En Facebook puedes negar el Holocausto, pero con el pecho a cubierto

En Facebook puedes negar el Holocausto siempre que no lo hagas enseñando un pecho

Facebook elimina cerca de 300.000 post al mes por considerar que incitan al odio y sigue avanzando en su lucha contra las fake news aumentando los recursos para verificar noticias, algo que trae de cabeza a la compañía de Zuckerberg desde las elecciones presidenciales de Estados Unidos de noviembre de 2016. En cuanto a publicaciones de contenido sexual y desnudos en adultos la red social dirigida por Mark Zuckerberg eliminó 21 millones en el primer trimestre de 2018.

Y es que la gestión de los contenidos en Facebook es una labor descomunal. 1.400 millones de usuarios comparten un volumen de contenido sin precedentes en la plataforma y, por ello, la compañía ha tenido que aumentar sus efectivos dedicados a la verificación y la seguridad, hasta 20.000 personas, de las que 7.500 se ocupan únicamente de los contenidos publicados. ¿Suficientes recursos? No lo parece y, por ello, la compañía de Zuckerberg está dirigiendo sus ojos a la inteligencia artificial en busca de ayuda. Recientemente  ha comprado la compañía Bloombury IA con la esperanza de que su tecnología sirva para comprender mejor el lenguaje natural en la red social.

facebook y los matices

Y es que esta labor de cribado de contenidos es difícil, no solo en términos cuantitativos, con muchos casos que entran en el territorio de los matices, algo que trató de argumentar el propio Zuckerberg, que es judío, ilustrando su explicación con las majaderías de los negacionistas del Holocausto a los que el directivo cree que hay hacer hueco en su plataforma en aras de la libertad expresión.

Aunque Facebook contara con los recursos suficientes para analizar cada uno de los post publicados en la red social, seguiría la controversia porque, después del análisis, llegaría una decisión tomada sobre la base de criterios personales y corporativos. Un debate que, por otra parte, pasa desapercibido para el común de los usuarios de esta red social, más preocupados por compartir un meme gracioso o la foto de la boda de una prima de Alcalá junto al cuñado de turno.

la libertad, bien mientras que no enseñe una teta

Pero entre, gracieta y comentario, frente a nuestros ojos se muestra un mundo virtual que no es ni pretende ser reflejo del real –sea eso lo que sea- sino una recreación de los empleados y los algoritmos de Facebook, muy preocupados en “dar la voz a la gente” siempre y cuando esa voz no comparta, por ejemplo, imágenes de senos. Y así se da la paradoja de que afirmar que el Holocausto no existió es un ejercicio de la libertad de expresión pero mostrar los pechos de la Libertad guiando al pueblo es ofensivo.

Quizás, más allá de una ventana con cristales tintados, Facebook sea un espejo que refleja nuestro escaso compromiso con la búsqueda de la verdad

La última víctima de la mojigatería de Facebook ha sido Rubens que, a estas alturas de la evolución del mundo, se considera un artista pornográfico. El caso es que la región belga de Flandes había decidido utilizar sus pinturas en una campaña turística y se topó de frente con esta línea las normas de uso de Facebook: “los anuncios que contengan contenido de orientación sexual, incluidos los desnudos artísticos o educativos, además de las estatuas, están prohibidos en el sitio”.

Aunque secretamente tenemos que reírnos de ello, tu censura cultural nos está dificultando la vida”, dice el consejo de turismo flamenco en una carta abierta a Mark Zuckerberg recogida por medios belgas. La buena noticia es que, una vez más, el efecto Streisand ha hecho de las suyas y la polémica ha conseguido que la campaña de Flandes haya llegado a todos los rincones del planeta. Bien por ellos que, además, se han tomado la cosa con bastante humor, como demuestra Peter de Wilde en su perfil de Twitter, ese otro gran intermediario.

risas que rebotan en las paredes de una burbuja

Y es que todo son risas en las redes, risas que rebotan sobra las gruesas paredes de nuestra burbuja de filtro. Pero, alguna vez, cuando encontremos tiempo para la reflexión, convendría que pensáramos sobre en el gran poder que acumulan los intermediarios que ponen las bases para la supuesta desintermediación digital.

La ficcionalización de los hechos y la factificación de las ficciones, la posverdad y el triunfo del individualismo narcisista frente a la conciencia cívica, son ideas poco “virales” pero no estaría mal que, como un virus, fueran penetrando en nuestra conciencia, no vaya a ser que pensemos que la realidad de Facebook –o, ya puestos, la de los medios de información tradicionales…o la que vemos con nuestros ojos- es la realidad. Como afirma José Manuel Velasco, hay que elevar el coste de la manipulación y la mentira.

O bien pudiera ser que, precisamente, el éxito de la compañía de Zuckerberg haya sido retratar con precisión nuestra verdadera naturaleza. Quizás, más allá de una ventana con cristales tintados, Facebook sea un espejo que refleja nuestro escaso sentido crítico y frágil compromiso con la búsqueda de la verdad y el conocimiento, labor que preferimos delegar en algoritmos y sesgos ajenos.