¿Estarías dispuesto a practicar el sexo ante un “mirón" digital?

¿Estarías dispuesto a hacer el amor ante un “mirón” digital?

Lovely ha sido uno de los productos que ha llamado más la atención en el último IFA de Berlín y no es para menos, pues se trata de un dispositivo conectado a uno aplicación móvil que monitoriza el sexo en pareja para, según sus creadores, mejorar las relaciones de sus usuarios. La privacidad en la sociedad digital parece ya una causa perdida y, en este panóptico transparente, este wearable expone la intimidad de una pareja al trasiego de datos por las redes. ¿Qué puede ir mal? Otros dispositivos similares ya plantearon graves problemas de seguridad así que es decisión de los amantes asumir el riesgo que, a algunos, les podría parecer incluso excitante.

Apagar la luz, cerrar la puerta o correr las cortinas son algunos de los gestos previos al acto sexual que tratan de preservar la intimidad de los amantes. Sin embargo, en este mundo conectado y trufado de cachivaches tecnológicos, la privacidad se convierte en moneda de cambio que permite acceder a servicios que –afirman- hacen nuestra vida más fácil. En el caso de Lovely, lo que se trata de facilitar es nuestra eficacia cuando practicamos el sexo.

sexo conectado

Este anillo vibrador que se coloca en la base del pene, se conecta al teléfono móvil a través de la tecnología Bluetooth, y recoge todo tipo de datos relacionados con el acto sexual, desde las calorías consumidas hasta la velocidad alcanzada durante el sexo. Además, Lovely vibra para estimular el clítoris y retiene la circulación sanguínea en el pene favoreciendo una erección más duradera.

Según sus creadores, los datos obtenidos por Lovely permitirán a la aplicación realizar propuestas personalizadas sobre nuevas posturas para practicar el sexo y técnicas de estimulación para hacer más satisfactoria la relación de la pareja.

sexo

El hackeo de juguetes sexuales

El problema es que este tipo de dispositivos, como casi cualquiera conectado a internet, es susceptible de ser hackeado. Ya en 2016 saltó la alarma con We-Vibe 4 Plus, de Standard Innovation, un vibrador con conexión Bluetooth, y WiFi/3G/LTE, que mediante una aplicación móvil, permitía el control de forma remota. Entonces, dos hackers demostraron que la conexión entre el vibrador y la aplicación que lo controlaba no era segura, lo que permitía su control de forma remota por un tercero ajeno a la pareja.

Según la consultora de ciberseguridad alemana SEC Consult, responsable del descubrimiento de múltiples vulnerabilidades en los masturbadores de la firma Vibratissimo, un atacante podría controlar remotamente uno de estos aparatos sin el consentimiento de su portador, un delito que podría ser tan grave como el abuso sexual.

Otro dispositivo, un dildo con cámara endoscópica de la firma Svakom, dejaba al descubierto los vídeos captados por su objetivo endoscópico, tal como demostró la empresa británica Pen Test Partners. La vulnerabilidad, en este caso, era la conexión WiFi.

Pero no solo los juguetes sexuales pueden descorrer la cortina de nuestra intimidad cuando practicamos el sexo. En Nobbot ya explicamos cómo Google sabe cuándo hacemos arrumacos a nuestra pareja.

Una vez obtenidos los datos, los hackers pueden chantajear a las empresas fabricantes de los dispositivos y, lo que es peor, hacer públicos fotos y vídeos íntimos de los usuarios.

la seguridad, el reto del internet de las cosas

En este ámbito, como en tantos en pleno auge del llamado Internet de las Cosas, la ciberseguridad se presenta como uno de los grandes retos para empresas y personas. A partir de ahí, que cada uno elija libremente los dispositivos que usa, pero con la convicción de que el acceso a los datos sobre su uso dependerá solo de su voluntad.

Los datos son inquietantes. En 2017, en España se produjeron más de 123.000 incidentes de ciberseguridad. Son los datos que maneja el INCIBE, el Instituto Nacional de Ciberseguridad. 2.425 fueron incidentes de ransomware (como WannaCry) y se detectaron 18.111 nuevas vulnerabilidades. El Internet de las Cosas aumenta la complejidad de nuestros sistemas y redes, desde los hogares hasta las grandes empresas, y la cuestión de la seguridad crece como una gran bola de nieve.