Las plantas de captura de CO₂, la última apuesta para combatir el cambio climático

El cambio climático ha pasado de ser un debate científico y de expertos a una preocupación global. Está en todas las conversaciones. Gobiernos, empresas y ciudadanos hoy hablan del cambio climático y de los efectos indeseados que el calentamiento global puede tener en el planeta. 

Los expertos advierten de que no hay tiempo que perder si queremos evitar la crisis climática. Ahora mismo, la temperatura media en este planeta es un grado superior a la que había en la etapa preindustrial (antes de 1850). Y el gran objetivo debería ser mantener esa subida por debajo de los 1,5 °C.

Ir más allá (hasta los dos grados, por ejemplo) supondría, según el consenso científico, enfrentarnos a un escenario de calor extremo en muchos lugares del mundo, proliferación de catástrofes naturales o una subida del nivel de los océanos que pondría en riesgo poblaciones enteras y provocaría migraciones masivas. 

Tecnología frente a decrecimiento

A la hora de hacer frente a la crisis climática hay, en esencia, dos posturas. Por un lado, está la de los ‘pesimistas’ y defensores del decrecimiento. Son los que señalan el daño social y ecológico causado por la búsqueda del crecimiento infinito y hablan de la necesidad de reducir el consumo y la producción global. En muchos casos, recomiendan volver a los estándares de los años setenta u ochenta del pasado siglo en Europa.  

Y, por otro, están los tecnoentusiastas. Confían en que tecnologías como el coche eléctrico, los paneles fotovoltaicos, la energía nuclear, los biocombustibles y las innovaciones en el ámbito de la agricultura e incluso sombrillas solares serán suficientes para evitar el calentamiento de la Tierra y garantizar la supervivencia de la especie humana a largo plazo. Un convencido del papel protagonista de la tecnología para revertir o, al menos, atenuar este escenario adverso que se llama cambio climático es Elon Musk, el fundador de Tesla. Y en este lado del tablero también estaría Bill Gates, el ‘padre’ de Microsoft, aunque con algunos matices. 

Plantas de captura de CO₂ en Islandia y Escocia

Hay una tecnología de la que se habla en la actualidad y que también está pensada para reducir la cantidad de gases nocivos en la atmósfera. Y es de muy del gusto de los tecnoentusiastas. Son las plantas de captura de dióxido de carbono (CO₂). A finales del pasado año se inauguró en Reikiavik (Islandia) la que se considera la mayor planta de este tipo en el mundo. Es una instalación construida por la empresa suiza Climeworks, con el apoyo de Microsoft, y que dispone de decenas de ventiladores gigantes que absorben el aire, lo filtran y lo devuelven a la atmósfera. Estos sistemas retienen el CO₂ y lo mezclan con agua, con el fin de bombearlo para sepultarlo bajo tierra. La capacidad de esta instalación, denominada Proyecto Orca, permite limpiar 4000 toneladas de CO₂ cada año

Se calcula que, para que las plantas de captura de CO₂ tengan un mínimo impacto en la lucha contra el calentamiento, se van a necesitar más de 2000 plantas como la de Islandia en todo el mundo. Por ahora, solo hay construidas unas 15. 

Hay un plan ambicioso en el noroeste de Escocia para construir una planta que podría arrancar en 2026 y que podría capturar hasta un millón de toneladas métricas de CO₂ al año. Otra vez, el objetivo es enterrar ese dióxido de carbono en el subsuelo, esta vez del mar del Norte. Además, en este caso, como en otros, la contaminación eliminada se vendería como créditos de carbono, a los que recurrirían gobiernos y corporaciones para lograr su compromiso de cero emisiones netas en las próximas décadas. Es el modelo de negocio que se impone. 

Dudas sobre la eficiencia de las plantas

Sin embargo, este método de limpieza de la atmósfera no convence a todo el mundo. Algunos no lo ven eficiente, ya que esos ventiladores necesitan, a su vez, energía y un consumo de recursos que tendrán un impacto en ese medio ambiente que pretenden limpiar. Algo que se podría paliar solo si se usa para hacerlos funcionar energías renovables (fotovoltaica o eólica). 

También se critica a estas plantas por su escasa incidencia en la lucha contra el calentamiento global. Las 4000 toneladas que se capturan en la mayor planta de este tipo en el mundo son el equivalente a los gases que emiten 900 coches de combustión al año

Es una cifra que también palidece si se piensa que un país como España lanza cada año a la atmósfera casi 300 millones de toneladas de CO₂ a la atmósfera. Y otro cálculo en esta línea: el millón de toneladas que eliminaría la proyectada planta de Escocia es el equivalente a las emisiones de una ciudad como Pamplona (Navarra), que solo tiene 200 000 habitantes. 

En fin, las plantas de captura de CO₂ se presentan como un parche para un problema mayúsculo. Y otra vez dejan el debate abierto y sin resolver entre amantes y detractores de la tecnología como herramienta para combatir la crisis climática. Los tecnoentusiastas dirán que mejor eso que nada, y que la solución llegará incrementando capacidad y combinando diferentes sistemas y métodos. Los defensores de la teoría del decrecimiento argumentarán que se hace más restringiendo el coche en un barrio de una gran ciudad, abriendo carriles bici y fomentando el teletrabajo que invirtiendo grandes cantidades de dinero y recursos en instalaciones de este tipo.  

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Imágenes | Climateworks

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