Ana Revenga: “Las recetas populistas agravarían la desigualdad”

Ana Revenga: “Muchas propuestas populistas agravarían la desigualdad”

Ana Revenga es una de las más autorizadas voces en lo que tiene que ver con políticas de desarrollo y reducción de la pobreza, crecimiento inclusivo e igualdad de género. Doctora en Economía por la Universidad de Harvard y economista y matemática cum laude por el Wellesley College, cuenta con una dilatada trayectoria en el Banco Mundial. En la actualidad, es investigadora senior en The Brookings Institution, un ‘think tank’ con más de 100 años de historia con sede en Washington, y profesora adjunta de Economía de la Universidad de Brown (EE.UU.). Además, trabaja en iniciativas que impulsan los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas (ODS); en concreto, el de equidad de género y el de la erradicación de la pobreza y la desigualdad. Es miembro de la plataforma de expertos Los 100 de Cotec, impulsada por la Fundación COTEC para la innovación, en concreto, en el área Fin de la Pobreza, el primero de los 17 ODS. Recientemente se ha incorporado a la Fundación Microfinanzas BBVA (FMBBVA).

– Usted fue la impulsora del primer informe del Banco Mundial que aludió a la íntima relación que hay entre igualdad y progreso, por favor defínanos qué es igualdad y qué es progreso.

Amartya Sen definió el desarrollo económico como una expansión de las libertades reales, de las capacidades de cada individuo de vivir la vida a la que aspira vivir. Hay que entender el concepto de progreso económico y social de la misma manera, como un proceso de expansión de libertades y oportunidades para todos los miembros de una sociedad. No es sorprendente por tanto que progreso e igualdad estén íntimamente ligados. El progreso exige igualdad.

Que todas las personas, independientemente del grupo al que pertenecen, de donde hayan nacido, o de cual sea su contexto socio-económico, disfruten de las mismas libertades reales y de las mismas oportunidades es mucho más complejo de lo que parece, porque no se trata de ofrecer igualdad de oportunidades sobre el papel, sino una verdadera igualdad de oportunidades y esto puede exigir políticas que compensen el legado de desigualdades pasadas.

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– Una vez aclarados estos conceptos, ¿cómo explica usted el surgimiento de propuestas políticas de corte populista que los cuestionan? ¿La desigualdad está poniendo en peligro la democracia?

Uno de los factores que está empujando a las personas a optar por soluciones populistas es el descontento creciente con el sistema económico actual que ha generado grandes desigualdades de ingresos en muchos países (aunque no en todos). La globalización ha traído consigo grandes mejoras en las condiciones de vida de millones de personas en el mundo y ha contribuido a cerrar brechas entre países, pero también ha contribuido a la destrucción de empleos y a un aumento de la desigualdad en algunos países, y especialmente en los países de la OCDE.

A este impacto de la globalización sobre el empleo se añade el efecto del cambio tecnológico que ha tenido efectos muy dispares sobre aquellos que tienen los conocimientos y habilidades para poder aprovechar las nuevas oportunidades (en general trabajadores con estudios universitarios) y aquellos que no.

Las políticas públicas no han sido suficientemente efectivas a la hora de compensar los efectos negativos de la globalización y del desarrollo tecnológico sobre la clase media.

Estos últimos han visto sus oportunidades laborales reducirse a trabajos de baja calidad y bajos ingresos. La combinación globalización + desarrollo tecnológico ha polarizado los mercados de trabajo y contribuido a un aumento considerable de la desigualdad salarial.

En muchos países esta polarización tiene además un aspecto generacional, con brechas crecientes entre generaciones. En otros tiene una faceta geográfica, con los buenos trabajos y oportunidades concentrados en las zonas urbanas más dinámicas, mientras que las zonas rurales o antiguas zonas industriales se enfrentan a un declive económico sostenido (el caso de EEUU por ejemplo es notable en este aspecto).

Ana RevengaHoy por hoy, las políticas públicas no han sido suficientemente efectivas a la hora de compensar los efectos negativos de la globalización y del desarrollo tecnológico sobre la clase media. No es sorprendente, por tanto, que una parte de la población perciba el sistema como injusto.  En este contexto las soluciones populistas son atractivas. Pero también son simplistas y erróneas. Prometen cambiar el sistema, pero no hablan de cuáles serán las consecuencias. Irónicamente, muchas recetas populistas agravarían la desigualdad.

