El botijo, tecnología humilde para solucionar problemas esenciales

Ni robots, ni blockchain, ni 5G: a veces, la tecnología más puntera es un botijo

Big data, robotización, inteligencia artificial, blockchain, internet de las cosas o conectividad 5G son tecnologías que ya protagonizan nuestro presente y, a buen seguro, darán forma a nuestro futuro. Sin embargo, a veces, la tecnología más puntera es una bombilla que ilumina, un grifo del que sale agua o, en el colmo de la sofisticación, un simple botijo. Así lo ha entendido la estudiante de ingeniería Carla Ortiz que ha estudiado las propiedades de este sencillo recipiente de arcilla –sudar para enfriar el agua de su interior – aplicadas a otro invento revolucionario: el “zeer”, por su nombre en árabe. Este hallazgo, del nigeriano Mohammed Abba, aplica el mismo principio termodinámico del botijo a un sistema de vasijas que permite conservar alimentos.

En la década de los 90, los investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid, Gabriel Pinto y José Ignacio Zubizarreta, cuantificaron  la capacidad del botijo para disminuir la temperatura del agua que contiene, mediante modelos teóricos y experimentales. “No pretendíamos descubrir ni patentar nada”, explica Pinto a Sinc en su laboratorio de la universidad, aclarando que el objetivo de este trabajo fue ofrecer una herramienta didáctica a los estudiantes de ingeniería química.

la versión nigeriana del botijo

De hecho, este castizo recipiente no solo se conoce en España. El “zeer” o “pot-in-pot”, creado por Mohammed Abba, aplica el mismo principio evaporativo en una vasija de barro dentro de otra más grande, separando ambas con arena mojada y tapándolas con un paño.

Como la arena que separa las vasijas está mojada, el agua tiende a salir por los poros de la vasija en contacto con el aire seco –al igual que en el botijo– y mediante su evaporación refrigera el interior. Esta innovación hizo merecedor a Abba del premio de la marca Rolex.

El “zeer” o “pot-in-pot”, creado por Mohammed Abba

Gracias a las propiedades para conservar alimentos de este dispositivo, las niñas de algunos poblados de Nigeria pudieron ir al colegio. Sin el invento, estaban obligadas a recoger espinacas de forma diaria, que se suelen vender para contribuir a la economía familiar.

“Este tipo de espinaca solo aguantaba fresca una jornada, debido a las altas temperaturas. Dentro del ‘pot-in-pot’ duraba varios días. El ingenio hace incluso posible conservar viales de insulina”, explica Pinto.

un sistema de refrigeración ecológico

El verano pasado, la alumna Carla Ortiz, de E.T.S.I. Industriales, reprodujo el invento de Abba para su trabajo de fin de grado (TFG). La estudiante de ingeniería buscaba comprobar mediante modelos teóricos y experimentales el funcionamiento del ‘pot-in-pot’, como ya hiciese su tutor Gabriel Pinto con el botijo, 25 años atrás.

El estudio duró dos meses y en su fase experimental comparó el estado de los alimentos dentro y fuera del dispositivo durante dos semanas. En el exterior, la temperatura superaba los 40 grados, –los de aquel caluroso julio de 2017– pero en el interior del ‘pot-in-pot’ había unos 20 grados.

Gabriel Pinto y Carla Ortiz han estudiado la refrigeración por evaporación de agua en el botijo y en el pot-in-pot. / Olmo Calvo

Tras ocho días, los vegetales que habían sido depositados en el interior del ‘pot-in-pot’ se encontraban en buenas condiciones para su consumo. Por el contrario, las espinacas, zanahorias, tomates y berenjenas fuera del dispositivo se habían echado a perder.

El ‘pot-in-pot’ y el botijo comparten un sistema de refrigeración ecológico, que no necesita electricidad. Tan solo precisa de agua, arcilla, arena y un clima adecuado.

el botijo como sistema de regadío

El mismo principio termodinámico del botijo ha sido clave en el sistema de riego localizado más antiguo que se conoce, basado en enterrar vasijas llenas de agua, tal como afirma Andrés Martínez de Azagra, catedrático de Hidráulica e Hidrología en la Universidad de Valladolid. En unos escritos chinos del siglo primero antes de Cristo ya se describía esta técnica de irrigación (usada para cultivar melo­nes), pero bien pudiera llevar prac­ticándose desde mucho tiempo atrás. En España las gen­tes de campo conocen el método y lo vienen aplicando para instalar árboles frutales de secano (almendros, olivos, algarrobos, jerbos, moreras, nogales, etc.) desde siempre.

