Del Campo: "Con Aeolus sabremos hasta la hora en que llega el cierzo"

Rubén del Campo: “Con el Aeolus sabremos hasta la hora en que llega el cierzo”

Eolo, el dios de todos los vientos, ya tiene quien lo vigile. Y quien mida hasta el último de sus huracanados suspiros: desde el pasado 22 de agosto, fecha de su lanzamiento desde Kourou, (Guayana Francesa), el satélite Aeolus está girando a 320 kilómetros de la Tierra en una órbita polar, cual si fuera la cometa más perfecta creada por el hombre. En concreto, por los -hombres de la Agencia Europea del Espacio (ESA).

Su misión será medir desde el espacio los vientos que recorren el planeta. Y la misión del técnico meteorológico y divulgador Rubén del Campo, actual portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), es la de explicarnos en esta entrevista cómo va a revolucionar Aeolus, desde ya, las predicciones meteorológicas a nivel mundial. Y también a un nivel tan local como para saber la hora casi exacta a la que llegará a la península ibérica cualquier tormenta de arena procedente del Sáhara.

– ¿Qué aportaciones principales va a poder ofrecer Aeolus al estudio de la atmósfera terrestre?

Aeolus es el primer satélite capaz de medir vientos desde el espacio, y lo hará realizando perfiles desde la superficie terrestre hasta unos 30 kilómetros de altitud, en la zona de la baja estratosfera. Esto permitirá conocer mejor la dinámica de los sistemas que influyen en el tiempo y el clima. Por ejemplo, la ‘corriente en chorro’ que desplaza las borrascas; o los sistemas tropicales como los huracanes. También comprenderemos mejor cómo se transportan aerosoles y otras sustancias presentes en la atmósfera.

Lanzamiento del satélite Aeolus (ESA – S. Corvaja).

– Una de sus cualidades es que permitirá mejorar los modelos climáticos a largo plazo. ¿Técnicamente, qué información aportará el satélite de cara a conocer cómo afectará el cambio climático a la Tierra en las próximas décadas?

Actualmente hay carencias de datos de viento de muchas zonas del planeta, ya que, aunque otros parámetros como la temperatura y/o la humedad en superficie, se pueden inferir desde medidas de radiación hechas por satélite, hasta la fecha no hay ningún instrumento capaz de medir vientos desde el espacio. Y menos que lo haga a escala global. La puesta en marcha de las medidas de Aeolus proporcionará un mayor conocimiento de la dinámica de la atmósfera, y cómo esta interacciona con otros componentes del sistema climático, lo cual desembocará en modelos climáticos más completos que los actuales.

“COMO VER DESDE MADRID A UN SEÑOR ANDANDO POR ZARAGOZA”

– Aeolus será capaz de medir vientos con una precisión de hasta dos metros por segundo en la troposfera, y que será de un metro por segundo desde la superficie de la Tierra hasta una altitud de dos kilómetros. ¿Cómo puede entender el ciudadano normal la importancia de esta precisión?

No sé si será una analogía válida, pero quizás podríamos imaginarnos algo así como unos prismáticos tremendamente potentes capaces de detectar el movimiento de un señor que está paseando tranquilamente -a unos 4 kilómetros por hora- por la plaza del Pilar de Zaragoza desde la Puerta del Sol de Madrid.

– Esta precisión se debe a Aladín, el instrumento que dirigirá pulsos de luz ultravioleta hacia la atmósfera para elaborar un perfil de los vientos del planeta. ¿Podría detallarlo un poco más?

Aladín, efectivamente, es el instrumento a bordo de Aeolus que se encarga de enviar potentísimos pulsos de láser ultravioleta hacia la atmósfera. Las distintas partículas presentes en esta capa gaseosa (componentes de gases, aerosoles, polvo en suspensión, etc.) dispersan la luz. Además, esta experimenta el llamado efecto Doppler, que es el mismo que notamos cuando una ambulancia se aleja desde nuestra posición: el sonido es cada vez más grave a causa de que la frecuencia de las ondas de sonido es menor y la longitud de dichas ondas más larga. Con la luz ocurre algo análogo a lo de las ondas sonoras de la ambulancia: la luz dispersada por las partículas atmosféricas se desplaza a causa del movimiento de las mismas y Aeolus es capaz de detectar el efecto Doppler que sufre en dicho desplazamiento. Estas partículas se mueven empujadas por el viento, así que si somos capaces de cuantificar el efecto Doppler experimentado por la luz, podremos medir la velocidad del viento.

