La música de las estrellas hace bailar a los astrofísicos

Kepler tenía razón: investigadores españoles escuchan la «música» de las estrellas

“La Tierra canta Mi, Fa, Mi: puede deducirse de estas sílabas que en nuestro hogar podemos esperar miseria y hambre (fa-mine, en el original)”. Esta frase de Kepler, devastadora, ilustraba su intento de atribuir un tono musical a cada planeta. Ahora, astrofísicos españoles han escuchado la música de las estrellas.

Kepler expuso en su obra Harmonices mundi su teoría de que cada planeta produce un tono musical durante su movimiento de revolución alrededor del Sol y que la frecuencia del tono varía con la velocidad angular de los planetas medidas con respecto a nuestra estrella. Además, Kepler asignó voces a cada uno de ellos: desde Mercurio, la soprano, el planeta más cercano al sol y, por tanto, el de mayor frecuencia (el más veloz), hasta los bajos: Júpiter y Saturno (los más lentos y graves).

En momentos muy poco frecuentes todos los planetas podrían tocar juntos en perfecta concordancia. Kepler propuso que esto podría haber ocurrido una única vez: en el momento de la creación.

música de las estrellas. Kepler
La melodía de los planetas alrededor del Sol en Harmonicis Mundi (1619) de Kepler

La teoría, más esotérica que científica, tenía un gran agujero, el del vacío espacial que impide la transmisión de ondas sonoras y, por ello, su idea quedó más como un intento poético y religioso de luchar contra el caos que nos empuja hacia la destrucción, el apocalipsis anunciado por la Iglesia Católica.

la música de las estrellas y la armonía del cosmos

Antes de él, los pitagóricos ya atribuyeron a los intervalos planetarios propiedades análogas a los intervalos musicales y concluyeron que el universo, debía emitir una música, quizás no audible, pero tan armoniosa como la música, a la que denominaron música de las esferas.

La tecnología que permite la observación del cosmos ha avanzado mucho desde entonces y los científicos han vuelto a afinar sus oídos para escuchar el fondo musical que surge del espacio. De esta manera retoman un tradición que se prolongó durante la Edad Media hasta el siglo XVII y que hunde sus raíces en los esfuerzos del ser humano por sobreponerse a su insignificancia,

Así, la propia NASA compartió este año la grabación de la música de las estrellas a través de su cuenta de Twitter, explicando uno de los enigmas más grandes del universo. En realidad, lo que se hizo fue traducir a sonido la luz de una galaxia capturada por el telescopio espacial Hubble.

En una investigación anterior, en este caso de del Southwest Research Institute (SwRI), se descubrió que la atmósfera del Sol emite sonidos, tal como anticiparon los pitagóricos y la tradición científica posterior que culminó en Kepler, debido a que está llena de ultrasonidos en forma de ondas, tal como explicaron en un comunicado.

A la luz de este trabajo, la música de las estrellas consistiría en realidad en un “ultrasonido solar” que interpreta una partitura formada por tonos 300 veces mas graves que los que puede captar el oído humano.. Para llegar a esta conclusión, los investigadores analizaron la información enviada por el satélite TRACE, cuyo objetivo es estudiar la turbulenta atmósfera superior del Sol o corona solar, en la que se desencadenan tormentas y protuberancias.

estrellas pulsantes y fractales

La última aportación en esta búsqueda de la melodía que llena el vacío universal está protagonizada por investigadores de la Universidad de Granada y del Instituto Andaluz de Astrofísica que han estudiado, por primera vez, la música de una estrella pulsante con la ayuda de fractales. Según los científicos, estos astros emiten un continuo rumor susurrante de fondo. Con un algoritmo han logrado aislar la música de las estrellas del ruido de una manera eficiente y sencilla para identificar mejor las estrellas variables.

Según explican desde la Universidad de Granada, “la mayoría de las estrellas son variables pulsantes (como lo es nuestro propio Sol), es decir, que su luminosidad varía periódicamente con el tiempo. Esto es debido a que ondas de densidad y temperatura que se generan en su interior llegan a la superficie de la estrella haciéndola oscilar, lo que provoca cambios en su brillo. Estas oscilaciones estelares forman patrones tridimensionales al igual que una cuerda de guitarra o la piel de un tambor en una y dos dimensiones respectivamente”.

Imagen ilustrativa de la investigación de los astrofísicos de la Universidad de Granada

la geometría de una coliflor

Pues bien, este equipo de investigadores de la Universidad de Granada (UGR) y del Instituto Andaluz de Astrofísica (IAA-CSIC), expertos de una rama de la astrofísica denominada astrosismología, ha analizado estas oscilaciones de luminosidad, tratando de clasificar las estrellas pulsantes en distintos tipos, cada uno con una determinada estructura interna y propiedades físicas, de la misma forma a través de la cual nuestro oído puede identificar distintos instrumentos musicales en una orquesta, y por ende, las propiedades de cada uno de aquellos, como el material o las dimensiones.

Su trabajo ha descubierto propiedades fractales en la luminosidad de las estrellas pulsantes. Estas propiedades son similares a las de muchos objetos en la naturaleza, desde la geometría de una coliflor hasta el perfil de una montaña o las ramificaciones de los ríos, que tienen un comportamiento fractal. Esto significa que poseen una estructura parecida a todas las escalas (esto es, la invariancia de escala), de manera que, observándolos a través de una lupa o de un telescopio, no notaríamos diferencia.

Imagen de cabecera de Pexels en Pixabay

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