra. Sin embargo, es solo una primera aproximación basada en la temperatura de la estrella y la distancia del planeta, que no tiene en cuenta otros factores fundamentales como la composición de las atmósferas. Actualmente, gracias sobre todo a los resultados de la misión Kepler, identificamos una o dos docenas de exoplanetas que podrían ser ‘Tierras’ templadas, gemelos de nuestro planeta.

Tabla de los exoplanetas confirmados hasta ahora según su tamaño (PHL @ UPR Arecibo).

¿Qué aporta el estudio de los exoplanetas en la zona habitable?

Estamos quizá en una fase preliminar, debemos desarrollar sensibilidad instrumental suficiente para poder estudiarlos con detalle y conocer su temperatura y posible presencia de biomarcadores. De momento estamos más bien creando una lista de planetas tan parecidos a la Tierra como sea posible. Entre esta lista destaca Proxima Centauri b no solo por su habitabilidad, que algunos trabajos han puesto en entredicho, sino también porque orbita alrededor de la estrella más cercana a nuestro Sol, a ‘solo’ 4 años-luz de distancia.

BACTERIAS Y CIVILIZACIONES

– ¿Cabría la posibilidad de encontrar algo más allá de unas bacterias? Es decir, ¿las formas complejas de vida solo se darían en una carambola cósmica como la de la Tierra?

Cuanto más complicado sea el ser vivo que busquemos, más improbable será encontrarlo. Otros esfuerzos como el programa SETI llevan décadas buscando señales de civilizaciones extraterrestres, hasta ahora sin resultado. La mayoría de nuestros esfuerzos se centran en las formas de vida más numerosas y resistentes que conocemos, que son también las más sencillas. Cuando las detectemos, o no, podremos formarnos un juicio más fundamentado sobre la probabilidad de encontrar otras formas de vida más especializadas, como la nuestra.

– Cabe preguntarse también qué es un ser vivo

Esa es una de las grandes preguntas que debe responder la biología y algunos ‘bichos’, como los virus, se sitúan en una frontera difusa entre seres vivos e inertes.

EL AGUA O LA VIDA

– ¿Sin agua es imposible que haya vida?

Debo decir que la búsqueda de vida en otros planetas debería siempre llevar la coletilla «tal y como la conocemos». Y la vida que nosotros conocemos, sí, requiere de la presencia de agua líquida para formar sus propias estructuras internas. Se mantienen abiertas otras líneas de investigación, pero no son prioritarias en la actualidad.

– Frente a la falta de resultados de la astrobiología, que no ha conseguido aún hallar indicios de vida extraterrestre ni dentro ni fuera del sistema solar, gana puntos la teoría de la ‘Tierra rara’, defensora de la improbabilidad de que se produzcan condiciones como las nuestras. ¿Qué opina al respecto?

Solo conocemos un lugar donde exista la vida, la Tierra, y todas las formas de vida que conocemos están emparentadas con un origen común. Por lo tanto, hasta donde sabemos, la vida solo ha aparecido una vez en el universo. Ahora, la hipótesis de la ‘Tierra rara’ la podemos poner a prueba buscando formas de vida en otros lugares. En ello estamos.

– La vida en la Tierra podría tener un origen extraterrestre, fruto del impacto de un meteorito. ¿Qué pudo traer este meteorito?

La teoría de la panspermia sostiene que la vida puede ‘viajar’ de unos planetas a otros. Esto puede ser potencialmente posible, pero no está comprobado. Sí sabemos que planetas como el nuestro recibieron un aporte significativo de algunos elementos, que llamamos volátiles, a través de las colisiones con asteroides o cometas. Por ejemplo, el agua. Parece mentira, pero probablemente el origen de algo tan prosaico como el agua que bebemos se sitúa fuera de nuestro planeta, hace varios miles de millones de años, cuando la Tierra aún se estaba enfriando.

MÚSICA VENUSIANA

– Una última, en clave musical: ‘Pink Floyd’ le puso música al lado oscuro de la Luna. ¿Qué grupo podría inspirarse en el lado oscuro de Venus?

Creo que el durísimo ambiente de Venus requiere una música más heavy metal densa y pesada. Al mismo tiempo, Venus es un planeta muy complejo y oscuro. Creo que algo así podría encajar muy bien con el metal progresivo de la banda ‘Tool’, ¡vamos a ver si recogen el guante!

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Imágenes | PabloViñas-Diario ‘Deia’ / NASA / ESA / PHL-UPR Arecibo / Wikimedia Commons/NASA

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