– A corto plazo, ¿qué puede aportar Aeolus a los meteorólogos? ¿Ayudará a evitar lagunas en ciertas predicciones?

Sin duda. Para que los modelos de predicción meteorológica funcionen bien, es fundamental tener la mayor cantidad de datos disponibles, y como ya hemos comentado, Aeolus proveerá de datos de viento en muchas zonas del planeta donde ahora no disponemos de ellos. Conoceremos mejor también la dinámica de los sistemas de presión como las borrascas que afectan a nuestras latitudes, o los vientos asociados a tormentas locales.

“AYUDARÁ A PREDECIR LAS LLUVIAS DE BARRO”

– Van a disponer de datos a nivel global casi en tiempo real. ¿Qué aplicaciones puede tener esta información, aparte de la meramente meteorológica?

Aeolus será capaz de detectar el movimiento de las partículas que componen la atmósfera, así que no solo la información puramente meteorológica se verá reforzada: también lo harán los modelos de transporte de sustancias químicas en la atmósfera que se usan para conocer la calidad del aire, es decir, el grado de contaminación que presenta. Esto podrá ayudar a una mejor toma de decisiones en materia preventiva y, por supuesto, los modelos de predicción de entrada de polvo en suspensión, elemento que en Canarias en ocasiones dificulta las operaciones aeronáuticas y también causa algunos problemas en personas con afecciones respiratorias. Otro detalle: a veces, la llegada de polvo en suspensión a la península coincide con tiempo inestable que provoca lluvias de barro -por la mezcla de polvo y agua-, y que en ocasiones mancha cultivos de consumo en fresco, como lechugas, que hay que lavar antes de su venta, aumentando los costes de producción.

– ¿En qué medida puede ayudar Aeolus a saber cómo se interrelacionan el viento, la presión, la temperatura y la humedad? ¿Qué datos clave puede aportar?

El viento sirve de transporte no solo de materia, sino también de energía, entre las distintas regiones del planeta: si no tuviésemos vientos, en los trópicos el calor sería infernal y en los polos el frío extremo: no sería tan fácil la vida en la Tierra. También se transporta a través del viento vapor de agua. Conocer la distribución de los vientos a escala global va a permitir también entender mejor el transporte de calor de latitudes bajas a las altas, y lo mismo pasará con el vapor de agua: en resumen, conoceremos mejor la dinámica de la atmósfera.

– Usted ha señalado en alguna ocasión que la península ibérica podría ser una de las regiones más afectadas por el cambio climático. ¿Qué distingue a la península de otras regiones del planeta?

En nuestro país, las olas de calor y las sequías son fenómenos meteorológicos y climáticos adversos que ocurren con cierta frecuencia y periodicidad, pero las proyecciones climáticas hablan de un aumento de las olas de calor tanto en intensidad como en duración. También parece que, aunque el volumen de precipitaciones que recibimos no cambiará demasiado, las lluvias podrían ser más torrenciales cuando se produzcan y las sequías también más intensas y duraderas. La ubicación de la península en una zona de transición entre el clima de latitudes medias y el tropical la hace especialmente vulnerable a modificaciones en la circulación atmosférica asociadas al calentamiento global antropogénico. Las regiones polares y las zonas costeras altamente pobladas y a poca altitud sobre el nivel del mar también puede verse muy afectadas por el cambio climático.

– Se ha tardado 16 años en construir el satélite. La ESA es la que se ha encargado del proyecto. ¿Qué agencias u organismos procesarán los datos que envíe Aeolus?

