Enrique Pérez Montero, el astrónomo que no ve las estrellas

Enrique Pérez Montero, el astrónomo que no ve las estrellas

Enrique Pérez Montero es licenciado en Física y doctor en Astrofísica y Cosmología por la UAM, investigador científico del CSIC en el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC)Y ciego desde que en 1999 le diagnosticaron retinosis pigmentaria. Se trata una enfermedad congénita degenerativa de la retina para la que actualmente no hay ningún tratamiento.

Madrileño de 46 años, casado y con dos hijas, Enrique cuenta también en su día a día con la ayuda de su inseparable perro guía Rocko. Hace ya dos décadas que asumió que el amor por la astronomía no se lo iba a quitar la noche de sus ojos, y él mismo se define como un astrónomo que no ve las estrellas. Para los que aun así no salen de su asombro, tiene otra máxima: “La astronomía no solo es mirar a través de un telescopio, no es contemplar las estrellas, es comprenderlas”.

– ¿Siempre tuvo problemas de visión? ¿De pequeño veía las estrellas?

Afortunadamente sí he podido ver las estrellas durante mi niñez, mi juventud y hasta una edad adulta, incluso a través de un telescopio. La enfermedad que padezco, llamada retinosis pigmentaria, es degenerativa y fui diagnosticado de ella cuando ya había terminado mis estudios de licenciatura. Incluso en ese momento, y a pesar de saber que la padecía, no me condicionaba demasiado y solo fueron unos años después cuando ya me limitaba lo bastante como para entrar a la ONCE. Por tanto, guardo un recuerdo nítido de cómo son la mayoría de los objetos astronómicos.

«Siempre me gustó la astronomía»

– ¿Cuándo decidió que quería ser astrónomo?

Siempre me han llamado la atención las carreras científicas y ya desde el instituto me atraían aquellas disciplinas que se concentraban más en la resolución de problemas que en la memorización. Cuando empecé a estudiar Física en la universidad, la astronomía era una de las ramas que más me llamaban la atención, precisamente porque me daba la impresión de que hay una gran cantidad de problemas que aún no se han resuelto. Luego surgió la oportunidad de iniciar un doctorado en Astrofísica y no lo dudé. Supongo que la lectura de libros de ciencia ficción, como los de Asimov y Bradbury, y documentales como ‘Cosmos’ de Carl Sagan ayudaron a despertar ese interés en mí desde pronto.

– ¿Se afilió a la ONCE al conocer su enfermedad?

No, fue mucho más tarde. Ya tenía una posición establecida como investigador y llevaba tres años trabajando como investigador postdoctoral en el Instituto de Astrofísica de Andalucía. Hasta ese momento fue un camino bastante solitario, pero la ONCE me ayudó a entender que lo que me pasaba a mí le había pasado a mucha más gente, cuya experiencia me ayudó a sobrellevarlo y a adaptarme. Hasta ese momento, pensaba que probablemente la ceguera marcaría el fin de mi carrera investigadora.

«LA ASTROFÍSICA BUSCA COMPRENDER EL UNIVERSO, MÁS QUE VERLO»

– ¿Cada vez se depende menos de la óptica en astronomía?

Yo hago distinción, aunque a nivel muy básico, entre astronomía y astrofísica. Esta última, en tanto que rama de la ciencia, tiene como fin la comprensión última del universo, más que su contemplación, pero admito que echo mucho de menos esa faceta de mi trabajo también, lo cual no implica que no pueda realizarlo aportando cosas en el análisis e interpretación de los datos. La adquisición de los mismos, claramente, depende muy poco de nuestra capacidad para verlos. La inmensa mayoría son tomados por detectores acoplados a grandes telescopios que transforman la radiación electromagnética en señales eléctricas que podemos convertir a cualquier canal accesible para nosotros. Incluso desde bandas que son invisibles para el ojo humano o que no pueden llegar a la superficie de nuestro planeta, por estar filtradas por nuestra atmósfera, como es el caso de los rayos ultravioleta o de los rayos X.

