Los patinetes de Lime: hacia la revolución de la movidad (si se lo permiten)

Lime, entre la revolución de la movilidad urbana y el respeto a la normativa

Si paseas por el centro de Madrid una tarde cualquiera, no te debes asustar si en cualquier esquina o parque te topas con un patinete eléctrico con un llamativo frontal de color verde. No están abandonados ni han quedado allí por un despiste de su dueño. Son los patinetes de Lime, la empresa estadounidense que aterrizó en España este verano y que plantea esta curiosa alternativa al coche, las motos o incluso las bicicletas. Una alternativa, eso sí, pensada para trayectos cortos por la ciudad.

Efectivamente, los patinetes de Lime parecen abandonados, pero en realidad están esperando al próximo cliente, como las bicicletas de color naranja de la compañía china Mobike, que cada vez se ven más y tampoco cuentan con estaciones fijas de aparcamiento.

¿Cómo funciona Lime? Para utilizar sus patinetes, el usuario debe tener, al menos, 16 años cumplidos y descargarse una app. Los patinetes están geolocalizados y, para montar en uno, solo hay que registrarse y desbloquearlo mediante el escaneo de un código QR.

Para evitar situaciones de vandalismo y robo, todas las noches la empresa los retira de la vía pública, los recarga y los revisa, y los vuelve a distribuir por la ciudad por la mañana. Nos lo cuenta Álvaro Salvat, el director general de la compañía en España, que presume de que Lime ya ha facilitado más de 100.000 desplazamientos en Madrid y unos 12 millones a nivel mundial.

Aunque los patinetes de Lime, firma con sede en San Francisco y que cuenta con el respaldo económico de la mismísima Google, se han convertido en parte del paisaje urbano de Madrid y desde octubre también están Zaragoza, su expansión por otras ciudades españolas no está siendo fácil.

En Valencia, por ejemplo, los patinetes verdes fueron retirados de circulación por no contar la empresa con autorización municipal. Sin embargo, la intención de Lime es volver a la capital levantina cuanto antes. Álvaro Salvat asegura que allí se ha reunido con varias concejalías “para encontrar una solución y un encaje en la regulación actual, hasta que se apruebe la nueva ordenanza de movilidad”.

Las normativas de los ayuntamientos

Salvat adelanta que está en conversaciones con otros ayuntamientos, aunque el momento es ciertamente complicado. En los últimos años han proliferado todo tipo de medios de transporte ligero y de alquiler. Los ayuntamientos tienen pendiente la aprobación de unas normas claras que permitan la convivencia tranquila de estos aparatos con los peatones e incluso con los coches. El espacio en las grandes ciudades es el que es y hay que administrarlo con mucho tino.

Precisamente, en Madrid la nueva normativa de movilidad aprobada a finales de septiembre expulsa de las aceras e incluso de muchas calzadas a los patinetes eléctricos, que pueden llegar a los 50 kilogramos de peso y alcanzar velocidades de hasta 30 kilómetros, con el consiguiente peligro para los peatones.

En esencia, los amantes del patinete tendrán que usar carriles bici y las calles con limitación de velocidad a 30 km/h, y siempre estando muy pendientes del flujo de peatones. Por ello, los clientes de Lime, que hoy circulan a sus anchas por las aceras de la capital, tendrán que cambiar hábitos y estar muy atentos para evitar sanciones.

“Nuestra recomendación en todo momento es que allí donde sea posible los patinetes circulen por los carriles bici. De hecho, las ordenanzas que en Madrid o Valencia se están planteando equipararlos a las bicicletas permiten que puedan circular sin ocasionar molestias”, explica Salvat.

Los clientes de Lime pagan a razón de 15 céntimos por minuto, y en casi la mitad de los casos lo hacen para llegar a tiempo al metro o a la parada del autobús. A pesar de las incertidumbres legales, empresas como Lime, que fomentan el transporte compartido que evita el uso de los combustibles fósiles, han llegado para quedarse en unas ciudades permanentemente atascadas y con altos niveles de ruido y de contaminación del aire.

Recuperar el terreno ganado por el coche

“La conducción autónoma compartida, algo que tecnológicamente es una realidad,  será el mayor cambio que viviremos en las ciudades, con medios de transporte más pequeños y con mayor frecuencia de uso”, opina Salvat. En el largo plazo, este tipo de transporte puede devolver también a la ciudadanía el ingente espacio público cedido al coche en el último siglo

Preguntado Salvat sobre si ve a su compañía y al patinete eléctrico haciendo la última milla para gigantes del comercio como Amazon o Alibaba, como hoy pasa con la bicicleta, declara que “queremos ir paso a paso. De momento lo prioritario es establecer un marco operativo regulado y favorable a este tipo de vehículos”, dice. De todas formas, parece que todo se andará, si las normativas municipales lo permiten, claro.

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Imágenes | J.I. Cabrera