La construcción de Aeolus ha supuesto un gran reto tecnológico, por tratarse de la primera vez en la que un instrumento en órbita va a medir directamente vientos en la atmósfera, y de ahí que se haya tardado tanto tiempo. Los datos que recoja Aeolus se recibirán en la estación terrestre de Svalbard (Noruega), de donde serán enviados a la estación de satélites de Tromsø para su ordenación temporal y realización de tareas básicas de calibrado. De ahí, serán enviados al Centro Europeo de Predicción a Medio Plazo (ECMWF, por sus siglas en inglés), ubicado en Reading (Reino Unido), y del que España forma parte a través de Aemet, para su utilización por los modelos de predicción meteorológica. También la ESA procesará los datos en su Centro de Observación de la Tierra (ESRIN) en Frascati, Italia.

– ¿Qué otros satélites europeos están dedicados a explorar la Tierra?

La Organización Europea para la Explotación de Satélites Meteorológicos (Eumetsat), coordina misiones como la de los famosos Meteosat, de los cuales hay actualmente cuatro en órbita. No solo proporcionan imágenes del planeta casi al completo, sino que también cuentan con instrumentos para la medición del balance radiativo terrestre, es decir, la diferencia entra la radiación que llega a la Tierra desde el Sol y la que nuestro planeta emite al espacio en forma de onda larga o infrarrojos. También los satélites Metop realizan mediciones muy útiles para conocer la distribución de la temperatura y humedad en la atmósfera. O la de algunos gases de efecto invernadero que provocan el cambio climático como el CO2. Otros satélites que también se dedican a proveer información de gran importancia para la mejora de las predicciones meteorológicas y obtener mayor conocimiento del sistema climático terrestre son Sentinel-3 y los satélites Jason-2 y Jason-3. Hay que destacar que España, a través del Ministerio para la Transición Ecológica, al que pertenece Aemet, participa en los programas de satélites meteorológicos de Eumetsat con una contribución anual cercana a los 40 millones de euros.

– ¿Hay nuevos satélites en proyecto?

Por parte de Eumetsat, podemos hablar de la tercera generación de Meteosat, que dará lugar a un salto cualitativo en la obtención de imágenes de nuestro planeta, al aumentar notablemente la resolución. También se podrán ver los rayos que se forman durante las tormentas desde el espacio y se medirá la radiación con más precisión. Está previsto lanzar seis nuevos satélites en los próximos años, a partir de 2021. También en la próxima década tiene previsto este organismo lanzar sus satélites polares de segunda generación, que monitorizarán nuestro planeta para la obtención de datos que mejoren las predicciones meteorológicas; y nuevos satélites Sentinel, cuya misión, entre otras, será la de medir las emisiones de gases contaminantes y de efecto invernadero generados en la industria y el transporte. Y la de cuantificar, con una gran resolución, el aumento del nivel del mar a escala global.

vientos regionales

– Ha declarado que Aeolus ayudará a realizar una mejor predicción local de los episodios de vientos intensos. Es decir, ¿un aragonés podrá tener información más completa de cómo le va a afectar el cierzo en determinado día?

En principio, sí. Y eso que el cierzo es un viento regional bastante bien conocido y que se predice bastante bien, pero todavía se podrá probablemente afinar más, lo cual supone algunas mejoras: por ejemplo, en invierno muchas veces Zaragoza y su aeropuerto se ven inmersas en una espesa niebla, que suele ser barrida con la llegada de cierzo. Si se conoce con mayor antelación y precisión la hora de la entrada del cierzo, se podrá saber también mejor cuándo va a ‘levantar’ la niebla y por tanto el tráfico rodado y aéreo se libra de ese fenómeno adverso.

– Ayudará también a saber cómo puede afectar una borrasca con fuertes vientos en una zona concreta ¿Cómo de concreta?

Actualmente en Aemet se trabaja operativamente con modelos meteorológicos mesoescalares. Es decir, que se centran en áreas no demasiado grandes, de centenares de kilómetros como mucho. Su resolución es de 2,5 kilómetros. Los datos de Aeolus a escala global permitirán una mejora de los modelos de predicción sinópticos, que trabajan en áreas mayores, de miles de kilómetros, usados para alimentar en parte los modelos mesoescalares, cuya resolución podrá ser incluso mayor, es decir, que se podrá afinar por debajo de los 2,5 kilómetros en los que se trabaja operativamente en la actualidad.

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Imágenes: Aemet y ESA