¿Qué es el Green New Deal y cuáles son sus objetivos?

Green New Deal: ¿se está fraguando la primera respuesta política seria ante el cambio climático?

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Negacionismo, bulos, grandes corporaciones que ocultan datos, presidentes que tergiversan las pruebas científicas. Hasta hace poco, la lucha contra el cambio climático solo encontraba aliados en la ciencia y en el movimiento ecologista. Pero un nuevo apoyo está emergiendo.

No será porque se ha llamado a su puerta pocas veces. La política parece haber despertado al fin y estarse tomando en serio el cambio climático.

Las olas de protestas ciudadanas (como las que lidera Greta Thunberg). El auge de los partidos verdes en la Unión Europa (han crecido de 52 a 74 diputados en las últimas elecciones, duplicando sus votos en Alemania). Y el liderazgo de políticos como Alexandria Ocasio-Cortez y Ed Markey en el seno de uno de los países más contaminantes del planeta, cuyo presidente lidera el movimiento negacionista. Las señales están ahí. Es momento de un Green New Deal.

¿Qué es el Green New Deal?

Tras el crack de 1929, la economía estadounidense estaba herida de muerte. Con el desempleo por las nubes y las empresas quebrando sin remedio, se hacía necesaria una intervención. Para atajar los problemas, el Gobierno de Franklin D. Roosevelt diseñó una estrategia de reforma de los mercados financieros y dinamización de la economía al tiempo que desplegaba una serie de políticas sociales para sostener a las clases más perjudicadas por la crisis. El propio presidente les puso un nombre vistoso a estas reformas: el New Deal (nuevo trato en inglés).

Hoy, con las emisiones de gases por las nubes y el planeta calentándose sin remedio, cada vez más voces reclaman una intervención radical para que la Tierra siga siendo un lugar en el que vivir para las próximas generaciones. Las políticas y las medidas concretas para hacer frente al cambio climático todavía no han sido pactadas. Pero la estrategia ya ha sido bautizada como Green New Deal.

“Un Green New Deal debe ser una transformación profunda de la economía para enfrentar la crisis climática y de desigualdad, muy ligadas entre sí. Deberá movilizar amplios recursos públicos para completar una transición de una economía basada en el uso de los combustibles fósiles a una impulsada por la energía limpia y el trabajo digno”, señalan desde Sierra Club, una de las asociaciones ambientalistas más antiguas del mundo, fundada por John Muir.

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Los objetivos los marca la ciencia

Hace muchos años que sabemos que estamos cambiando el clima. La ciencia lleva casi dos siglos repitiéndolo. Primero con la boca pequeña. y, en las últimas décadas, gritándolo con un megáfono a los cuatro vientos. Necesitamos hacer algo y necesitamos hacerlo ya. El objetivo, según el IPCC (panel intergubernamental del cambio climático de la ONU), es sencillo. Que no fácil. Todo pasa por impedir que la temperatura media del planeta suba más allá de 1,5°C. Un ascenso que ya se da por inevitable.

Según el panel de expertos, frenar la subida media en los 1,5°C y no alcanzar los 2°C significará 10 centímetros menos de ascenso del nivel del mar. O que el hielo ártico desaparezca en verano una vez cada 100 años en lugar de una vez cada 10. Y que mantengamos un 10% de los arrecifes de coral del planeta en lugar de que estos desaparezcan para siempre. De hecho, más allá de las recomendaciones del IPCC, instituciones científicas líderes hablan ya de un global deal for nature.

Es decir, un acuerdo que no solo se centre en el clima, sino en la protección de todos los ecosistemas como parte esencial de la vida en la Tierra. El paper ‘A Global Deal For Nature: Guiding principles, milestones, and targets’ publicado el pasado mes de abril, reclama la protección del 30% de la superficie terrestre y el manejo sostenible de otro 20%. Incrementar por cinco las áreas marinas protegidas. Y una alianza internacional para la defensa a ultranza de la biodiversidad.

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¿Conseguirá alcanzarlos la política?

Los objetivos y medidas propuestas pueden parecer ambiciosos. También lo eran los del New Deal y por ello recibió críticas de todos los colores. Pero la emergencia climática es tan grave como real y necesita una respuesta a la altura. “La buena noticia es que algunas de las acciones que serían necesarias para limitar el calentamiento global a 1,5°C ya están en marcha”, señala Valerie Masson-Delmotte, copresidenta de uno de los grupos de trabajo del IPCC.

Según el informe ‘Global Warming of 1.5 °C’ de este organismo, es necesaria una transición rápida y de gran alcance en los usos de la tierra, la producción y el consumo de energía, la industria, el transporte y las ciudades. Las emisiones netas globales de CO2 causadas por los seres humanos tendrían que reducirse en un 45% (respecto a 2010) antes del final de la próxima década. De momento, siguen aumentando.

Los mismos datos se repiten hasta la saciedad en las cumbres del clima. Y es que la necesidad de respuesta política lleva años presente. Pero no fue hasta principios de este año que el Green New Deal tomó forma en Estados Unidos. Después de que 600 organizaciones científicas y ecologistas enviasen una carta al Congreso en el mes de enero, el senador Edward Markey y la congresista Alexandria Ocasio-Cortez presentaron una resolución solicitando el desarrollo de un Green New Deal para todo el país. Un plan que no solo habla de medioambiente, sino también de educación, trabajo, industria y agricultura.

congreso estados unidos

Mientras el debate sigue abierto en el Parlamento estadounidense, se han producido réplicas del Green New Deal en Reino Unido, Canadá y Australia. La agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de la ONU, la estrategia del Ministerio para la Transición Energética de España o las propuestas por un Green New Deal europeo de la mano de la alianza de partidos ecologistas European Green van en el mismo camino. No queda mucho tiempo para actuar. Pero podríamos estar sentando las bases de la primera respuesta política seria ante el cambio climático.

En Nobbot | Sandra Magro, de Creando Redes: “Hay que hablar de emergencia climática”

Imágenes | Unsplash/Roxanne Desgagnés, Chris Slupski, Jonathan Kemper, Chris Grafton

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