– Ahora trabaja en el Departamento de Astrofísica Extragaláctica del IAA, en Granada, en un proyecto de investigación internacional denominado ‘Estallidos de formación estelar en galaxias’. ¿En qué consiste?

Nuestro proyecto tiene como fin el estudio de cierto tipo de galaxias que se caracterizan por albergar brotes muy masivos de formación estelar. En las fases iniciales de estos episodios la mayoría de la radiación viene de las estrellas más masivas, muy azules y calientes, que hacen que estas galaxias sean muy luminosas. Como consecuencia, durante esa fase de formación estelar, estas galaxias son como potentes bombillas detectables a distintas distancias, por lo que es fácil analizarlas y analizar la evolución misma del universo en distintas épocas. Hay que recordar que en astrofísica, mirar más lejos implica mirar más atrás en el tiempo.

Galaxia del universo en la que se ven los relativistic jets
Ilustración que representa una galaxia con un agujero negro supermasivo en su interior y dos jets o chorros relativistas siendo proyectados al espacio. Fuente: ESA/Hubble.

– Su trabajo en concreto se centra en la determinación de la abundancia de elementos químicos en dichas galaxias ¿Se trata de saber cómo han ido evolucionando desde el Big Bang?

Sí, la medida de la cantidad de elementos químicos más pesados que el helio, lo que nosotros denominamos ‘metales’, tiene gran relevancia para saber cómo ha evolucionado una galaxia. La razón es que estos elementos solo pueden producirse en el interior de las estrellas mediante procesos de fusión nuclear a partir de elementos ligeros, como el hidrógeno, por lo que sirven para saber cuántas generaciones de estrellas han vivido en una galaxia.

«Buscamos la primera generación de estrellas»

– ¿Y van en busca de esa primera generación?

Sí. Pero como es muy complicado con los medios actuales obtener datos de esa primera generación de estrellas, que nosotros denominamos estrellas de la población III, una estrategia alternativa es buscar en el entorno más cercano galaxias que sean análogas a esa primera generación. Durante los últimos años nos hemos centrado en algunos tipos peculiares de estas galaxias análogas, denominadas guisantes verdes, por su tamaño relativamente compacto y por estar dominadas por la luz del gas ionizado que tiene ese color. Su intensa tasa de formación estelar, mucho mayor que en nuestra Vía Láctea y su pobre cantidad de metales es lo que hace que se piense que pudieran ser galaxias jóvenes que se han activado en épocas mucho más recientes. No obstante, nuestra contribución al estudio de estas galaxias va en la dirección de que no son tan jóvenes, sino que han sido rejuvenecidas por la caída de gas intergaláctico primigenio, que es pobre en metales y activa la formación de estrellas. A pesar de ello, su estudio nos da pistas importantes acerca de cómo fueron las primeras galaxias, pero tendremos que esperar a la próxima generación de telescopios gigantes, como el E-ELT, que se está construyendo en Chile, para captar su luz por primera vez.

– ¿Tienen los astrofísicos cada vez más claro qué ocurrió tras la Gran Explosión?

Sí, la nucleosíntesis primordial, aquella en que los elementos más ligeros se crearon durante el Big Bang, está mucho más definida y se comprende de manera teórica mucho mejor que la formación de las primeras galaxias, unos cientos de millones de años más tarde. Esto dio el pistoletazo de salida a la creación de los elementos más pesados, incluyendo el oxígeno y el carbono necesarios para la vida. No obstante, ese periodo de transición hasta la formación de la primera generación de estrellas, lo que nosotros llamamos “época oscura” es un misterio completo, al no disponer de fuentes que nos transmitan datos sobre esa época. En cuanto a la materia oscura, todo lo que la rodea es un misterio. Primero habría que desentrañar qué es antes de empezar a plantearnos cómo se originó durante el Big Bang.

DESI
El instrumento DESI está diseñado para investigar la misteriosa energía oscura. Está instalado en el telescopio Mayall de 4 metros de diámetro localizado en el observatorio Kitt Peak (Arizona, EE UU). / DESI Collaboration

«la materia oscura sigue siendo un problema apasionante»

– ¿Qué se sabe actualmente de la materia oscura?

