¿Ya nadie quiere ser granjero? Los robots se encargan de ello

¿Ya nadie quiere ser granjero? Los robots se encargan de ello

robots en agricultura Unos 750 metros cuadrados de cultivos hidropónicos en invernadero, gestionados casi exclusivamente por robots controlados por una inteligencia centralizada. Estas son las características de un un proyecto agrícola californiano, lanzado por la compañía Iron Ox.

Los cultivos son casi exclusivamente interiores y la intervención humana es prácticamente nula. Las plantas son monitoreadas constantemente mediante sensores ambientales, microlaboratorios colocados en el suelo y cámaras. De esta manera, es posible determinar en tiempo real el estado de salud y desarrollo de las plantas y sus frutos.

La ‘granja robótica‘ de Iron Ox se encuentra en San Carlos, a solo unos kilómetros al norte de Palo Alto y Mountain View (Estados Unidos). Cuenta con 15 trabajadores humanos y cada año produce 26.000 plantas de verduras de hoja. Una cantidad que requeriría una superficie ocho veces más grande, si los cultivos se llevaran a cabo al aire libre y se utilizaran los métodos tradicionales.

Las docenas de granjeros-robots son dirigidos por The Brain, un cerebro informático central que decide cómo regar, cuándo cosechar y cómo y dónde plantar los productos cultivados. Actualmente, Iron Ox dona todo lo que produce a un banco de alimentos y utiliza solo una parte para el comedor de la empresa. Sin embargo, en 2019, algunos restaurantes del área metropolitana de San Francisco comenzarán a servir su lechuga.

Cultivos interiores y verticales

“Gracias a la tecnología, vendemos plantas perfectas. En el futuro, tendremos la mayor base de datos de plantas y un algoritmo muy preciso para identificar enfermedades”, asegura Jon Binney, cofundador de Iron Ox. Todo está controlado y optimizado para favorecer el mejor crecimiento de las plantas. La composición y la temperatura del aire se ajustan para este propósito. Además de la iluminación, que combina de manera conveniente la luz natural y la artificial, producida por fuentes LED.

A pesar de ser solo el comienzo, la compañía californiana ya ha recaudado seis millones de dólares en fondos y en los próximos años abrirá otras granjas cerca de las principales ciudades estadounidenses. El objetivo es distribuir verduras a kilómetro cero en las comunidades urbanas. El de Iron Ox no es el único cultivo tecnológico del país, pero, de momento, sí es el único completamente automatizado y diseñado alrededor de los robots.

La mayoría de estos proyectos tiene un desarrollo vertical, es decir, las plantas cultivadas se colocan en varios niveles. De esta manera, se maximiza el espacio. El cultivo vertical es factible solo con plantas de pequeño tamaño o que no se desarrollan mucho fuera del suelo. Sin embargo, esta característica es precisamente la de gran parte de los cultivos más importantes. Empezando por la lechuga.

Cultivar en la ciudad

La robotización de la agricultura puede tener un impacto social y económico significativo, ya que permite colocar un cultivo prácticamente en cualquier lugar. Varias startups han construido sistemas de agricultura vertical completos, integrados en un contenedor. Es suficiente con conectarse a la red eléctrica y al agua y listo.

La agricultura vertical de interior también es útil para acercar los cultivos a los consumidores, incluso mediante la conversión de edificios enteros en invernaderos automatizados. Para muchos es una oportunidad para recuperar áreas industriales abandonadas. Además de una forma de reducir el impacto ambiental, producido por la cadena logística de los productos agrícolas. Los proyectos desarrollados en este campo incluyen, por ejemplo, la conversión de edificios enteros en centros de agregación, con mercados hiperlocales, que realmente van del productor al consumidor en un solo paso.

Farmshelf, en cambio, es una pequeña startup de Brooklyn, que produce módulos de diferentes tamaños para sistemas hidropónicos. Estos se pueden regar a distancia utilizando una aplicación. Todavía se encuentran en fase experimental, pero sus estantes iluminados y verdes ya se pueden ver en algunos restaurantes de Nueva York. De esta manera, los establecimientos producen su propia albahaca, tomillo y otras hierbas aromáticas.

¿los robots salvarán a la agricultura?

No es la primera vez que la tecnología entra en el mundo ancestral de la agricultura. En 2016, la japonesa Techno Farm, lanzó un modelo de granja tecnológica similar a la de Iron Ox. IoT, sensores, robots y análisis de datos ya se han apoderado de los grandes cultivos del mundo.

Nick Kalayjian, un antiguo ingeniero de Tesla, ha fundado Plenty. La empresa estudia cómo producir fruta en interior, a través de cultivos hidropónicos basados en un sistema de pequeñas piscinas verticales fertilizadas por los peces que viven en su interior.

Además de emprendedores e inversores que buscan nuevos sectores para desarrollar, también las Naciones Unidas tienen entre sus principales objetivos el desarrollo de una agricultura tecnológica y sostenible. Para 2050, la producción agrícola tendrá que crecer un 60% para sostener el aumento de la población mundial. Los cultivos en interior podrían ser la única forma de producir alimentos de calidad a bajo precio.

El mercado global de los robots para la agricultura está aumentando. Tractica, una compañía de análisis de mercado, estima una facturación de 73.900 millones de dólares en 2024, en comparación con los 3.000 millones de 2015.
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Y si ya nadie quiere ser granjero…

La innovación tecnológica también responde a una evolución social que afecta a todos los países occidentales: el abandono de la tierra y del trabajo de campesino. O al menos en las formas tradicionales. El problema es aún más grave en aquellos países, como Estados Unidos, que están implementando una dura política inmigratoria. O para aquellos, como Japón, cuya población está envejeciendo muy rápidamente.

En California, los trabajadores mexicanos son los que permiten a la industria agrícola local cosechar alrededor del 30-40% de los productos consumidos por los estadounidenses. Por tanto, la reducción de inmigrantes obligará a aumentar las inversiones en automatización. Una circunstancia que podría acabar aplastando a los pequeños productores. De hecho, el capital inicial necesario para la robotización de las granjas podría estar al alcance solo de las grandes compañías.

Sea como sea, para volver a ser una opción interesante para las nuevas generaciones, el trabajo de la tierra debe necesariamente encontrar nuevos modelos de negocio. Más sostenibles y rentables. Además de superar el anacrónico modelo de trabajo de sol a sol. La tecnología, si se usa correctamente, puede ayudar a revitalizar un sector vital para la economía y la existencia misma de nuestra especie. En este caso no quita el trabajo, sino que trabaja para todos.

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Imágenes | iStock, IronOx