M. Attisani (Watly): “Queremos ser una estación de servicio del siglo XXI"

«No podemos aceptar que nuestro desarrollo se base en la destrucción»

watlyMarco Antonio Attisani, 47 años, italiano. Tiene un sueño: hacer algo a nivel empresarial que tenga sentido para la sociedad.

En 2013 fundó la startup Watly, en Barcelona, ​​con el objetivo de resolver el problema del suministro de agua potable en las zonas subdesarrolladas y desérticas del planeta.

Construyó una máquina, la Watly, capaz de purificar el agua contaminada utilizando la energía solar. Y que, al mismo tiempo, se convierte en un hot-spot para la conectividad y en un punto de carga universal para todos los dispositivos eléctricos.

Después de seis años de la fundación de la empresa, Attisani tuvo que cambiar de estrategia, pero la misión sigue siendo la misma: “Influir en la sociedad centrándose en un modelo de desarrollo sostenible y en tecnología al servicio de las necesidades del planeta y de las personas». El empresario nos explica cómo hacer que un sueño sobreviva a pesar de todo.

– ¿Qué es Watly hoy?

Queremos ser la estación de servicio del siglo XXI. Las funciones principales son ser un centro de carga eléctrica a través de energía fotovoltaica y una central para la distribución de agua purificada. La estación también es un punto de acceso wifi muy potente con un radio superior a un kilómetro. Queremos convertirnos en uno de los pilares de la smart city del futuro. Una plataforma de servicio y recarga para todos los dispositivos de movilidad eléctrica ligera, como bicicletas, monopatines, motos.

Watly, la maquina que produce energía y agua limpia

– ¿Cómo funciona?

La estación es modular, por lo que se puede montar fácilmente en diferentes tamaños, de dos metros a cuarenta. Los paneles fotovoltaicos generan electricidad para alimentar la electrónica interna de la máquina y para recargar dispositivos externos. El calor generado es absorbido por paneles térmicos que alimentan un sistema de destilación del agua por compresión de vapor. El agua es purificada de todas las sustancias, como el arsénico, el plomo o el cloro. Luego es remineralizada para mejorar su sabor de forma natural. El siguiente paso será crear una interfaz con la que el usuario pueda elaborar un agua personalizada de acuerdo con sus propios gustos de mineralización.

«Al principio, la gente nos veía como una especie de ONG para llevar el agua a África. Ahora nos gustaría explorar la recaudación de fondos a través del mercado de las criptomonedas»

– ¿Cómo se te ocurrió la idea?

Me acerqué al mundo de las energías renovables en 2008, el año de la crisis. Leí un artículo que hablaba de que 1.000 millones de personas en el mundo no tenían acceso al agua potable. Busqué un sistema como el que tenía en mente y no lo encontré. Tenía ante mí la posibilidad de cumplir mi deseo: hacer algo a nivel empresarial que tuviera sentido para la sociedad. Así que fundé Watly en 2013. Durante los primeros años estuvimos en Barcelona. Luego, en 2016, volví a Italia.

África, una misión imposible (todavía)

– ¿Al principio pensabas sobre todo en África?

No solo. En todos los lugares del mundo donde existe un problema de suministro de agua. Watly puede purificar 5.000 litros de agua al día sin usar filtros o membranas que requieran mantenimiento. Se garantiza un nivel óptimo de pH y minerales, además de 150 kWh de energía diaria producida por los 80 paneles fotovoltaicos. En un ciclo de 15 años, una sola unidad de Watly podría evitar la producción de hasta 2.500 toneladas de emisiones de gases de efecto invernadero y generar 1 GWh de electricidad limpia y gratuita.

– ¿Estuviste en África?

Sí, muchas veces. También me fui a Ghana con Discovery Channel para llevar la primera máquina de Watly. Fue una bellísima experiencia humana. Estuvimos en un pueblo donde no había lavabos pero había 4G. Allí me di cuenta de que Watly podía ser un punto de encuentro y una referencia para la comunidad. Los niños se quedaban en la estación todo el día. Entonces los jefes de la aldea me preguntaron si la máquina también podría producir grappa

– ¿Por qué no funcionó?

