Phubbing o cómo ese "minutito" te aleja de los que más quieres

Phubbing o cómo ese «minutito» con el móvil te aleja de los que más quieres

Imagen de natureaddict en Pixabay

Que levante la mano quien ha intentado mantener una conversación con una persona que se encontraba absorta en la pantalla de su móvil en vez de prestar atención a nuestras palabras. Que levante la mano también quien ha sido, en alguna ocasión, aquel que pasaba completamente de lo que le comentaba un amigo o un familiar. Estamos seguros de que muchos de vosotros os habréis sentido identificados con estas situaciones, bien porque las habéis sufrido o bien porque las habéis causado. Esta práctica recibe el nombre de phubbing, un término que nace de las palabras phone (teléfono) y snubbing (ignorar) y significa ignorar a la persona con la que estamos y al propio entorno como consecuencia de la utilización de cualquier dispositivo conectado. Este fenómeno no solo puede resultar molesto e incómodo sino que puede acarrear trastornos sociales y emocionales que nos desconectan completamente de la realidad.

Adiós a las relaciones personales

Tal y como informa un estudio del Pew Research Center de Washington, el móvil tiene una penetración de casi la mitad de la población mundial y alcanza un 79% en nuestro país. Vivimos constantemente pegados a nuestro smartphone, ya sea para consultar asuntos laborales, navegar por las redes sociales, disfrutar de nuestra serie favorita o elegir el mejor selfie de nuestra galería. Nadie puede negar que el teléfono móvil nos hace la vida más fácil pero tampoco podemos dejar de reconocer que nos roba muchos momentos que podríamos compartir con aquellos a quienes queremos. Esta práctica es aún más notoria entre los jóvenes y, según la plataforma StopPhubbing, el 90% de los adolescentes prefiere el contacto virtual que cara a cara.

Un estudio psicológico realizado por los profesores Przybylski y Weinstein en el año 2013, asegura que la presencia visible de un smartphone sobre la mesa o en cualquier otro lugar cercano reduce considerablemente la percepción de confianza y la calidad de la conversación que mantenemos. El phubbing, o ningunfoneo (término con el que se conoce en castellano) afecta directamente a la estructura familiar y a todo tipo de relaciones humanas, especialmente si están en juego temas emocionalmente delicados.

graves consecuencias

El phubbing no sólo es una cuestión de mala educación, sino que empieza a considerarse una práctica adictiva con consecuencias nocivas. Los motivos por los que se produce son variados pero, sin duda, los más comunes son la imitación social, la adicción o dependencia tecnológica que nos obliga a estar pendientes de la pantalla de forma constante y la timidez, ya que tendemos a refugiarnos en los móviles cuando nos enfrentamos a situaciones que nos intimidan.

Debemos ser conscientes de que el phubbing puede ocasionar secuelas, especialmente durante la adolescencia, y afectar seriamente a las relaciones interpersonales. Detrás de esta práctica encontramos consecuencias como el bajo rendimiento escolar, la inestabilidad emocional, la imposibilidad de entablar relaciones sociales o el descuido de rutinas básicas como comer y dormir.

Escondernos detrás de la pantalla crea una dificultad para enfrentarse a las emociones, lo que se traduce en que cada vez más jóvenes y adolescentes opten por terminar con una relación de pareja por Whatsapp, ante su incapacidad por manejar las emociones de una ruptura. Esto, al mismo tiempo, lleva a la imposibilidad de afrontar los conflictos cotidianos. Con frecuencia, los enfrentamientos adolescentes se dan en el entorno digital, donde no pueden conocer el impacto que sus palabras producen en los demás y, por tanto, el contexto emocional del mismo.

A largo plazo, evitar la realidad para sustituirla por la digital evita el disfrute de las experiencias reales, de la vida misma. Lo que, en opinión del columnista de la BBC Tom Chatfield, especializado en nuevas tecnologías, lleva a una reflexión incómoda: las personas son más fáciles de manejar cuando se las encuentra en la pantalla que en la vida real.

No obstante, escondernos detrás de la pantalla crea una dificultad para enfrentarse a las emociones, lo que se traduce en que cada vez más jóvenes y adolescentes opten por terminar con una relación de pareja por Whatsapp, ante su incapacidad por manejar las emociones de una ruptura. Esto, al mismo tiempo, lleva a la imposibilidad de afrontar los conflictos cotidianos. Con frecuencia, los enfrentamientos adolescentes se dan en el entorno digital, donde no pueden conocer el impacto que sus palabras producen en los demás y, por tanto, el contexto emocional del mismo.

¿Cómo evitar el phubbing?

Si creemos que nuestros hijos son víctimas del phubbing, lo primero y más importante es ofrecerles un buen ejemplo haciendo gala de un uso moderado de nuestro smartphone. Si nosotros no aprendemos a desconectar del teléfono, ellos tampoco lo harán. Además, es necesario establecer rutinas firmes que les obliguen, por ejemplo, a apagar el teléfono antes de dormir o durante las actividades que realizamos en familia.

Existen campañas centradas en minimizar esta práctica como “No Tweeting, No Facebook, No Instagram, No Foursquare, No Sexting: respect the food, the music and the company you’re in” que nace gracias a la plataforma StopPhubbing con el objetivo de concienciar sobre la dependencia tecnológica y sus consecuencias.

Por un uso love de la tecnología

Son numerosos los esfuerzos cuyo objetivo es acabar con esta práctica y fomentar un uso responsable de la tecnología que, a día de hoy, nos envuelve. A través de la campaña Por un uso love de la tecnología, Orange ha lanzado un portal sobre los peligros de la misma con la intención de informar sobre distintas maneras de disfrutar de la conectividad sin peligros ni adicciones.

Para acabar con el phubbing es importante establecer una serie de rutinas sencillas que pueden ayudarnos a acabar con esta tendencia. Es necesario establecer horarios para un uso tecnológico responsable,  fijar normas sobre dónde y cuándo utilizar los móviles. Y, sobre todo, hay que acostumbrarse a hablar de las emociones y resolver los conflictos cara a cara.

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