Es un nombre muy engañoso, pues la materia oscura es más bien transparente, ya que no interacciona de ninguna manera con la radiación electromagnética. Únicamente tiene efectos gravitatorios y por eso suponemos su existencia. Las evidencias observacionales que muestran que es algo más que un constructo teórico necesario para explicar los movimientos de las galaxias son cada vez más abrumadoras. Pero no deja de ser un reto para los físicos teóricos de partículas y los experimentales que diseñan detectores cada vez más complejos para intentar ‘cazar’ una de las partículas exóticas de las que podría estar formada esta materia. Hasta ese momento, no dejará de ser un problema abierto y apasionante.

– ¿Cómo astrofísico, qué le gustaría descubrir?

Sin duda, me gustaría participar en el descubrimiento de la primera galaxia o de la primera generación de estrellas que se formó después de la Gran Explosión. Ese momento marca realmente el comienzo de lo que es nuestro universo actual y la creación de los elementos químicos que componen lo que somos.

«EL PRIMER PLANETA EXTRASOLAR FUE UN HITO PARA MÍ»

– ¿Qué hecho o qué descubrimiento astronómico le ha fascinado más en su vida?

Los últimos años han marcado una época de efervescencia por la gran cantidad de observatorios que hay, tanto en Tierra como en el espacio. Recuerdo con fascinación el descubrimiento de la aceleración en la expansión del universo porque fue justo cuando acababa mis estudios de licenciatura y empezaba a ser consciente de lo que significaban estos descubrimientos. Más o menos también fue en esa época cuando se descubrió el primer planeta extrasolar. Esos hitos marcaron bastante mi determinación para dedicarme a la astrofísica en la época en que aún no tenía claro del todo a qué rama de la física me dedicaría.

– ¿Qué es más difícil para usted, explicar en qué consiste su trabajo a un profano, o explicar cómo es el firmamento a un ciego de nacimiento?

No hay diferencia para mí, siempre y cuando el ciego de nacimiento sea un profano también, claro. Los símiles y razonamientos que empleo al explicarlo no se basan en el sentido de la vista o, al menos, no de manera exclusiva en el sentido de la vista. Es más, esto creo que es contraproducente, pues para entender muchos de los procesos que se producen en el universo se necesita una cierta abstracción que va más allá de las representaciones visuales, que tienden a simplificarlas. Obviamente, hay muchas cosas que se pueden entender mejor usando ciertas imágenes, pero siempre hay alternativas, así que unas cosas acaban compensando las otras.

LAS ESTRELLAS, AL ALCANCE DE LOS CIEGOS

– ¿En qué consiste el proyecto de Astronomía accesible?

El objetivo principal de este proyecto de divulgación es el de enseñar astronomía a las personas con discapacidad visual, mostrándoles que esta ciencia no está vetada para alguien solo por no disponer del sentido de la vista, animando a los más jóvenes a interesarse más por la ciencia y a considerar dedicarse a ella de manera profesional en el futuro. Para ello se realizan actividades presenciales en la ONCE, y en todo tipo de asociaciones y centros educativos con personas tanto con discapacidad como sin ella, explicando conceptos relacionados con la astronomía de una manera inclusiva. Esto implica usar materiales y estrategias que sirvan para todo el mundo y para todos los sentidos.

– ¿Es cierto que algunas de las estrategias que usan para enseñar astronomía a invidentes son también válidas para gente que ve?

No solo eso, sino que las personas que ven admiten entender mejor ciertos conceptos cuando son explicados de manera inclusiva. En primer lugar, porque te obliga a hacer una descripción más detallada de ciertos conceptos, lo cual ayuda a mejorar su comprensión a todo el mundo. Los científicos a veces pensamos que ciertas imágenes o animaciones son lo bastante explícitas para ser entendidas por sí mismas y no tiene por qué ser así. Por otro lado, la utilización de maquetas o de sonidos ayuda a ciertas personas a entender mejor conceptos relacionados con la distribución espacial o la variación temporal, independientemente de que sí puedan percibir las imágenes. También hay que poner en valor que compartir el espacio con otras personas discapacitadas mejora el interés y la implicación de los que no lo son. Este aspecto debería ser muy tenido en cuenta en el ámbito profesional, donde está demostrado que esta diversidad mejora también la productividad de los equipos de trabajo. La inclusión de personas discapacitadas es algo rentable y productivo, más allá del mero compromiso moral de su inclusión.