Dediqué seis años de mi vida a la idea de que las áreas con dificultades de abastecimiento de agua, como África, Sudamérica y también Australia, podían ser una gran oportunidad. Desafortunadamente, a nivel comercial hemos logrado muy pocos resultados y casi tuvimos que cerrar. A lo largo de los años, he tenido muchos contactos con personalidades de Senegal, Nigeria y Camerún. Nada cuajó. No había recursos financieros suficientes para iniciar el proyecto. Espero que África pueda arrancar, pero por ahora es muy difícil. África tendría todos los recursos naturales para la industria renovable, que es la industria del futuro. Pero si hubiera tenido que esperar la explosión de este potencial, ya habría cerrado.

La estación de servicio de las smart cities

– ¿Cuál es la nueva misión?

Nuestra misión sigue siendo la misma, pero ha cambiado el enfoque de mercado. Hoy queremos instalarnos en Europa y luego, quién sabe, todavía espero que en el futuro podamos volver a África. Watly será una estación de servicio que, en lugar de resolver el problema del acceso al agua, ofrecerá un producto de alta calidad. Un agua para paladares finos. Y también nos comprometemos con la lucha contra el plástico. De hecho, Watly está diseñada para no permitir que el agua se rellene en recipientes de plástico.

«Es hora de cambiar completamente nuestro paradigma industrial. Ya no podemos aceptar que nuestro modelo de desarrollo se base en la destrucción»

– ¿Cuándo comenzará y dónde?

Ya hemos construido tres prototipos operativos que ahora se encuentran aquí, en Udine (norte de Italia), y que son visitados por inversores y políticos. Junto con algunas administraciones públicas, hemos identificado lugares donde activar el proyecto piloto en 2020. Las tres primeras estaciones se ubicarán en Trieste, Milán y Turín (Italia). Luego me gustaría llegar a España, donde viví durante 11 años, y que está por delante de Italia en el concepto de smart city. Al final, me gustaría poner una o dos estaciones por país europeo, en lugar de cubrir una nación entera. Prefiero abrir un proceso de inseminación de la idea en lugar de realizar una expansión comercial.

– Con todos estos obstáculos, ¿cómo puedes mantenerte tan optimista?

Intenté llevar a cabo una misión, porque si solo hubiera buscado el dinero, ya habría cerrado. La gente ahora me llama ‘Mr. Watly’ por lo que me he identificado con el proyecto. De todas formas, he tenido muchas satisfacciones personales. Como la de ser incluido entre los personajes que representan los objetivos de sostenibilidad de las Naciones Unidas en todo el mundo. Ahora soy una especie de embajador del objetivo número 6, el del agua.

el futuro de watly

– ¿Quién trabaja ahora en Watly?

Nuestro equipo está formado por ingenieros electrónicos, mecánicos y químicos. Hoy en día, la startup cuenta con nueve empleados fijos, pero contamos también con varios consultores externos en función de la fase de planificación en la que nos encontramos. En la fase de construcción colaboramos con otras empresas porque necesitamos máquinas pesadas, y llegamos a ser 40 o 50 personas. La búsqueda de capital es obviamente el principal desafío.

– ¿Cómo lo hacéis?

Cada máquina tiene un coste de alrededor de 500.000 euros. Los dos millones de euros invertidos por el plan europeo Horizonte 2020 y las victorias en los premios Marzotto y el European Pioneers han sido fundamentales para realizar los prototipos. Además de muchos esfuerzos económicos personales. Por otra parte, el crowdfunding, en lo que a nosotros respecta, ha servido más para el marketing que para la financiación. Al principio, la gente nos veía como una especie de ONG para llevar el agua a África. Ahora nos gustaría explorar la recaudación de fondos a través del mercado de las criptomonedas.

– ¿Crees que ha llegado el momento para que Watly despegue definitivamente?

Los tiempos nunca han sido tan maduros. Hay una conciencia generalizada sobre problemas como la contaminación o el cambio climático. Y se está estableciendo la movilidad eléctrica. Es hora de cambiar completamente nuestro paradigma industrial. Ya no podemos aceptar que nuestro modelo de desarrollo se base en la destrucción. Para mí el genio es aquel que crea riqueza creando, no destruyendo recursos. Derribar un bosque para hacer muebles es muy fácil. En cambio, si inventas un modelo de negocio rentable basado en plantar árboles, entonces sí eres bueno. Las empresas del siglo XXI deben tratar de crecer financieramente defendiendo una misión que no sea ganar dinero. El dinero es una consecuencia de un buen propósito.

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Imágenes | BeWatly

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