Trucos para Biwenger y Comunio: descubre cómo ser un crack

Fantasmas y pesadillas de un jugador de Biwenger y Comunio

trucos Comunio BiwengerEs un demonio que consume nuestras vidas. Nos hace lanzar tantos insultos al cielo que, de vez en cuando, pensamos en dejarlo. Estamos hablando, por supuesto, del fútbol fantasy, cuyos máximos exponentes son Biwenger y Comunio. ¿Cómo triunfar sin perder los nervios?

El Comunio es la bestia que envenena nuestras temporadas futboleras, que nos hace pelear con amigos, parejas, extraños y dioses. Ese maldito juego que otorga sentido a nuestros domingos y nos hace seguir el fútbol con otros ojos. Ese pasatiempo que nos convierte en directores deportivos y entrenadores, pero que, sobre todo, nos frustra mucho, porque las cosas casi nunca salen como nos gustaría.

El ‘comuniero’ abre la aplicación del juego antes de levantarse de la cama, para ver si ha logrado fichar a Melendo. Para ser un verdadero crack en Biwenger y Comunio no hay trucos definitivos. Pero se pueden extraer algunas sugerencias útiles de la experiencia de quien, como servidor, es el vigente campeón de una liguilla extremadamente agresiva. Y también vicecampeón del mundo, por cierto. Sin vacilar más, lo cierto es que en el juego normalmente conviven los superexpertos y los novatos. Y los segundos, a menudo, ganan.

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Los superexpertos y los novatos del Comunio

Los superexpertos son los que se tatúan los artículos del diario ‘Marca’ en la retina. Los que entran a la plataforma cada dos segundos; en muchos casos, renuncian a su carrera por ello. También son los que te hacen ofertas un tanto alienantes por oscuros laterales coreanos. Si te dicen: «No sé quién es, solo tengo una corazonada», puedes estar seguro de que en casa tienen guardados todos los exámenes médicos del futbolista desde la edad preescolar. Mejor no venderlo o, al menos, esperar a que el valor aumente y dejarlo en manos de la máquina.

Por otra parte, deben evitarse las pujas locas para las figuras más populares. Aparte de Messi y, cuando estaba, Cristiano Ronaldo, ningún otro jugador de la Liga puede garantizar una inversión segura. Sin embargo, siempre es útil farolear. En el inevitable chat de la liguilla es mejor dejar correr el rumor de haber vendido la casa familiar con la abuela dentro para juntar la cantidad vergonzosa de dinero que estás dispuesto a gastarte en Diego Costa. Alguien morderá el anzuelo y derrochará mucho más del necesario. De todas formas, en las negociaciones, siempre es bueno mantener varias conversaciones paralelas en chat privados. Y mentir. Mentir como si no hubiera mañana.

Dicho esto, puede que Diego Costa termine con 35 goles y cero expulsiones. Lo cual significa que ese año era mejor dedicarse al tenis. Mucha más satisfacción dan las explosiones inesperadas de futbolistas desconocidos. Pero, precisamente, porque son inesperadas, es prácticamente imposible preverlas. Cuidado con los que afirman lo contrario: mienten. Hace dos temporadas, Portu, para el periodista del ‘AS’ que puntúa, era una especie de híbrido entre Pelé, Maradona y Eusebio. El año pasado recordaba más a Alfredo Landa. Eso sí, recuerda que el dinero vuelve (y no es real); los buenos jugadores, no.

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‘El tipo del AS’

Es evidente que, pese a haber pasado el verano estudiando los vídeos en YouTube de un joven extremo guatemalteco o traduciendo recortes de periódicos escandinavos, el Comunio es impredecible. Ni siquiera una entrega obsesiva a la causa es garantía de éxito. Por mi parte, por ejemplo, gané la última liga sin ver un partido. Ni siquiera el ‘Clásico’. Y conozco gente que ha delegado cada decisión a un bot aleatorio. En muchos casos lograron mejores resultados que muchos expertos.

Mi único truco válido para Comunio y Biwenger es entender la psicología del ‘tipo del AS’. Al final, todo depende de él. A menos que elijas el sistema de puntuación matemático, lo cual, sin embargo, le quita mucha ‘poesía’ al juego. Un poco como el VAR. A menudo, ‘el tipo del AS’ puede parecer un provocador o, simplemente, que no ha visto el partido. Quizás sea así, pero esta entidad colectiva indescifrable en realidad sigue su propia lógica.