Las propuestas populistas son atractivas pero simplistas y erróneas

Ni la globalización ni el cambio tecnológico van a desaparecer, y la solución no es cerrar mercados ni cerrar fronteras, ni regular el desarrollo tecnológico, sino diseñar políticas públicas que moderen el aumento de las desigualdades y que ayuden a todas las partes de la sociedad a adaptarse a los cambios.

 capitalismo con rostro humano

– ¿Se perdió la oportunidad de refundar un capitalismo con cara humana durante la gran crisis?

El problema empieza mucho antes de la crisis, con las reformas de Reagan y Thatcher. Es en ese momento cuando se crea una identificación falsa entre el sistema de mercado y el neoliberalismo a ultranza que promueve la reducción del papel de estado, la desregulación a todo precio y el desmantelamiento de pilares básicos del sistema de bienestar.

La gran crisis, en sí misma resultado directo de esa política de desregulación, agudiza el problema. El descontento actual, la emergencia de soluciones populistas, son legado directo de la gran crisis, pero la semilla se plantó antes, durante los años 1980.

Todos los que estudiamos economía sabemos que los mercados por sí solos no siempre promueven resultados eficientes, y menos aún equitativos. Los mercados fallan y la regulación y las políticas públicas son un elemento esencial de una economía de mercado eficaz y justa.

Los mercados por sí solos no siempre promueven resultados eficientes, y menos aún equitativos.

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– Hablando del capitalismo, ¿no cree inquietante que la economía china se muestre como la más pujante aprovechando las ventajas competitivas que le ofrece su comunismo de mercado? Aplicando una lógica economicista, y a la luz de este ejemplo, hay quien podría pensar que la libertad –en contra de lo que afirma el discurso liberal- puede ser un obstáculo para la competitividad.

El modelo chino es el resultado de la aplicación de los principios e instrumentos de la economía de mercado a un contexto muy específico. En lugar de aplicar las enseñanzas de la economía de mercado de forma ideológica, lo que han hecho ha sido adaptar el modelo a sus instituciones. Nos puede gustar o no, pero ha sido una decisión muy inteligente de su parte.

La lección que yo saco no es ni mucho menos que la libertad es mala para la competitividad, sino que no se puede adoptar un modelo de economía de mercado sin tener en cuenta el contexto institucional y cultural. La democracia liberal y la economía de mercado siguen siendo para mí la mejor combinación para promover el progreso económico y social. Si miramos al pasado está claro que los grandes avances económicos y sociales en su gran mayoría han ocurrido en sistemas democráticos. Pero esos avances han exigido un estado fuerte y redistributivo, no un estado minimalista como proponen algunos defensores del neoliberalismo.

China ha adaptado con éxito los principios e instrumentos de la economía de mercado a sus instituciones.

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– En el contexto de la desigualdad, la mitad femenina de la población añade a la desigualdad económica la de género. ¿Cree que la nueva ola feminista surgida a raíz de #Metoo está logrando avances reales en el ámbito económico? ¿Se están implementando políticas de género eficaces tanto en el ámbito público como el privado?

El movimiento feminista ha conseguido grandes progresos, pero ¡no es un movimiento que surge a raíz del #MeToo! Es un esfuerzo de más de un siglo que ha necesitado mucha lucha y mucho sacrificio. Las mujeres de hoy somos las beneficiarias de los esfuerzos de esas pioneras que lucharon por nuestros derechos en ambientes mucho más hostiles. No lo olvidemos.

En el informe del Banco Mundial sobre Igualdad de Género y Desarrollo 2012, que tuve la suerte de dirigir, documentamos los amplios progresos conseguidos en igualdad de género en el mundo durante las últimas décadas. Pero también dejamos claro que hay brechas de género que persisten en todos los países y a todos los niveles de ingresos. Estas brechas son especialmente importantes en el ámbito económico y en el ámbito de liderazgo económico y político.

Además de ser importante en sí misma, la igualdad de genero es una política inteligente desde un punto de vista económico.

Creo que la sociedad es cada vez más consciente de que la igualdad de género es importante en sí misma, es un derecho, pero también de que es una política inteligente desde un punto de vista económico. Por eso creo que, aunque surjan resistencias ocasionales, la mayor parte de la sociedad apuesta por erradicar la desigualdad de género y apoya los cambios legales, institucionales y de mentalidad que son necesarios para conseguir una verdadera igualdad.

consecuencias de la discriminación de la mujer

– ¿Qué consecuencias tiene para la economía mundial la discriminación de la mujer?

En un estudio que encargamos para el informe de Igualdad de Género y Desarrollo 2012 elaborado por David Cuberes y Marc Teignier se estima que el PIB per cápita en el mundo sería un 16% más alto, en promedio, si las mujeres participasen en el mercado laboral en igual medida que los hombres y si su presencia en el sector empresarial también fuese igual. En un estudio posterior McKinsey obtiene unas estimaciones algo mayores, en torno al 26%.

