Coronavirus COVID-19, un miedo colectivo con raíces evolutivas

Coronavirus COVID-19, un miedo colectivo con raíces evolutivas

coronavirus COVID-19¿Estamos exagerando sobre el peligro del coronavirus COVID-19? Puede que sí o puede que no, dependiendo de lo cerca que veamos la posibilidad de contraer la infección, de nuestra pertenencia a los grupos de población de mayor riesgo o de nuestra voluntad de no contribuir a propagar un virus desconocido por todo el planeta.

Los efectos reales de esta crisis causada por el coronavirus COVID-19 solo se podrán valorar cuando se haya contenido este brote infeccioso que está causando una oleada de pánico con graves consecuencias en el sistema sanitario y en la economía global.

Buena parte de este pánico surge de la propagación de bulos que ofuscan a una población ya de por sí confundida ante una situación de alarma de esta magnitud. Hay que insistir, antes de continuar, en la necesidad de acudir a las fuentes oficiales para informarse.

la raíz evolutiva del miedo al coronavirus COVID-19

Sin embargo, el contagio de pánico causado por la epidemia también se explica por factores relacionados con lo que somos, en concreto con el proceso evolutivo que nos hizo llegar a ser lo que somos. Así, por ejemplo, sabemos que contamos con unas neuronas espejo gracias a las cuales tendemos a reaccionar de la misma manera frente a emociones como el miedo.

Estas neuronas espejo nos permiten desde aprender por imitación a generar la cultura humana, tal como apuntó el científico estadounidense Vilayanur Ramachandran. Se trata de una teoría con la que está de acuerdo su descubridor Giacomo Rizzolatti que, junto a su equipo en la italiana Universidad de Parma, las localizó en un macaco.

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tu miedo lo siento yo

Al principio pareció que este sistema de imitación estaba relacionado solo con movimientos simples, como agarrar comida, pero posteriores análisis confirmaron que el mecanismo permitía también hacer propias las acciones, sensaciones y emociones de los demás. Además, el sistema también se descubrió en los humanos, con la activación del lóbulo parietal y la corteza motora del cerebro. El hallazgo le valió a Rizzolatti el Premio Príncipe de Asturias de investigación en 2011, entre otros galardones.

En una entrevista a SINC, el neurólogo explica que los seres humanos tenemos “un mecanismo específico para que, cuando vemos dolor en otra persona, también sintamos dolor. No solo entendemos el dolor del otro de manera cognitiva, también lo sentimos”. Y el miedo también se siente.

Estas neuronas, llamadas de la empatía, no son los únicos mecanismos cerebrales que intervienen en un brote de pánico. Tal como explica en The Conversation Diego Redolar, neurocientífico de la UOC, “el cerebro se ha ido esculpiendo a lo largo de la evolución para fomentar la supervivencia y la reproducción de nuestra especie”.

lo emocional frente a lo racional

La amígdala, una estructura con forma de almendra localizada en el interior del encéfalo, supervisa constantemente la información que recibimos del entorno en busca de señales de peligro y está detrás de decisiones que pueden parecernos irracionales.

Este predominio de lo emocional frente a lo racional está detrás de algunas de las reacciones que estamos viendo estos días ante el avance de la epidemia del coronovirus COVID-19 y el experto recomienda hacer caso también a nuestra corteza prefrontal, que nos ayuda a adecuar la respuesta emocional al contexto social, de valores y ético en el que nos encontramos.

Para hallar este equilibro entre emoción y razón “necesitamos información correcta y poco ambigua que permita analizar y comparar el valor de cada una de las opciones posibles, anticipar las posibles consecuencias de la decisión que vamos a tomar y evitar tomar las decisiones guiándonos de forma exclusiva desde emociones intensas como la ira o el pánico”, recomienda Redolar.

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información veraz sobre el coronavirus COVID-19

Es importante destacar la necesidad de contar con una información adecuada y unos medios de comunicación que no contribuyan a la desinformación, pues estos son decisivos en la formación de la opinión pública y también de los miedos colectivos, incluso de comportamientos.

Según un estudio realizado por Yotam Ophir, de la Universidad de Pennsylvania, ante una epidemia los medios se suelen centrar en lo que parece más interesante, no en lo que la gente necesita para tomar decisiones.

“Descubrí que darle al público artículos sobre riesgos y soluciones, tanto individuales como grupales, aumentaba las probabilidades de que la gente siguiese las indicaciones sanitarias durante una epidemia. Contar historias sobre enfermedades terribles sin dar información sobre cómo protegerse de ellas es una buena forma de causar ansiedad y angustia emocional”, explica en The Conversation.

sobreabundancia de información

La propia OMS describe la sobreabundancia de información acerca del coronavirus como una “infodemia”. Aunque algunos de los datos proporcionados son fidedignos, muchos no lo son y, en ocasiones, resulta complicado discernir qué es cierto y qué no.

Esta incertidumbre da lugar a comportamientos más guiados por la ansiedad que por un análisis sosegado de los hechos. Como está sucediendo con el coronavirus COVID-19, “durante el brote de Ébola ocurrido en 2014, los rumores sobre la enfermedad llevaron a que mucha gente, presa del miedo, adquiriera kits de protección contra el Ébola por internet, compuestos por trajes NBQ y máscaras, productos ambos que en ningún caso eran necesarios para evitar la infección”, explica Connal Lee, de la Universidad del Sur de Australia.

epidemia en tiempo real

Estamos, otra vez, ante lo que Ignacio López-Goñi, catedrático de Microbiología de la Universidad de Navarra, califica como una pandemia de miedo. Este experto, sin desdeñar la gravedad a la situación, señala que “por primera vez en la historia estamos viviendo una epidemia a tiempo real: todos los medios de comunicación, varias veces al día, todos los días, en todo el planeta, hablan del coronavirus. Seguimos el goteo de cada uno de los casos en directo”.

Es fundamental no contribuir a esta pandemia de miedo compartiendo bulos en redes sociales, no hagamos caso de medias noches habiendo noches enteras. Como explica a Nobbot Sonia Zúñiga, experta en coronavirus e investigadora del Centro Nacional de Biotecnología del CSIC, «una de las grandes diferencias que está habiendo frente a epidemias anteriores es la cantidad de información sin base científica que circula. Es difícil de combatir. Si uno quiere informarse tiene que acudir a fuentes fiables: el Ministerio de Sanidad, los portales de salud de las comunidades autónomas, las circulares con recomendaciones que se envía a los trabajos, la Organización Mundial de la SaludFuentes contrastadas y actualizadas».

prevenir antes que curar

En conclusión, tomemos las medidas preventivas que nos recomiendan las autoridades sanitarias y no nos dejemos contagiar por el miedo. Se trata de no ver callejones oscuros llenos de arañas acechantes donde hay una soleada avenida en la que juguetean simpáticas mascotas…o, por lo menos, una callejuela con unas zonas de sol y otras de sombra.

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