La historia del cable aéreo de Manizales y un Robin Hood colombiano

Un tren aéreo sobre los Andes, un Robin Hood criollo y el ‘boom’ del café colombiano

cable aéreo de Manizales

Honda es hoy una ciudad suspendida en el tiempo. Situada a más de 600 kilómetros de la costa atlántica colombiana, cualquiera diría que fue el puerto más importante del país durante siglos. A orillas de un gran río navegable, el Magdalena, fue clave de un imperio y pieza importante de una liberación. Y, también, el lugar en el que terminaba un tren aéreo objetivo de bandidos de leyenda e industriales cafeteros.

A 138 kilómetros de distancia por carretera de Honda se encuentra Manizales, ciudad del llamado Eje Cafetero, una de las regiones que hacen de Colombia el tercer país en producción de café del mundo. Entre Manizales y Honda se levanta una de las dos cordilleras de los Andes que atraviesan el país. Durante medio siglo, un cable aéreo de 73 kilómetros de longitud, el más largo del mundo en su época, salvó todos los obstáculos geográficos y abrió las puertas del desarrollo a la cuna cafetera de Colombia.

cable aéreo de Manizalez

El Robin Hood mariquiteño

Reinaldo Aguirre Palomo murió el 24 de febrero de 1940. Casi la mitad de sus 31 años los dedicó a robar. Cuatrero, bandolero y asaltante de vagonetas, al ‘Palomo Aguirre’ se le conocía también como el ‘Robin Hood mariquiteño’. A veces robaba a los ricos para repartir el botín entre los pobres. Y era oriundo de Mariquita, la localidad donde terminaba el cable aéreo que unía Manizales con el puerto de Honda.

“Asaltaba las grandes haciendas del norte del Tolima, las recuas de mulas donde se llevaban mercancías valiosas, los automóviles donde se transportaba el correo regional y las bolsas de dinero para los bancos, donde los había, o para pagar las nóminas de los maestros y demás empleados públicos de las pequeñas poblaciones que no contaban todavía con servicios bancarios”, señala el historiador Eduardo Santa. “Pero su especialidad fue el asalto al cable aéreo. No había semana en que la prensa regional no diera informaciones sobre su más reciente asalto”.

El ‘Palomo Aguirre’ conocía con exactitud los horarios del tren aéreo que cruzaba los Andes. Junto a un equipo de cuatro o cinco bandidos, y una buena red de informantes que le comunicaban cualquier novedad en el transporte, se convirtió en una leyenda. Tras años robando sacos de café y otras mercancías, su vida terminó con una bala, antes de que le atrapasen los más de 50 policías que le tenían rodeado.

cable aéreo de Manizales

El cable aéreo Manizales-Mariquita

Antes de que soñásemos con chips y electrónica, la tecnología tuvo otra vida. Una de máquinas de vapor, enormes motores grasientos y grandes obras de ingeniería. Pero, como siempre a lo largo de la historia, la tecnología fue la herramienta de las personas para cambiar el mundo. También en una época en la que todavía existían los bandoleros a caballo.

A principios del siglo XX, el río Magdalena era la gran autovía de Colombia al mar. Pero para llegar a ella desde el Eje Cafetero no había carreteras y era imposible construir vías. Todo lo que había eran los llamados caminos de herradura, solo aptos para animales de carga. Por eso, la mejor solución fue construir una especie de teleférico de mercancías y pasajeros que sobrevolase las montañas y conectase la región cafetera con el río.

Tras 10 años de trabajos, el cable aéreo Manizales-Mariquita quedó inaugurado en 1922. Cerca de 73 kilómetros de línea conectaban 22 estaciones. Los cables estaban soportados por 374 torres de acero y una de madera de hasta 55 metros de altura. Los vagones de mercancías que se movían por el cable contaban con ocho motores de 140 caballos y eran capaces de viajar, a tope de carga, a algo más de siete kilómetros por hora. Eso eran 10 horas de trayecto. El recorrido en mula tardaba 10 días.

torre del cable aéreo de Manizales

El boom del café colombiano

La industria del café ya era fuerte en Colombia antes del cable. De hecho, la obra fue financiada en su mayoría por industriales del Eje Cafetero. Pero esta obra de ingeniería y tecnología sí impulsó una época de crecimiento sin precedentes. De hecho, se estima que en el departamento de Caldas (del cual Manizales es capital) se doblaron las plantaciones de café durante la primera década del cable aéreo.

Impulsados por la tecnificación de la producción y la mejora del transporte, las cifras de producción cafetera en Colombia fueron acercándose al medio millón de toneladas. Durante los años 50 y 60 seguirían creciendo. Pero el verdadero boom, aunque difícilmente se puede explicar sin el desarrollo de los años 20 y 30, llegó ya en los 70. Ahí, otra revolución en el transporte, la de las carreteras y los coches, y la tecnificación agrícola llevarían la producción a máximos históricos de 1.000 millones de kilos, según la Federación Nacional de Cafeteros.

Paradójicamente, el transporte rodado, unido a los robos constantes iniciados por el ‘Palomo Aguirre’ y continuados por sus herederos, acabó con el cable aéreo a finales de los 60. Hoy, la carretera entre Manizales y Honda se recorre en poco más de tres horas. Aunque el tráfico fluvial de este puerto es testimonial. Y el único vestigio que queda del cable aéreo es la torre de Herveo, la única construida en madera, y una de las estaciones.

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Imágenes | Wikimedia Commons/Juanda097, Universidad de Manizales, Banco de la República en Colombia