Son los propios países en vías de desarrollo los que tienen que liderar la lucha contra la pobreza extrema, pero hace falta que los países más ricos se comprometan a apoyar este proceso.

– En lo que se refiere al Objetivo de Desarrollo Sostenible de erradicar la pobreza, hay indicadores que invitan al optimismo, pero aún hay mucho trabajo que hacer. ¿Qué medidas considera esenciales?

Políticas económicas a nivel nacional que apoyen un crecimiento inclusivo en los países en vías de desarrollo. Inversiones en educación y salud para todos, no solo para las familias con más medios.  Sistemas de protección social más eficaces y un compromiso global con el desarrollo económico de África, donde hoy en día se concentran más de la mitad de los pobres extremos del mundo.

Muchos países en vías de desarrollo están estableciendo redes de protección social que con inversiones de menos de un 1% del PIB tienen un impacto enorme sobre la pobreza y permiten a las familias invertir en la educación y salud de sus hijos. Hay que apoyar estas inversiones, incluso financieramente en aquellos países que no puedan financiarlas de recursos propios.

Al final son los propios países en vías de desarrollo los que tienen que liderar la lucha contra la pobreza extrema, pero hace falta que los países más ricos se comprometan a apoyar este proceso – y no solo con una ayuda al desarrollo más generosa, sino sobre todo manteniendo sus mercados abiertos, invirtiendo en los países en vías de desarrollo y apoyando mecanismos que faciliten los movimientos migratorios de forma regulada y ordenada.

Erradicar la pobreza, ODS

– ¿Detecta un compromiso real de las instituciones internacionales y gobiernos nacionales para implementar medidas para poner fin a la pobreza extrema?

Hay países con un gran compromiso y una larga trayectoria de apoyo al desarrollo, y otros bastante menos comprometidos. Me gustaría que todos viesen en este objetivo una prioridad global, aunque sea solo por interés propio.

Estos focos de pobreza generan olas migratorias que parecen estar superando a los gobiernos del llamado mundo desarrollado y son recibidas con rechazo por parte de la población, en especial la más azotada por la crisis. ¿Hay alguna forma constructiva de afrontar la crisis migratoria que no sea construir muros y vallas con alambre de espino?

La mejor forma de combatir las olas migratorias es apoyando el desarrollo económico en los países de origen. Estos flujos surgen de la falta de oportunidades y de la desesperación.

La mejor forma de combatir las olas migratorias es apoyando el desarrollo económico en los países de origen.

Una forma de apoyar ese desarrollo es abriendo nuestros mercados a sus productos y apoyando sus exportaciones. Los países más ricos no pueden cerrar sus mercados y sus fronteras a la vez.

Pero, además, tenemos que pensar en que las sociedades occidentales, y algunas sociedades emergentes, están envejeciendo muy rápidamente y este envejecimiento va a ralentizar el crecimiento económico. La inmigración ofrece una solución clara al problema. Lo que hace falta es encuadrar esa inmigración en acuerdos globales como el Acuerdo Global para la Migración aprobado en el 2018.

También hay experiencias de países individuales que proporcionan ejemplos a seguir. Por ejemplo, la experiencia de Nueva Zelanda con programas para trabajadores temporales, que ha tenido un efecto muy positivo sobre el desarrollo económico de los pequeños países de la Región de Asia y el Pacífico.

desarrollo tecnológico y desigualdad

– Por último, en su opinión ¿está contribuyendo el desarrollo tecnológico y la digitalización a la reducción de la desigualdad? Hay voces que apuntan a lo contrario.

El desarrollo tecnológico y la digitalización ofrecen grandes oportunidades en la lucha contra la pobreza y la desigualdad de género. Un ejemplo: la plataforma de pagos digitales M´Pesa en Kenya ha servido para conectar a miles de micro-emprendedores, muchos de ellos mujeres, a servicios financieros y a mercados, con el resultado de mejorar sus ventas y beneficios.

Pero el cambio tecnológico y la digitalización también pueden acentuar el aumento de la desigualdad ya que, como comentaba anteriormente, polarizan el mercado de trabajo: favorecen a los trabajadores que tienen los conocimientos y las habilidades necesarias para aprovecharse de las nuevas tecnologías, pero perjudican a los que no los tienen. Se estima que la automatización podría eliminar hasta un 50% de las ocupaciones tal como las conocemos hoy en día.  Sin un gran esfuerzo por parte de los gobiernos en invertir en los sistemas educativos y en igualdad de oportunidades, los efectos podrían ser muy nocivos.