La prevención de los trastornos de conducta alimentaria es tarea de todos

Montserrat Graell: «Hay que identificar la belleza con salud y no solo con delgadez»

Los trastornos de conducta alimentaria (TCA), como la anorexia y la bulimia, suponen un problema creciente entre los jóvenes, presionados por absurdos estereotipos físicos que han convertido la delgadez extrema en sinónimo de belleza. Estos arquetipos, además, encuentran en nuestros días un gran eco en las redes sociales, mostrando los peligros que puede acarrear el mal uso de la tecnología.

Hablamos con la doctora Montserrat Graell, Jefa del Servicio de Psiquiatría y Psicología Clínica del Niño y el Adolescente en el Hospital Infantil Universitario Niño Jesús, Presidenta de Asociación Española para el estudio de los Trastornos de Conducta Alimentaria (AEETCA), y una de las mayores expertas nacionales en un problema que es ya la tercera causa de enfermedad crónica en la adolescencia.

Montserrat Graell Berna. Foto: MUFACE

– Los trastornos de la conducta alimentaria se suelen asociar con conductas de la adolescencia, sobre todo en chicas, ¿es así?

Los trastornos de la conducta alimentaria son trastornos mentales de base neurobiológica -genética- y ambiental -socio-cultural-. Es cierto que son más frecuentes en mujeres adolescentes, pero puede afectar a personas de todos los géneros, edades, razas, grupos étnicos, formas y pesos corporales, orientaciones sexuales y nivel socioeconómico.

– ¿Qué importancia tiene la presión social, ejemplificada en la difusión en redes sociales de cánones de belleza basados en la delgadez extrema, como desencadenante de la enfermedad?

La presión cultural para conseguir diversos modelos corporales poco realistas y difícilmente compatibles con la salud, se considera un factor de riesgo para que algunas personas vulnerables (biológica o psicológicamente) puedan iniciar conductas alimentarias o hábitos de vida alterados que puedan progresar a un trastorno de alimentación.

La prevención es tarea de todos e incluye aprender a resistir estas presiones culturales, identificando la belleza con salud y no solo con delgadez, implementando una imagen positiva del cuerpo en su diversidad y evitando los comentarios continuos y críticos respecto al cuerpo y al peso.

factores de riesgo en trastornos de conducta alimentaria

– ¿Cuáles serían los factores de riesgo?

Existen varios factores de riesgo (genéticos, metabólicos como la obesidad, experiencias personales, hábitos de vida y alimentación, ambiente socio-familiar), características de personalidad (perfeccionismo, exigencia, impulsividad, inseguridad, dependencia) o diversas condiciones (por ejemplo, enfermedades médicas que interfieren en alimentación) que incrementan la probabilidad de padecer TCA.

trastornos de conducta alimentaria
Un mal uso de la tecnología pone en peligro la vida de muchos jóvenes con “consejos” para adelgazar y absurdos retos que comparten en las redes sociales.

la familia, un aliado necesario

– ¿Qué señales deberían suponer una alerta para el entorno del enfermo?

La presencia del TCA afecta el estado físico, aunque algunos tengan una apariencia saludable, altera profundamente el funcionamiento psicológico, familiar y social de la persona que lo padece.

Sin embargo, algunas conductas muy iniciales constituyen los signos de alerta que permiten el diagnóstico precoz si se conocen y son detectados adecuadamente. Los TCA presentan un curso clínico con episodios de gravedad variable caracterizados por alteraciones del comportamiento alimentario, de pensamientos relativos a la comida y a la imagen corporal y las emociones con alto nivel de sufrimiento, todo ello altera el estado nutricional; tienen cierta tendencia a la recaída y la cronicidad.

Actualmente, es el trastorno mental con cifras más elevadas de mortalidad causada por las complicaciones médicas o por el suicidio.

– Por último, ¿cuál es el papel de la familia en la recuperación del paciente?

La familia se considera un aliado necesario para el tratamiento y hay que destacar que la recuperación completa es posible siempre que la detección e intervención sea precoz y se disponga de un tratamiento integral, interdisciplinar, coordinado y específico. La prevención primaria en etapas tempranas y la detección precoz puede cambiar el curso clínico y el pronóstico.

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