Día del Asteroide: así trabaja la ciencia para detectar y desviar asteroides

Los asteroides aman la Tierra, la historia de amor más ¿peligrosa?

Representación del asteroide y el proyecto HERA

El 30 de junio de 1908, un asteroide cayó en Tunguska (Siberia) y destruyó una superficie equivalente a la isla de Gran Canaria. Es el impacto más importante de un asteroide en nuestra historia reciente. Y, por ello, Naciones Unidas declaró el 30 de junio como Día del Asteroide.

Asteroides: tan atractivos, tan peligrosos

¿Qué es un asteroide? Michael Kueppers, miembro de ESA (Agencia Espacial Europea) y científico del proyecto Hera, nos lo explica, remontándose al origen del Sistema Solar. Durante su formación, se originaron cuerpos de roca y metal que evolucionaron en planetas terrestres secos (Mercurio, Venus, Tierra y Marte) y gaseosos (Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno). “El resto de pequeños cuerpos, aquellos que no se incorporaron a los planetas, son los asteroides”, señala.

El Dr. Josep M. Trigo-Rodríguez, investigador principal del Grupo de Meteoritos, Cuerpos Menores y Ciencias Planetarias del Instituto de Ciencias del Espacio (CSIC-IEEC), nos habla de las diferencias entre asteroide, cometa y meteorito. Un asteroide se identifica por el material que lo forma, mayoritariamente rocoso, y por su diámetro, de entre un metro y mil kilómetros. Mientras que los cometas son “una amalgama de hielos, materia orgánica y polvo fino, enormemente frágiles”. Por último, los meteoritos son rocas que, provenientes de un cuerpo planetario, impactan contra la superficie de la Tierra.

Los edificios de los Telescopios Fabra-ROA (izqda.) y Joan Oró (dcha.) del Observatori Astronòmic del Montsec

Así que nuestra duda es cuáles de estos cuerpos pueden ser peligrosos para nuestro planeta o nuestra vida. Según nos cuenta Trigo-Rodríguez, los asteroides pueden ser letales a nivel regional cuando superan los 100 metros de diámetro. Aunque los datos estadísticos indican que las posibilidades de que aparezca un asteroide de ese tamaño con peligro de impactar sobre nuestro planeta se dan cada 10.000 años.

Michael Kueppers y Juan L. Cano, coordinador del NEOCC de ESA, nos explican que los asteroides que se encuentran a una distancia del Sol por debajo de 1.3 au (un au es la distancia entre Sol y Tierra) y a los que llamamos NEA son los potencialmente peligrosos.

Si os preguntáis quién vigila el cielo para detectar asteroides peligrosos, la ESA es una de las instituciones que, desde Europa, se encarga de ello. “La ESA calcula la probabilidad de que cualquier NEA pueda impactar la Tierra en los próximos 100 años y hace que esta información esté disponible en el portal web del Centro de Coordinación NEO». En esa lista,están documentados más de 20.000 asteroides. De ellos, podrían impactar contra nosotros 865.

Cazando asteroides

En la historia de nuestro planeta ha habido muchos asteroides cuyos impactos han resultado devastadores. Algunos olvidan que nuestra Luna es fruto de la colisión de un embrión planetario con la Tierra, hace 4.500 millones de años. El doctor Trigo-Rodríguez también nos recuerda el origen del cráter de Chicxulub (México), de 150 kilómetros de diámetro y que ocurrió por el impacto de un asteroide hace 66 millones de años.

Por ello, se hacen necesarios los programas de búsqueda para detectar asteroides cercanos a la Tierra. Tras su identificación, se realiza un seguimiento de las órbitas de los asteroides para comprobar si existe peligro de que impacten contra nosotros.

Cano nos habla de programas específicos: “El programa de investigación Catalina Sky Survey y el telescopio Pan-STARRS son financiados por la NASA. La ESA está preparando un instrumento para ese propósito, el telescopio Flyby, para contribuir a las necesidades de encontrar los millones de NEA que aún deben localizarse.”

La sonda espacial AIDA

Proyecto AIDA para desviar asteroides
Infografía del proyecto AIDA

Asteroid Impact and Deflection Assessment (AIDA) es una colaboración entre ESA y NASA para probar una tecnología capaz de cambiar la órbita de un asteroide. Se divide en dos partes. Por un lado, la misión DART (prueba de redirección de asteroides dobles) de la NASA se lanzará en 2021 y tratará de impactar sobre el asteroide Didymoon en 2022 para intentar modificar su órbita. Se trata de la luna de otro asteroide, Didymos.