LOS SONIDOS DEL SILENCIO

– Una de las actividades se llama ‘Los sonidos del universo’, que trata de divulgar la astronomía por medio de sonidos. ¿Cómo se lleva a cabo?

La conferencia consiste en un viaje por todo el universo usando el sonido como un recurso que ayude a entenderlo mejor. No se trata de dar a entender que el universo pueda transmitirnos sonidos, lo cual es imposible porque no hay un medio material continuo en el espacio que sostenga la propagación de las ondas sonoras. Sin embargo, sí que podemos transformar la radiación electromagnética a un canal sonoro que la haga accesible a todo el mundo, incluidas las personas que no pueden ver. Además, este medio permite transmitir ciertas ideas con ayuda de la voz o de la música que refuerzan ciertas impresiones.

– ¿Cree que con estas actividades se puede animar a muchas personas con discapacidad a dar el salto y no tener miedo a hacer carreras científicas?

Estoy convencido de ello. También es nuestro objetivo animar a otros científicos y divulgadores a hacer más inclusivas sus actividades para fomentarlo y a los centros de educación a todos los niveles que se preocupen de dotar a estos estudiantes de los métodos para llegar a todos los contenidos. El uso de referentes y de personas con trayectoria científica ya consolidada es muy útil también en ese sentido.

«APRENDEMOS UNOS DE OTROS»

– ¿Conoce más astrónomos ciegos en activo, como usted?

Sí, he tenido contacto con algunos a nivel internacional porque hay en marcha varias iniciativas, entre ellas de la Unión Astronómica Internacional, para visibilizar mejor nuestra situación y promover una mayor diversidad en todos los ámbitos científicos. Esta interpelación es muy necesaria porque aprendemos mucho unos de otros. Nos refuerza comprobar que a pesar de tener distintas formaciones y experiencias tenemos mucho en común y las estrategias para superar ciertas barreras pueden ser compartidas entre unos y otros. Me llama la atención también que muchos acabemos invirtiendo parte de nuestro tiempo de trabajo en el mundo de la divulgación porque todos acabamos llegando a la conclusión de que es necesario concienciar para fomentar la diversidad y la inclusión.

un techo administrativo de cristal

– ¿En su trayectoria como investigador con discapacidad ha encontrado alguna dificultad adicional o alguna barrera que cueste superar para encontrarse en las mismas condiciones que sus compañeros?

Estoy en general bastante satisfecho con el grado de integración y aceptación que tengo en mi centro de investigación. Mis números en relación a la productividad científica y actividades así lo certifican. Incluso soy miembro del comité de garantes del proyecto Severo Ochoa, que reconoce a nuestro centro como de excelencia. Sin embargo siempre hay dificultades que son consecuencia de mi discapacidad que suponen un freno para hacer mi trabajo de manera eficiente y, desgraciadamente, la Administración no dispone de los medios y protocolos adecuados para solventarlos más allá del puro reconocimiento para optar a plazas. Esto es debido principalmente a que antes no se ha tenido que enfrentar a estas situaciones. Entre ellas, por ejemplo, una dotación económica adicional para paliar las necesidades especiales, tanto en equipos como en viajes, la adaptación o ayuda para la carga administrativa o burocrática o un reconocimiento especial en presencia de tribunales, paneles o acceso a estudiantes o becarios, siempre mucho más complicada en mi caso, que no puedo acceder a ellos en igualdad de condiciones, y convencerles para trabajar bajo mi supervisión investigadora.

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Imágenes | Enrique Pérez Montero, Astronomía Accesible, archivo de Nobbot

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