Sistema de riego basado en el enterramiento de recipientes de barro con agua. Imagen de Pravia.com

“Enterrando un pequeño recipiente de barro cocido (de entre 1 y 3 litros de capacidad) junto a cada brinzal y llenándolo de agua periódicamente, aseguramos su supervivencia y creci­miento aun en los años más adversos. Basta con llenar el tarro de vez en cuando, en cada visita (p. ej.: una vez al mes durante el estío), y dejarlo fácil de localizar y bien tapado para evitar que el agua se evapore, que los animales lo puedan utilizar como bebedero o que puedan ahogarse en él”, explica el experto.

UNA MÁQUINA TÉRMICA que no funciona en cualquier lugar

En realidad, el botijo es una máquina térmica que funciona igual que el cuerpo humano. La arcilla porosa ‘suda’ para refrescar el agua del interior, del mismo modo que nosotros lo hacemos para eliminar toxinas y refrescarnos. “También existen botijos barnizados. En este caso, el agua no se enfría porque no sale por los poros para evaporarse”, indica Pinto.

Como depende de la humedad del aire externo, el botijo tampoco funciona igual en todos los lugares del planeta. Si el calor es húmedo el botijo no enfría. Por este motivo, este instrumento no es muy conocido en otros países: “En un congreso internacional un estadounidense me preguntó una vez por dónde se metía la pajita”, recuerda Pinto.

“El clima mediterráneo es una excepción en el mundo porque se caracteriza por un verano seco”. Para conocer en qué lugares podría funcionar el mecanismo del botijo, el profesor Andrés Martínez de Azagra, de la Universidad de Valladolid, elaboró un mapa para Journal of Maps con los países con condiciones potencialmente adecuadas para su funcionamiento.

Mapamundi del botijo

En naranja, zonas aptas para que el botijo funcione. / Martínez de Azagra y Del Río

Hippo Roller: un bidón de agua que es una revolución

En Nobbot nos gusta hablar de estas humildes tecnologías que ofrecen soluciones eficaces a problemas reales de buena parte de la población del planeta. Entre estos problemas, aunque resulte extraño a ojos de un lector de el llamado mundo desarrollado, destaca el del acceso al agua. 180.000 niños menores de cinco años mueren cada año (unos 500 al día) en el África subsahariana por enfermedades diarreicas provocadas por la falta de acceso adecuado a agua, saneamiento e higiene, según Unicef. Más datos: 750 millones de personas (más del doble de la población de EEUU) no tienen acceso al agua potable y, en África, el 40% de los hogares más pobres no tienen agua corriente mientras que más de la mitad de su población no tiene acceso a fuentes, perforaciones o pozos.

Por ello, el Hippo Roller, creado por dos ingenieros sudafricanos, es tan importante. Este ingenio consiste en un bidón de agua rodante capaz de almacenar hasta 90 litros. Fabricado con plástico ultrarresistente, el bidón de agua Hippo Roller se puede transportar rodando casi sin esfuerzo por medio de un mango de acero que permite que dos personas puedan tirar de él. Vacío, el bidón pesa ocho kilos, cifra que solo asciende un par de kilos más cuando está totalmente cargado con 90 litros de agua debido a su diseño rodante. Cada Hippo Roller está diseñado para durar cerca de los 7 años y, una vez que termina su vida útil, el bidón rodante puede ser reciclado para otras utilidades como un barril de lavado o de almacenamiento.

Se calcula que ya se han beneficiado de este ingenio cerca de medio millón de personas en una veintena de países.

También relacionados con el agua, hay que destacar innovaciones como un pequeño dispositivo, de tamaño no mayor al de un sello postal, que ha sido desarrollado por un grupo de científicos de la Universidad de Stanford para conseguir agua potable en tan solo 20 minutos. El secreto está en la capacidad de la luz solar para limpiarla de forma natural y en las propiedades de la cubierta de desulfuro de molibdeno de este pequeño gadget para generar una reacción capaz de deshacer los gérmenes del fluido gracias a la luz.