Todavía tenemos que terminar internet... para todo el mundo

Todavía tenemos que terminar internet…

internet Vint Cerf, junto con Bob Kahn, es quien inventó el protocolo TCP /IP hace 40 años. Básicamente, es uno de los padres de internet. Hace cosa de un mes, este informático presentó una conferencia titulada ‘Internet inacabado’, desde el escenario del Wired Next Fest en Florencia (Italia). Y es eso, su poderoso invento todavía no está terminado.

Desde que se abriera la primera página web, en 1991, la red ha llegado a alcanzar los 2.000 millones de páginas. Una enormidad que, sin embargo, se puede mejorar. ¿Qué le falta? En primer lugar, solo la mitad de la población mundial está conectada y, además, la difusión global de internet está experimentando una fuerte desaceleración.

Según el informe ‘The Case for the Web’, presentado este año por la Web Foundation, el crecimiento global en el acceso a internet ha caído del 19% en 2007 a menos del 6% en el último año.

un Internet para todos aún queda lejos

2.300 millones de personas viven en países donde internet está por encima de sus posibilidades económicas. Hablamos de más del 30% de la población mundial. A nivel geográfico, las áreas más marginadas son las regiones insulares de los países en vía de desarrollo. En la mayoría de los casos, el problema es de tipo infraestructural. Faltan inversiones que los gobiernos locales no consideran prioritarias o abordables.

Alliance for Affordable Internet (A4Ai) es un programa que reúne a empresas, gobiernos y miembros de la sociedad civil de todo el mundo. Su objetivo es desarrollar estrategias para reducir los costes de conexión y hacer que internet esté en casa de todos. Su último informe destaca que la accesibilidad a las tecnologías de la comunicación e información ha mejorado muy poco este último año.

El acceso universal a internet es también uno de los Global Goals para el desarrollo sostenible de las Naciones Unidas. Para este organismo, habría que alcanzar el objetivo del acceso indiscriminado de toda la población mundial ya en 2020. Sin embargo, según los cálculos de la A4Ai, no será posible hacerlo antes de 2043.
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Los países menos conectados

El informe de A4Ai considera las condiciones de 61 países con ingresos medios-bajos, los más sensibles al problema. De estos, solo el 24% tiene una red que puede considerarse accesible para la población. Es decir, donde el impacto de un giga de tráfico sobre el salario medio es igual o inferior al 2%.

Sin sorpresas, el continente peor parado es África, particularmente en la región subsahariana. Entre los países encuestados de esta área, el coste de acceso a la red representa aproximadamente el 9% del sueldo mensual. Al menos una de cada cuatro personas debe renunciar a la conexión. En Zimbabue, un plan móvil con menos de 40 minutos de tráfico al día puede costar un tercio del salario medio.

Otros países donde la situación es particularmente crítica son Sudán, Malawi, Liberia, Sierra Leona, República Democrática del Congo y Etiopía. En otros estados, como Benín, Zambia, Tanzania y Uganda, los esfuerzos para mejorar la situación han dado buenos resultados. Sin embargo, estos se vieron frustrados por la adopción de impuestos desproporcionados sobre el uso de algunos servicios. Entre estos, la mensajería instantánea y las redes sociales, consideradas como ‘bienes de lujo’.
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¿Por qué cuesta tanto?

Los precios dependen en gran medida del coste de las infraestructuras. Lo cual está estrechamente relacionado con la geografía del territorio y el tamaño del país. En términos no solo de extensión sino, sobre todo, de población. De hecho, la situación es menos grave en países muy poblados (Etiopía, Uganda, Burundi, Malawi). O en áreas costeras o islas grandes con una alta densidad de población (Nigeria, Tailandia).

En los estados escasamente poblados del interior (Bután, Lesoto, Suazilandia), en los archipiélagos y las islas pequeñas, densamente pobladas (Maldivas, Filipinas) o no (Fiji, Samoa), el acceso a la red se vuelve mucho más caro. Aquí el coste de la conexión y el mantenimiento de los cables submarinos pesa mucho en las finanzas del país. En Filipinas, por ejemplo, proporcionar a un usuario la banda ancha móvil es casi cinco veces más caro que en Nigeria.

“A los niños que tendrán la oportunidad de acceder a internet les parecerá respirar aire fresco”, dice el informático Nicholas Negroponte, creador del programa One Laptop per Child. No en vano, las estadísticas muestran que en un país en vía de desarrollo el acceso a internet puede favorecer un aumento en los ingresos de hasta un 10%.
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Pobres y mujeres, los más excluidos

Sin embargo, los nuevos accesos a la red se han ralentizado en los países menos desarrollados. La tasa de nuevos usuarios anuales ha bajado de un 41% registrado en 2014 al 15% en 2017. Por otro lado, el porcentaje de europeos conectados es aproximadamente del 80%, casi cuatro veces más que la de los que viven en el continente africano (cerca del 22%).

Además, la mayoría de las personas que se quedan offline son mujeres. Lo revela la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), el organismo de las Naciones Unidas que se ocupa de las tecnologías de la información y la comunicación. A nivel global, los hombres tienen en promedio un 33% más de acceso a internet que las mujeres. Y en las regiones más pobres, la brecha dentro de la misma comunidad puede alcanzar incluso el 50%.

En el mundo, la proporción de mujeres en línea en comparación con la población total es un 12% más baja que la de los hombres. Aunque la brecha de género se haya reducido en los últimos cuatro años, en muchas regiones, las más pobres, se ha ampliado. En África, en particular, la proporción de mujeres que usan internet es un 25% más baja que la de los hombres.

En los países menos desarrollados de Asia y Latinoamérica solo una de cada siete mujeres tiene acceso a la red. Mientras que en el caso de los hombres, el porcentaje es de uno de cada cinco. El world wide web aún no está completo. Falta, por lo menos, la otra mitad del cielo.

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