Valeria Cagnina, experta en robótica con 17 años: "Nada es imposible"

Valeria Cagnina, profesora de robótica con 17 años: “Nada es imposible, si tienes curiosidad”

valeria cagnina Valeria Cagnina nació hace 17 años en una pequeña ciudad del norte de Italia. A los 11 años se apasionó por la robótica. A los 14 fue ponente en Tedx Women, en Milán, y a los 16 años fue senior tester en el Massachusetts Institute of Technology (MIT). Hace un año fundó su propia empresa, que ahora lleva con su socio, Francesco Baldassarre, de 25 años.

Valeria lidera un equipo de 10 educadores que siguen el modelo pedagógico Learning by doing. Viaja por el mundo hablando de robótica y organiza cursos para niños y directivos. Es autodidacta y comenzó a programar gracias a los tutoriales de YouTube y una placa Arduino.

Hablar con ella sobre los principales temas de la revolución digital intriga e impresiona. ¿Es ella muy madura o nosotros los ‘mayores’ vivimos en otro mundo?

– ¿Cómo llegaste a ser lo que eres ahora, una experta en robótica?

Mis padres no saben nada del mundo informático, pero siempre me dejaron la libertad para usar internet. Algo que, especialmente en provincia, no era tan común entre los niños de mi edad. Los padres a veces ven la red como el mal absoluto. En cambio, gracias a ella pude conocer a personas de todo el mundo y entender lo que estaba sucediendo en el otro lado del planeta.

– ¿Y de allí nació tu pasión por los robots?

A los 11 años ya había comenzado con los primeros experimentos gracias a YouTube. Luego, me enteré de que en Boston se hacían los mejores robots del mundo. Comencé a enviar correos electrónicos a los distintos departamentos, hasta que uno de ellos me respondió. Me pusieron a prueba enviándome un kit para construir un robot. Era muy difícil para una quinceañera y requería bases universitarias. Sin embargo, pese a que me resultaba difícil, les mandaba muchas preguntas a través de Slack. Vieron que mi interés era real y, finalmente, me concedieron una beca para ir a Boston durante tres meses a trabajar en el proyecto Duckietown.

Los robots se quedarán los trabajos aburridos y repetitivos, que nadie quiere hacer, y nos dejarán los creativos.

– ¿Qué tenías que hacer?

El objetivo era construir un robot que debía moverse dentro de una pequeña ciudad, evitando a los peatones y respetando las señales de tráfico. Al mismo tiempo, tuve que simplificar los tutoriales universitarios y hacerlos factibles incluso para los estudiantes de secundaria.

DE LA PROVINCIA ITALIANA A SILICON VALLEY

¿Has visto un mundo muy diferente al de la escuela italiana?

La escuela italiana no puede entender que tengas una empresa y al mismo tiempo saques buenas notas. Me dijeron que si continuaba con tantas actividades extraescolares no aprobaría. Por lo que tuve que tomar una decisión drástica e ir a la escuela privada el año pasado para poder terminar el curso.

– ¿También el mundo del trabajo es mejor en EE.UU.?

Nosotros visitamos las oficinas del Silicon Valley, que es una realidad muy peculiar. Desde el punto de vista del trabajador, pueden ser situaciones un tanto opresivas. Sin embargo, nuestras escuelas y empresas deberían copiar la idea de los espacios creativos, lúdicos y abiertos. Pero, al mismo tiempo, permitir a las personas conciliar mejor su vida privada y su trabajo.

Las personas de mi edad carecen de curiosidad. Es posible tener una pasión diferente a la de los amigos.

– ¿Te consideras una excepción?

En Italia es difícil encontrar personas que con 17 años tengan su propia empresa. Pero si vas a Boston o San Francisco, hay muchos jóvenes como yo, que ya han encontrado su pasión y la persiguen creando una empresa. En mi opinión, las personas de mi edad carecen de curiosidad. Nosotros tratamos de dejar en claro que es posible tener una pasión diferente a la de los amigos. Y luego también intentamos transmitir el concepto de que un billete de avión a Boston, o a cualquier otro destino, cuesta menos que el móvil que tienen en sus bolsillos. Viajar te permite abrir tu mente y comprender que tu ciudad no es el mundo. Y que hay muchos jóvenes que viven de una manera completamente diferente.
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– ¿Te ves fuera de Italia en el futuro?

Ahora he sido admitida en la facultad de ingeniería del Politécnico de Milán y me gustaría continuar con la empresa. No sé si me quedaré en Italia, pero no es un problema. En parte porque ya hacemos muchas actividades en el extranjero. Vivimos en una dimensión internacional, en inglés, que debería estudiarse desde una edad muy temprana. Lo ideal sería criar a un niño bilingüe. Para mí ir al extranjero no es un problema, sino una oportunidad. Hoy no existen confines y viajar no es tan caro como algunos todavía piensan. La mayoría de los jóvenes de mi edad trabajará en entornos internacionales, donde cambiar de profesión y país será normal.

LOS ROBOTS COMO ALIADOS, NO COMO RIVALES

– ¿Pero trabajarán de verdad o los robots ya lo harán todo?

Los robots robarán muchos trabajos, pero esto es positivo. Porque robarán solo los más aburridos y repetitivos, que ningún humano querría hacer. Nos dejarán los trabajos creativos, que nos obligan a razonar. Al final, los robots crearán muchos más trabajos de los que quitarán. Espero que todos en el futuro puedan tener un empleo con alto uso de razón y que puedan convertir su propia pasión en un trabajo.

– ¿De verdad crees que todo el mundo podría seguir tu ejemplo?

El talento y las habilidades en robótica dependen mucho del enfoque que tienen los niños, que casi siempre depende de sus padres. Tenemos niños muy buenos que vienen desanimados por sus padres. La primera regla de nuestra escuela es que nada es imposible. Todos pueden construir su propio robot y nadie puede decir “no puedo hacerlo”, porque creemos que solo es un bloqueo mental para convencernos de que nos rindamos.
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ENSEÑANDO A LOS ADULTOS

– También trabajáis con directivos y adultos.

Sí, no nos dirigimos solo a personas que desean dedicarse a la programación, sino que tratamos de combinar la parte técnica con el desarrollo de la creatividad y la curiosidad. Son factores que normalmente las personas no tienen la oportunidad de implementar en el trabajo. Las empresas a menudo nos llaman y nos dicen: “Necesitamos que les quitéis la tierra de debajo de los pies a los directivos”. Al realizar actividades disruptivas, logramos subvertir su vida cotidiana de manera que aporten lo que han aprendido también a su actividad laboral.

– ¿Y cómo te reciben los adultos?

Me gusta más trabajar con niños, mientras que Francesco prefiere los adultos. De los dos grupos se pueden sacar habilidades diferentes. Los pequeños tienen la inclinación natural a cooperar, incluso si no lo hacen mucho en la escuela. Obviamente con los adultos hay un poco más de obstáculos. Al principio te miran mal. Piensan: ¿qué vienen a enseñarme una niña de 17 años y un chaval de 25? Pero al final acaban involucrándose. El reverse mentoring entre generaciones es útil porque todos tenemos que aprender y actualizarse es fundamental, al igual que la curiosidad.
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LA NECESIDAD DE UNA EDUCACIÓN DIGITAL TEMPRANA

– ¿Por qué parece que este sector no esté hecho para las mujeres?

La falta de propensión de las mujeres a acceder a los estudios STEM y luego a las profesiones tecnológicas depende en gran medida de los estereotipos que aún imponen las familias y la escuela. Todavía es común escuchar que las niñas tienen que jugar con las muñecas y no con los Legos. También lo vemos con los niños con los que trabajamos. Hasta los 6-7 años tenemos más o menos el mismo porcentaje de hombres y mujeres. Cuando comienzan a crecer, los padres dirigen a las niñas hacia campos que consideran más adecuados. Y la programación o la robótica todavía se ven como algo ‘masculino’. Debemos dar a todos la oportunidad de expresarse en el ámbito que prefieran. Además, las partes científicas y humanísticas se pueden combinar fácilmente. La ética, por ejemplo, es un elemento clave que mezclamos con la robótica cuando trabajamos con los niños.

– ¿Es todo positivo en la tecnología?

Nosotros jugamos y nos divertimos tratando de enseñar tanto las hard como las soft skills. Con la tecnología, a partir de las redes sociales, es necesario ser conscientes. Y para crear generaciones más conscientes se necesita una educación digital que empiece en la escuela. Nosotros intentamos hacerlo. No prohibimos la tecnología, pero enseñamos a usarla de manera consciente, aprovechando las muchas cosas buenas que tiene.

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