Primero, los jugadores nacionales menores de 23 años gozan de una confianza extrema y, en muchos casos, injustificada. Las novedades, además, siempre seducen. Por lo tanto, al menos durante los primeros partidos, los nuevos fichajes generalmente son tratados con buenos ojos. No obstante, esto no vale para los equipos más importantes. En ese caso, las expectativas son demasiadas y los odios cruzados pueden ser destructivos. Puede ser mejor invertir en titulares del Huesca que en las estrellas de Madrid o ‘Barça’.

Además, forzando mi cultura futbolística original, aprendí que en este país se valora mucho más a los que meten dos caños inútiles en el centro del campo, que a los que se dejan la piel durante todo el partido. Así que rinde más fichar a jugadores técnicos, aunque sean claramente superfluos en la realidad.

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Lesiones y rotaciones

Existen diferentes escuelas de pensamiento para el Comunio o Biwenger. Hay quienes apuestan por la cantidad y montan plantillas de 30 jugadores de valor medio. Esa gente que ficha a Ante Budimir por 150.000 euros ante la indiferencia general, con la esperanza de descubrir al Harry Kane de Zenica. Y aquellos que, en cambio, escogen un once de ‘titularísimos’ millonarios. En este caso, además del riesgo de ser engañados por Bale o Coutinho, la maldición de la lesión siempre está al acecho.

Has construido una armada invencible. Y, a mediados de octubre, ya tienes que hacer malabares para juntar a once tíos que se aguanten de pie. Te toca apostar por un vulgar 5-4-1, con tu única esperanza puesta en la exhausta vena goleadora de Kike García. El destino puede azotarte en formas siempre nuevas. Un cruzado que se rompe o la clásica y muy temida lesión en los isquiotibiales, que ríete tú del sarampión. En mi caso, incluso vi aparecer la baja por «cárcel provisional». ¡Ánimo, Toño!

Por supuesto, contar con pocos hombres limita la indecisión a la hora de elegir la formación. Y, por tanto, también los errores imperdonables. Como todos los viernes, para elegir a los más aptos, verificas su rendimiento, consultas los horóscopos y te informas de sus relaciones románticas. Y luego, puntualmente, te encuentras con la criptonita del jugador del Comunio: las rotaciones. Resulta que el jueves se juega la maldita Europa League y Trigueros tiene que descansar. ¿No lo sabías? Pues ahora lo sabes.

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Los tormentos del jugador de Comunio y Biwenger

Cuando los entrenadores no te complican los planes, los calendarios tampoco ayudan. A veces toca formar el once el viernes para partidos que se juegan el lunes. Un tiempo suficiente para romperse una rodilla o terminar en la cárcel (¡Free Toño!). Pero la peor de las maldiciones del juego es la del goleador en el banquillo.

Pasa cuando, después de diez partidos en los que Diego Costa ha abusado de tu confianza, finalmente decides mandarle a reflexionar al banquillo. Entonces el delantero se despierta y mete un triplete de chilena. Obviamente, la semana sucesiva será tu titular, y acabará expulsado en el minuto dos. En general, quienes juegan a Comunio y Biwenger viven una especie de disociación paranoide. El jugador, de hecho, no confía en nadie y está convencido de que la suerte siempre esté ayudando a los demás. Que ‘el tipo del As’ sabe quién es y le odia. O que recibe sobornos de sus ‘enemigos’.

El Comunio te enfrenta a opciones existenciales muy serias. El verdadero jugador siempre tiene el corazón dividido por la mitad. Su equipo acaba de meter un gol y él no sabe qué hacer. ¿Alegrarse por acercarse a la Champions o desesperarse porque el tanto lo ha metido el delantero de un competidor? Esta situación es la peor de todas. Quien la mire desde fuera podría dudar del equilibrio mental del desafortunado. Intentar explicar a alguien este conflicto de intereses latente que desgarra el corazón del comuniero es imposible.

La vida privada sufre. No pasaba cuando éramos jóvenes estudiantes. Pero hoy, con trabajo, hijos y parejas, justificar las continuas miradas al móvil para controlar los resultados, de viernes a lunes (a veces martes), es difícil. Muchos de nosotros hemos preferido decir que tenemos un amante en lugar de confesar. El amante se perdona, el Comunio extremo no.

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Imágenes | iStock

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