El Mediterráneo se tropicaliza: ¿qué está pasando en mares y océanos?

El Ártico se ‘atlantifica’ y el Mediterráneo se ‘tropicaliza’: ¿qué les está pasando a los mares y océanos?

Pueblan los océanos desde la época de los dinosaurios, están formadas en un 96 % de agua y no tienen cerebro, huesos ni sangre. Las medusas son unos seres fascinantes que juegan un importante papel para mantener el equilibrio en los ecosistemas marinos.

Sin embargo, cuando este balance se rompe, la presencia de las medusas puede generar numerosos problemas. Alteran los ecosistemas, influyen en el resto de las especies y tienen un importante impacto en sectores como el de la pesca y el turismo. Hay pocas cosas menos apetecibles que una costa llena de medusas. Pero precisamente esto es lo que está sucediendo, desde hace años, en el Mediterráneo.

Un informe de reciente de WWF alerta de que este mar avanza hacia una ‘tropicalización’ de sus aguas y ecosistemas. Otro estudio, de la Estación Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés) señala que la llegada de las aguas cálidas cada vez más al norte está ‘atlantificando’ el océano Ártico. Se trata de dos problemas que, en realidad, son uno solo: el cambio climático, la contaminación y otras actividades humanas están teniendo un impacto directo en la salud y el futuro de nuestros mares y océanos.

Cuando el Atlántico se expande

La masa de hielo del Ártico está en continua transformación. Su cantidad varía enormemente a medida que pasan las estaciones: normalmente, la banquisa alcanza un máximo de extensión y grosor alrededor de marzo, después de los meses más fríos del año. A medida que aumentan las temperaturas, el hielo se derrite hasta llegar a un mínimo en septiembre. Con el regreso del frío, este se recupera y vuelve a hacer crecer la banquisa. Se trata de un ciclo que se repite año tras año.

Sin embargo, el reciente aumento de las temperaturas acelera cada vez más el derretimiento y dificulta, a su vez, que el hielo pueda recomponerse durante el invierno. A este problema se une un nuevo fenómeno: la atlantificación. Es decir, la llegada de las aguas más cálidas del océano Atlántico a latitudes cada vez más altas, lo que impide que el hielo del Ártico vuelva a formarse durante los meses fríos.

Así lo ha reflejado un estudio de la ESA tras analizar los datos recabados por los satélites SMOS y Cryo-Sat, lanzados con el objetivo de estudiar los océanos y las regiones heladas. “Investigaciones anteriores sugirieron que el hielo marino puede recuperarse parcialmente”, señalaron desde la ESA. “Sin embargo, nuevos hallazgos indican que el calor del océano está dominando este efecto estabilizador, reduciendo el volumen de hielo marino que puede volver a crecer en el invierno. Esto significa que este es más vulnerable al calor del verano y a las tormentas del invierno”, explicaron.

La atlantificación del Ártico tiene un impacto directo en su población.

El proceso tiene numerosas consecuencias en todo el planeta, pero, sobre todo, para los cuatro millones de personas que habitan en el Ártico. El deshielo pone en peligro su seguridad alimentaria, sus industrias, sus infraestructuras y hasta sus medios de transporte.

Un Mediterráneo tropical

Lejos de las frías aguas del Ártico, el gobierno de Turquía ha declarado la guerra al pez globo. Esta especie endémica, que llegó al Mediterráneo a través del canal de Suez, se está expandiendo rápidamente favorecida por el aumento de la temperatura del agua y la ausencia de depredadores naturales. Para frenar este desarrollo, las autoridades turcas han decidido dar una recompensa de 5 liras (unos 0,50 €) por cada ejemplar capturado.

Lo cierto es que el pez globo no es la única especie invasora que ha empezado a colonizar el Mediterráneo. El informe ‘The Climate Change Effect in the Mediterranean’, de WWF señala que casi 1000 especies exóticas se han adaptado a vivir en sus aguas durante las últimas décadas. El pez conejo, la barracuda y el mero pardo son algunos ejemplos.

Una de las principales causas de este cambio es el aumento de la temperatura de las aguas. De acuerdo con WWF, el Mediterráneo está viviendo un proceso de tropicalización, especialmente en la parte este (la más caliente de la cuenca). Como consecuencia, la vida bajo la superficie se ha transformado.

Muchas especies endémicas se han desplazado hacia zonas más frías o han visto sus números reducidos. En las aguas de Israel la presencia de moluscos ha disminuido casi un 90 %. Los bosques endémicos de posidonia (una especie muy importante para secuestrar carbono) también se han reducido, especialmente en el Mediterráneo español. Por otro lado, la presencia de medusas ha aumentado en algunas zonas. De acuerdo con el informe, en algunos puntos del golfo de Túnez los pescadores pueden llegar a atrapar más medusas que peces.

Estos cambios submarinos se reflejan, como no podía ser de otro modo, en la superficie. Las tormentas son más frecuentes e intensas, el capital natural de la región se ha reducido y empieza a notarse el impacto en sectores como la pesca o el turismo.

El Mediterráneo se tropicaliza, algo que puede tener un impacto en sectores como el turístico o el pesquero.

El 70 % del planeta

Lo cierto es que el Mediterráneo y el Ártico son algunas de las regiones del planeta más vulnerables al cambio climático. Un informe reciente del Arctic Monitoring and Assessment Programme (AMAP) señala que el Ártico se ha calentado tres veces más que la media mundial. En concreto, 3,1 º C desde 1979. El Mediterráneo, por otro lado, aumenta su temperatura un 20 % más rápido que la media del planeta, según WWF.

De acuerdo con esta organización, el 90 % del calentamiento global entre 1971 y 2010 se localizó en los océanos. Las grandes masas de agua, que cubren más del 70 % del planeta, producen al menos el 50 % del oxígeno y son el hogar de la mayor parte de la biodiversidad. Como consecuencia, se ha reducido la población del 90 % de las especies marinas y se ha destruido el 50 % de los arrecifes de coral .

Sin embargo, todavía hay margen para proteger los océanos y toda la vida que depende de los mismos. De acuerdo con WWF, la solución pasa por reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y aumentar las áreas protegidas. La organización se ha marcado incluso un objetivo: conseguir que el 30% de la mar Mediterráneo forme parte de áreas protegidas antes de 2030. “El objetivo es ambicioso, pero tiene que serlo”, señalan.

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Imágenes | Unsplash/Vicko Mozara, Unsplash/Ken Mathiasen, Unsplash/Pau Casals

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