Rescates exigidos en criptomonedas, nueva 'tendencia' criminal

Rescates exigidos en criptomonedas, nueva ‘tendencia’ criminal

Rescates a pagar en criptomonedas, nueva tendencia criminalEn Oslo, ha sido secuestrada Anne-Elisabeth Falkevik Hagen, esposa de uno de los empresarios más ricos de Noruega. La mujer, de 68 años, desapareció el 31 de octubre pasado, la noche de Halloween. Pero solo el 9 de enero de este año la policía difundió la nota de rescate. Los secuestradores piden nueve millones de euros en Monero, una de las criptomonedas menos trazables.

Las condiciones del rescate se mantuvieron en secreto durante más de dos meses, en los cuales las investigaciones no obtuvieron ningún resultado. La policía decidió así revelar ciertos detalles sobre el caso, con la esperanza de que alguien con información útil se presentara. Según el periódico noruego ‘Norway’s VG’, los secuestradores también pidieron no involucrar a los agentes, pues de lo contrario habrían matado a la mujer.

«La nota iba acompañada de serias amenazas», ha explicado el inspector Tommy Broske a la prensa local. Por el momento no hay sospechosos y la policía ha aconsejado a la familia no pagar nada. El marido de la mujer es el empresario Tom Hagen, uno de los hombres más ricos de Noruega. Es un conocido inversor inmobiliario, con un patrimonio estimado de 174 millones de euros. Posee el 70 por ciento de la compañía eléctrica Elkraft, de la que también es cofundador.

Noruega no está acostumbrada a este tipo de eventos. Tiene uno de los índices de criminalidad más bajos del continente. Y, por supuesto, también es la primera vez que el pago de un rescate se reclama en criptomoneda. Sin embargo, el fenómeno ya no es una rareza.
Rescates a pagar en criptomonedas, nueva tendencia criminal

Un fenómeno en aumento

Monero es una criptomoneda muy volátil. En enero, una unidad valía casi 500 dólares, hoy están en unos 48. Es descentralizada y garantiza el anonimato. Su principal característica es la garantía de total confidencialidad para las partes involucradas en las transacciones. Esta peculiaridad la ha convertido en la mejor opción para los secuestradores, en comparación, por ejemplo, con los más famosos y regulados bitcóins.

Si el secuestro es el más antiguo entre los métodos utilizados por los delincuentes para financiarse, las solicitudes de rescate en criptomonedas son algo nuevo. Ocurre para los robos de obras de arte y, desde hace algún tiempo, también para las personas. El primer episodio de este tipo sucedió en 2015, cuando un grupo de delincuentes raptó a un ciudadano canadiense en Costa Rica. El rescate solicitado fue de medio millón de dólares en bitcóins.

Un caso similar ocurrió poco después en Hong Kong. Y, en diciembre de 2017, un grupo criminal de Kiev secuestró al gerente ruso de Exmo, un exchange de bitcóin. El hombre fue liberado solo después de que sus familiares y colegas pagaran un millón de dólares en criptomonedas. En Ucrania, el bitcóin se utiliza masivamente. Este episodio es solo uno de los muchos que llevaron al país a convertirse en el ‘salvaje Oeste’ de las criptomonedas, un área gris entre legalidad y anarquía.
Nueva tendencia criminal

Por quÉ las criptomonedas son interesantes para los secuestradores

La naturaleza anónima y no regulada de las criptomonedas ha captado la atención de grupos criminales organizados. Especialmente aquellos involucrados en el narcotráfico y lavado de dinero. O en chanchullos de cualquier tipo en la internet profunda. El de los secuestros, en cambio, es un terreno aún poco frecuentado, pero en rápido crecimiento.

En 2018, hubo, al menos, un secuestros de persona con solicitudes de rescate en criptomonedas en todo el mundo. Es lo que surge de un informe publicado el verano pasado por la consultora londinense Control Risks, especializada en seguridad privada e internacional.

La mayoría de estos casos presentan similitudes. Los secuestradores suelen utilizar información disponible públicamente para encontrar a sus objetivos. Son personas con grandes fortunas en criptomonedas. Sin embargo, también ha habido episodios en países donde la identificación de objetivos y el modus operandi han sido menos sofisticados. Este es el caso, por ejemplo, del secuestro de un niño de 13 años en un parque infantil en Mpumalanga, Sudáfrica, ocurrido el 20 de mayo de 2018.

El flagelo de los secuestros en muchos países fue derrotado gracias al bloqueo automático de los bienes de las familias afectadas. Ante la imposibilidad de pagar, el secuestro dejó de ser una actividad criminal rentable. Sin embargo, el hecho de que las criptomonedas no estén reguladas y que los organismos encargados de hacer cumplir la ley no puedan trazar fácilmente las transacciones, identificar y bloquear los capitales, ha abierto nuevas posibilidades para los secuestradores.
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Un ‘negocio’ arriesgado

Dicho esto, tampoco es todo tan fantástico para los criminales. Muchos de los secuestros se producen en países o áreas de países donde el acceso a internet es limitado o incluso inexistente. Y donde los niveles de criptoalfabetización siguen siendo bajos. Los secuestradores, por tanto, a menudo no saben cómo manejar estos valores. Y se enfrentan al problema de cómo cobrar su rescate. Además, el valor de las criptomonedas es muy volátil y lo que hoy parece mucho dinero, mañana puede ser muy poco.

Finalmente, no es raro que sufran el robo de sus carteras digitales por otros ciberdelincuentes. En enero de 2018, algunos hackers robaron más de 530 millones de dólares del exchange de criptomonedas con sede en Tokio Coincheck Inc. Probablemente fue el mayor robo desde el lanzamiento de bitcóin en 2009. Pero ha habido muchos más de estos episodios. Incluyendo la muerte del fundador de la mayor red de intercambio de criptomonedas de Canadá, QuadrigaCX. Con su fallecimiento desaparecieron también las claves privadas para acceder al dinero de los usuarios.

Los secuestradores no superarán estos problemas hasta que el uso de las criptomonedas se vuelva más común. Sin embargo, en ese momento estas divisas probablemente estarán fuertemente reguladas, y habrán perdido su naturaleza anónima y su interés a los ojos de los criminales.

Tampoco los secuestradores noruegos pensaron en todo. No tuvieron en cuenta, de hecho, que la suma solicitada de nueve millones es equivalente a aproximadamente el 10% de todo el mercado mundial de Monero. Una moneda todavía relativamente poco común. Un detalle que podría facilitar la identificación de los responsables, a pesar de la extrema privacidad garantizada a los usuarios de esta criptomoneda. De momento, sin embargo, todavía no hay noticias de la señora Hagen.

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Imágenes | Control Risks, iStock

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