Por su parte, ESA se encargará de la misión HERA. Según Kueppers, “viajará al asteroide para investigar el resultado del impacto DART. Medirá la masa de Didymoon, investigará el cráter y las características de la pareja de asteroides. De esta manera podremos escalar el resultado del impacto a otros asteroides».

Dr. Josep M. Trigo-Rodríguez con el telescopio Joan Oró

Didymoon no supone un riesgo para nuestro planeta. Pero, si un día se detecta un asteroide que pueda colisionar contra la Tierra, AIDA nos habrá preparado para poder evitar el impacto. Trigo-Rodríguez nos explica la importancia del método de trabajo de estas misiones pioneras en la desviación de asteroides: “Se emplean técnicas de impacto cinético, sin carga explosiva ni convencional, ni nuclear“.

El Instituto de Ciencias del Espacio

El Instituto de Ciencias del Espacio es el único centro español repositorio de meteoritos de la colección Antártica de la NASA. Trigo-Rodríguez, como investigador principal del Grupo de Meteoritos, Cuerpos Menores y Ciencias Planetarias, nos habla de su relevancia: “Tenemos en nuestros laboratorios los meteoritos más inalterados que conocemos desde la formación del Sistema Solar. Somos pioneros en estudiar el transporte de agua desde esos meteoritos fascinantes que son las condritas carbonáceas.“

Desde el Instituto observan los asteroides que se encuentran cerca de la Tierra para corregir sus órbitas. Estos objetos no solo se rigen por la gravedad, sino que los procesos térmicos que sufren también pueden alterar sus trayectorias. Estudiándolos podemos saber cómo serían posibles “encuentros” con nuestro planeta.

El proceso comienza con la astrometría o “toma de imágenes de los campos estelares para medir el asteroide respecto al fondo del cielo”, explica Trigo-Rodríguez. Una vez observado el objeto, se traza el arco de su trayectoria en el firmamento. Y se estima su velocidad para definir su órbita alrededor del Sol.

Análisis de asteroides
Josep M. Trigo y Marina Martínez en la sala blanca de meteorítica del ICE

Para ello, es fundamental el trabajo del Joan Oró, un telescopio robótico y programado remotamente. “Es un telescopio reflector de 80 centímetros en configuración Ritchey-Chrétien. Está capacitado para realizar imágenes teniendo en cuenta el movimiento propio de asteroides y cometas”, afirma el doctor. Gracias a su uso, trabajan con la Oficina de Defensa planetaria de la Agencia Europea del Espacio en la monitorización de cuerpos que se aproximan a la Tierra.

También efectúan numerosos experimentos para conocer las propiedades físicas de los meteoritos. Una de las técnicas más novedosas es la indentación, “para comprender las propiedades mecánicas y respuesta a los impactos, con implicaciones para desviar asteroides”, señala Josep Trigo-Rodríguez. También realizan análisis químicos para estudiar los materiales que los forman. Este centro trabajará directamente en la misión HERA.

Dos de los trabajos más interesantes para el equipo del doctor Trigo-Rodríguez han sido los relacionados con el cometa 81P/Wild, del que la sonda espacial Stardust recolectó muestras de polvo cometario en 2004, y con el asteroide Itokawa. Itokawa es un asteroide Apolo, uno de los tres grupos de asteroides más cercanos a la Tierra. La sonda espacial japonesa Hayabusa aterrizó en su superficie en 2005 para traer muestras a la Tierra.

Trigo-Rodríguez nos explica que fueron de las primeras misiones de retorno de muestras desde un cometa y un asteroide. Han estudiado su composición química, sus propiedades físicas e inferido detalles que acontecieron en sus cuerpos progenitores. La importancia de su estudio radica en que “pueden considerarse fósiles de los procesos que vivió el Sistema Solar durante su formación”.

Asteroides, cometas, misiones de la NASA. Todo resulta tan estimulante que nuestra imaginación vuela. Pero, ¿invertimos lo necesario para que estos proyectos indaguen en los misterios del universo? Nos responde Trigo-Rodríguez: “El grupo que dirijo va siendo financiado pero mínimamente, casi sin oportunidad para financiar doctorados de jóvenes investigadores. Mejorar la financiación de la ciencia es preciso pero requerirá un cambio de modelo. El interés público en la ciencia es bajísimo, por el desinterés de la mayoría de medios. Aunque socialmente exista un porcentaje de personas formadas que realmente valoran y aprecien nuestro trabajo. Eso nos anima a seguir adelante.”

Y a nosotros, también.

En Nobbot | José María Madiedo, nuestro hombre en la Luna

 Imágenes | ESA, CSIC-IEEC

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *