Esta es la fórmula secreta de cómo Nintendo ha pasado de estar hundida a coronarse campeona

Que Nintendo ha hecho historia en la industria del videojuego no es algo nuevo. A ellos les debemos iconos tan populares como Link, Samus Aran, Kirby o el mismísimo Mario, el imperecedero fontanero italiano.

Pero algo está cambiando. Cuando ves a cientos de personas haciendo cola en un día lluvioso por hacerse con una Nintendo Switch —sí, esa consola que va camino de cumplir con su expectativa de 10 millones de consolas antes de cerrar el año— intuyes que algo está cambiando. En el ecosistema indie y en el mercado lúdico general. Analicemos de qué se trata.

RONDA DE NÚMEROS

Famitsu anunció que SNES Mini había logrado vender 368.913 unidades en el espacio de cuatro días. En la actualidad se estima que la consola ha llegado, a nivel internacional, al millón de copias vendidas.

No es algo extraño: entre noviembre de 2016 y abril de 2017, NES Mini, la anterior incursión en la escala “mini”, logró colocar 2.3 millones de unidadesjugando a la rotura de stock, mientras miles de especuladores llegaban a vender la pequeña doméstica por 500 dólares. Tal ha sido la demanda que la nipona ya ha confirmado la reposición de esta primera consola para comienzos de 2018. Nintendo entiende al mercado, entiende sus deseos: los rumores apuntan incluso hacia una nueva Game Boy MINI.

Una sección de la industria vive en su afán por multiplicar la rentabilidad: una vez cubiertos costes fijos, la cultura del remake y la revisión se hace con todo. Por una mínima inversión por parte de la distribuidora nos encontramos con ediciones ‘Gold’, ‘Definitive’, ‘Anniversary’, ‘Kiwami’ o cualquier sinónimo.

Nintendo, a la orilla de este escenario, cuenta con un calendario programado con lanzamientos de gran calado cada mes, sin necesidad de apelar a terceros, simplemente manteniendo alimentada su maquinaria de producción interna. Y mimando a quienes entran a comercializar sus propios desarrollos, como veremos más adelante.

SUPERANDO TODAS LAS EXPECTATIVAS

‘The Flame in the Flood’ consigue el mejor debut de su historia en Switch, vendiendo el triple de lo esperado. Las ventas de ‘Neurovoider’ en Switch en un mes igualan las ventas totales del juego en Steam. La edición de Switch de ‘Wonder Boy: The Dragon’s Trap’ vende más que el resto de plataformas combinadas. Lo mismo podemos decir de ‘Dead Squared’. O de ‘Oceanhorn’. Nintendo continúa con su volcado semanal y los usuarios compran y juegan sin parar. Y las ventas físicas en Switch van muy bien, es una realidad.

¿A qué atiende esto si, por ejemplo, PlayStation ya intentó un movimiento igual en Vita y no funcionó ni remotamente similar? Bien, antes debemos tener en cuenta tres condicionantes. En primer lugar, Nintendo no está devaluando los productos con ofertas arriesgadas, con precios de corte mucho más bajos, algo que sí hace Steam o la propia plataforma de Sony. El público de Nintendo sabe que las rebajas son algo puntual, no una estrategia de venta marcada desde el primer día de comercialización.

En segundo lugar, Switch goza de una prensa positiva en el ecosistema indie. Es una consola sobre la que es fácil programar —incluso teniendo un juego listo en un sólo día—: los desarrolladores se pelean por conseguir los devkits, mientras Nintendo dilata la espera tras un estricto sistema de validación. Encontrarse con 24 lanzamientos en un solo mes, ni siquiera en fechas de “alta temporada”, puede generar sensación de sobreoferta. La realidad nos dice lo contrario.

Switch ha conseguido eso que Vita prometía pero no pudo (por batería, por espacio, por funcionalidades): ser el dispositivo perfecto para el hogar de los indies, tanto por rudimentos mecánicos como por baja competencia en la oferta actual, un mercado dulce para un usuario que desea una buena selección.

En tercer lugar, existe una retroalimentación que conduce a un lúcido momentum: es una consola relativamente nueva apoyada por la propia desarrolladora con obras propias. Su público está cómodo en un ecosistema que ofrece ideas. Nadie necesita emigrar para satisfacer sus inquietudes. El branding de Nintendo rotula esta máxima: hay color, hay vida. Invita a bailar, a reunirse y jugar. Esta es su máxima. No, en serio, contempla este maldito La La Land con Mario y compañía:

NAVEGANDO A CONTRACORRIENTE

Nintendo viene del mayor fracaso de su historia, de un lanzamiento mal enfocado y un producto mal presentado llamado Wii U. Y resultó ser una notable plataforma de juego. Su forma de trabajar contracorriente, fortaleza que la hace más imperecedera, menos generacional, le ha ocasionado más de un quebradero de cabeza a los desarrolladores.

Las third parties comenzaron a cancelar lanzamientos, mientras otros se vieron obligados a congelar desarrollos como podrían ser ZombiU 2 por las bajas ventas de la primera entrega o por falta de “potencia”, como el caso de Watch_Dogs y sus respectivos DLC. La prensa especializada se desgañitó, se echó las manos a la cabeza. Entonces, ¿qué ha propiciado este cambio de papeles tan radical?

A veces nos preguntamos qué nos motiva a jugar. Qué sensaciones espolean ir una y otra vez a esos mismos mundos digitales. Qué significa el rito de sentarse frente a una pantalla de cualquier tamaño y tomar el control, con absoluta literalidad, de cuanto sucede delante. Jugar es la mejor manifestación de la libertad. Podríamos decir, simplemente, que «nos gusta». Podríamos decir que nos ayuda a desconectar, o que nos enseña cosas.

Nintendo siempre vuelve sobre estas preguntas, reflexiona sobre los mimbres liminales del usuario consumidor de videojuegos. Por eso conoce sus apetencias y sabe vender nostalgia empaquetada en cajas grises. Y su relación con estudios y creativos se ha vuelto más directa.

Cuando se descubrió que dentro de cada SNES Mini se encontraba una versión funcional del clásico ‘Golf’, y que era un talismán en memoria del difunto Satoru Iwata, algunos usuarios simplemente pensaron que estaban ante un secreto desbloqueable o un juego que se había intentado portear y finalmente el hardware no lo permitió. La realidad, más poética, resultó que Nintendo siempre está poniendo un extra de cariño y devoción en cada objeto que lanza a la venta. Y eso los hace especiales.

Hace algún tiempo, el equipo de Pop Culture Detective Agency se preguntaba por el desaprovechado potencial de los videojuegos: cada día más violentos, repetitivos, agresivos y enfocados a un nicho masculino joven. Este no parece el camino a seguir. Pero cuando observamos fenómenos como PlayerUnknown’s Battleground comprobamos que sí, que el público sigue pidiendo sangre a todas horas. La realidad esta vez parece más profana: aunque las ventas mandan más que las ideas, las buenas ideas también venden. Y Nintendo, medio siglo después, sigue trufada de gente con talento y buenas ideas. Esa es la batalla que parece estar ganando Ninty.

Imágenes | Nintendo

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