Para abandonar el combustible hay que electrificar, pero hacerlo bien

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Electrificar máquinas que antes funcionaban con combustibles fósiles es una forma de descarbonizar pero, ¿y si algunas de esas electrificaciones estuviese liberando más CO₂ del que evitan? ¿Y qué hay del resto de impactos? Ante la crisis climática, electrificar es una necesidad de la civilización humana, pero es imprescindible realizar este cambio con cierta coherencia a futuro.

Electrificar no es ‘la’ solución: tiene sus problemas

Durante varias décadas, el discurso climático ha hecho palidecer otros marcadores de sostenibilidad como la disponibilidad de agua o la preservación de la naturaleza. Como todo se mide en CO₂ o CO₂eq, los impactos no relacionados con las emisiones de efecto invernadero a menudo son ignoradas. Electrificar no es una panacea que resuelva todos los problemas asociados al impacto.

Sí tiene ventajas importantes. Por ejemplo, electrificar la climatización de una vivienda en lugar de calentarla o enfriarla mediante la quema de gas supone que las emisiones no se liberen en los entornos urbanos. Y algo parecido ocurre con los vehículos: aunque parte de las emisiones no venga del tubo de escape, electrificar la flota es una ventaja de salud pública. Pero tiene coste.

El coste de electrificar la casa es realizar una nueva instalación, generando en el proceso residuos, así como la generación de energía eléctrica mediante combustibles en algún punto del mapa. ¿Se soluciona este último con paneles solares? Más bien se traslada el problema a uno de minería. Las placas fotovoltaicas, aunque muy duraderas y reciclables, hay que fabricarlas.

El coste de electrificar un vehículo térmico en un vehículo eléctrico también tiene dos grandes impactos: la fabricación de baterías y la generación de energía. Las baterías son particularmente complejas en cuanto al reciclaje, y debido al mix energético es muy poco probable que el vehículo se mueva solo con energía reciclable.

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Electrificar puede aumentar el consumo de combustible en edificación

Aunque resulte paradójico, uno de los problemas asociados a la electrificación es su enorme eficiencia. Cuando un sistema es muy eficiente, como ocurre con la aerotermia que extrae energía del aire o con los frenos regenerativos del motor eléctrico del coche, se abarata. Y cuando algo se abarata, su uso aumenta, lo que a su vez se convierte en un factor para reducir su coste.

A este efecto se lo conoce como paradoja de Jevons y ya son varios los estudios que indican que se está dando en materia de descarbonización. Una descarbonización tan mal ejecutada que de hecho ‘carboniza’. Aunque parece una suerte de trabalenguas, la eficiencia de la electrificación en materia de climatización, que dispara las instalaciones y el consumo eléctrico, choca con la ineficiencia de los edificios en cuanto a mantener el calor o frío dentro.

Como una máquina de aerotermia es terriblemente eficiente, los consumidores ponen mucho más el aire acondicionado y la calefacción. Pero como no se han realizado adecuaciones en la infraestructura de los edificios, mucha de esa energía simplemente se pierde por el contorno. El resultado neto es que el sistema es ineficientemente eficiente. Y que contaminamos más que antes.

Además, la aerotermia presenta una particularidad: sustituye a la caldera, pero también funciona como aire acondicionado. Una vez lo tienes, lo usas. Según la Agencia Internacional de la energía, en su informe ‘The Future of Cooling’, de 2000 a 2018 se duplicó la energía destinada a la refrigeración.

¿Cómo resolver la instalación masiva de aires acondicionados?

Otro de los problemas asociados a la descarbonización de la climatización es la proliferación de los aparatos individuales de aire acondicionado o calefacción. Estas unidades invaden las fachadas de medio mundo y, dejando a un lado la perspectiva estética, suponen un problema de recursos debido a sus componentes electrónicos, y un problema ambiental por su refrigerante.

La buena noticia es que existen alternativas a esta forma de despilfarrar recursos y poner en riesgo la atmósfera. Por ejemplo, es perfectamente viable instalar sistemas de climatización comunitarios. El district heating  o calefacción urbana lleva décadas funcionando con combustibles fósiles, aunque ya hay alternativas eléctricas y menos contaminantes.

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Una de las mayores iniciativas al respecto es el sistema que están desplegando en la ciudad china de Shenzhen, concretamente en el barrio empresarial de Qianhai. El District Cooling System (DCS) enfría mediante una red de canalizaciones las oficinas y, aunque aún no llega a las casas, lo cierto es que se espera que pronto haya proyectos similares.

En lugar de tener muchos aparatos de aire acondicionado diseminados por fachadas y en azoteas, en Qianhai dispondrán de varias unidades centrales de enfriamiento, particularmente eficientes, desde las cuales distribuir agua fría que refrigerará los edificios de los alrededores.

Usar mejor los recursos electrificados

Algo similar ocurre en la electrificación de la flota de vehículos. Buena parte del impacto de los automóviles, por ejemplo, no proviene de sus tubos de escape. Las materias primas necesarias para fabricarlos o el reciclado de las baterías tienen impactos considerables.

Como puede observarse en la infografía presente en este artículo, la fabricación y mantenimiento de un coche eléctrico impacta más que su uso. De modo que una posible solución parcial sería la de compartir vehículos (el clásico carsharing) y electrificar la flota de coches, pero también maximizar el empleo de todos aquellos impactos relacionados con la fabricación del coche.

Por descontado, hay una electrificación que, aunque de impacto no nulo, sí supone una enorme ventaja respecto al coche eléctrico: la bicicleta eléctrica o de pedaleo asistido. Montar en bicicleta 2,4 kilómetros diarios ahorraría cientos de millones de toneladas de dióxido de carbono. Una combinación de movilidad activa en bicicleta más carsharing eléctrico sí sería una electrificación más coherente, y, de hecho, es la que respalda la Agencia Internacional de la Energía.

Que la electrificación sea necesaria no quiere decir que no pueda hacerse mejor de lo que está siendo implementada. No cabe duda de que descarbonizar debe realizarse de forma tal que no se generen otros impactos o que, de darse, sean bajos.

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Imágenes |Andrey Metelev, Andrew Roberts, Alexandre Lecocq

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