La Naturaleza se define con palabras y estas son las más hermosas

La Naturaleza se define con palabras y estas son las más hermosas

“Existe una tercera rama, entre la rama de las Ciencias y la rama de las Letras, donde anidan los pájaros”. Sentada en esa rama, cuelga los pies Mónica Fernández-Aceytuno, Premio Nacional de Medio Ambiente, mientras apunta en su cuaderno las palabras que nos sirven para definir la naturaleza.

Bod Dylan cantaba hace mucho tiempo aquello de que el hombre puso nombre a los animales y nuestro Joaquín Sabina realizó una versión humorística de esa composición. En ella cantaba versos como esos que decían: “vio un bicho nadando por el canal de Suez y le puso «pez», ¡qué gilipollez!”.

El caso es que ni Dylan en su etapa mística, ni el Sabina más irreverente, ni el hombre al que hacían referencia sus canciones pusieron nombre a ningún ser vivo ni a nada que tuviera que ver con la vida natural. Ellos, tan amantes de la yerba. Ha sido la bióloga y divulgadora Mónica Fernández-Aceytuno, la que se ha tomado la molestia, si no de nombrar, sí de recopilar los nombres que otros pusieron a esa naturaleza a la que hemos vuelto ahora nuestros ojos, los urbanitas más contumaces, buscando refugio ante el feroz avance de la pandemia.

Naturaleza, las palabras más hermosas

En dos diccionarios, Las 104 palabras más curiosas de la Naturaleza y Las 104 palabras más hermosas de la Naturaleza, Fernández-Aceytuno construye ese puente colgante que nos une con la naturaleza y que está formado por palabras, en feliz metáfora de la autora.

Palabras que también comparte a través de su perfil de Twitter y que dan la medida de las limitaciones de nuestro léxico, tan permeable, sin embargo, a anglicismos como “influencer”“fake news”. Desde Fundeu advierten que una cosa es eso y otra aceptar de forma acrítica (por complejo, por desconocimiento o por pereza) cualquier anglicismo, sin pararnos un minuto a ver si nuestra lengua tiene una buena alternativa.

Pero regresemos al campo e inhalemos un poco de aire puro para llenar con él nuestros pulmones. Ahora soltemos ese aire articulando con los labios palabras desconocidas y hermosas, como las que nos propone Mónica Fernández-Aceytuno. Vamos a seleccionar tres de ellas para retaros.

Difíciles, ¿no? Bueno, no nos dejemos arrastrar por el desánimo, es normal ese desconocimiento de un entorno que no es el paisaje por el que arrastramos los pies. El desconocimiento se soluciona leyendo y estos dos diccionarios de la Naturaleza pueden ser una buena compañía en esas tardes estivales, amodorrados en la molicie del ocio a la orilla del mar o a la sombra de una parra.

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