Todas las teorías del fin del mundo, explicadas y desmontadas

Todas las teorías del fin del mundo, explicadas y desmontadas

¿A cuántos ‘finales del mundo’ hemos sobrevivido ya? Más que a finales de Champions League. Nací en 1985 y en poco más de tres décadas me he topado con unos 60 vaticinios de fatalidad. Con ritmo creciente desde el comienzo de nuevo siglo. No podría glosar todos pero sí separar paja de grano, diferenciar aquellas teorías con sustrato de verosimilitud de las patrañas inventadas y viralizadas por el mero placer de ficcionalizar la realidad.

Si el fin del mundo se acerca, eso es algo que nunca sabremos por lógica empírica. No existe una certeza inamovible, una fecha de caducidad férrea sobre la que cernirse, amontonar víveres y mirar, con la mano en visera, cómo todo el horizonte se convierte en ceniza. 

Porque muchas de ellas sí aportan información cultural relevante. De algunas hablaremos a continuación, junto a un puñado de sinsentidos. Pero antes de continuar, un apunte: entendemos el fin del mundo como final de nuestro tiempo en este planeta, la conclusión de nuestra civilización. A veces olvidamos que somos nosotros quienes habitamos un espacio prestado, no a la inversa.

EL DÍA DEL JUICIO FINAL

Comenzamos por el armagedón cristiano, el final más famoso -aunque el Ragnarök se nos antoje tanto o más sugerente- con bestias de seis alas y de cientos de ojos descritos por un Juan Bautista un tanto lisérgico.

Este Apocalipsis hace varias referencias a lunas de sangre, algo que presumiblemente vivimos en abril de 2014, octubre de 2014, abril de 2015 y septiembre del 2015. Esto se debe a que la luz solar no llega a nuestro satélite de forma directa, sino que se filtra bajo nuestra atmósfera, proyectándose de la superficie solar a la lunar. Vista desde la zona de umbra, la luna será cobriza.

Las lunas de sangre se han vivido en decenas de civilizaciones. Según los incas, un jaguar la atacaba. Cuando esto sucede, no se acerca ningún juicio ni despiertan los licántropos, por más que lo deseen los amantes de la literatura victoriana: simplemente vivimos el enésimo fenómeno astronómico.

LA CIVILIZACIÓN DEL PLANETA X

Cada cierto tiempo se habla de planetas albergando vida extraterrestre que actúan como puertos de comunicación entre especies. Allí irán a parar unos pocos elegidos. El resto moriría. Nibiru sería un buen ejemplo, asociado al dios Marduk. Este falso planeta dio pie a decenas de teorías conspirativas, cuando en realidad los antiguos babilonios se referían a otro planeta mucho más popular, Júpiter.

Con Hercóbulus sucede algo similar: este presunto causante del fin del mundo el 11 de agosto de 1999 ni siquiera tiene base astronómica. Como el final del mundo no llegó, se aprovechó para colarlo en el fin del mundo maya, preparado para el día del solsticio de diciembre de 2012. Llámalo X, pero ni el mundo se acabó, ni visitamos astralmente Ganímedes, ni unos pocos fueron abducidos mientras el resto de la civilización intentaba huir de una invasión fatal.

UN NUEVO EFECTO 2000

El cambio del año 1999 a 2000 fue vivido con cierta inquietud. ¿Y si las máquinas despertaban y una IA asesina se apoderaba del control? ¿Y si se detenían todos los relojes y todas las centrales nucleares estallaban en mil pedazos? Nadie se dijo a sí mismo “estamos haciendo casos a las reglas de un calendario ficticio”. Porque eso es el tiempo, una promesa inventada.

Han pasado 19 años y seguimos esperando. Esperemos que nuestros tataranietos no tengan que lidiar con esta comedia en el cambio de 2999 al año 3000.

PANDEMIA ZOMBI

Las pandemias a lo ‘The Walking Dead’ podrían existir. Aunque existe, de igual forma, un severo control epidemiológico y todos los países civilizados cuentan con operaciones de alerta y respuesta ante brotes de cualquier tipología. El problema de toda esta literatura es que el zombi, tanto el ‘lento’ como el ‘rápido’, tienen poco sentido en la literatura médica.

No podrían reconocerse ni formar grupos, sino que terminarían por devorarse entre ellos. Un hongo o bacteria que nos llevase a perder el control, echarnos al suicidio o a la histeria colectiva no ayudaría de forma ventajosa a unos y perjudicaría a otros. Las reglas de la narrativa cinematográfica, los periodos de infección y survivalismo no caben en el mundo real. Ya, es un chasco.

ALINEACIONES PLANETARIAS

Los eclipses son el pan de cada día en la historia de cualquier sistema solar. Se entiende que, por pura probabilidad estadística, en algún momento todos los planetas visibles de nuestro sistema solar podrían acabar alineados, compartiendo una misma ascensión recta. Pero ¿en qué podría afectarnos? En nada demostrable.

Cada cierto tiempo se habla de estas alineaciones que cambiarían el comportamiento humano, nos volverían locos y las mareas se tragarían las costas como Saturno devorando a sus hijos. Nada de esto tiene sentido. Incluso si viviésemos un periodo de dos o tres días de oscuridad podríamos sobrevivir.

Las últimas conjunciones orbitales datan de enero de 2018. Hubo otras similares en 2015, 2008, 2002, 1987, 1962 y viviremos una similar en el próximo 2040. Da igual, compartir cuadrante no significa compartir locura. Esas alineaciones dependen de la perspectiva, no lo olvidemos.

INVERSIÓN DE LA POLARIDAD

¿Y si viviésemos una inversión en el campo magnético de la Tierra? Ya lo hemos hecho. De hecho, en los últimos 20 millones de años la Tierra ha invertido su polaridad en, al menos, 100 ocasiones. De forma irregular y variable —la última data de hace 780.000 años—. Bien es cierto que afectaría a la comunicación, a la propia protección del planeta y, según se sospecha, esta protección es cada vez más endeble.

Pero, para los fans de la cinta ‘2012’ de Roland Emmerich, estos cambios no suponen daños para la vida en el planeta, ni desencadenarán un nuevo Diluvio Universal o Edad de Hielo. No existe un registro fósil que vincule este blindaje a las evidentes extinciones históricas.

LA TIERRA SE VENGA

¿Un planeta enfadado es un planeta vengativo? Si algo parece excitar las mentes, como la del médium Edgar Cayce (1877-1945), más allá de una lluvia constante de años —que condenó, dicen, ciudades de éxito tecnológico como Atlántida, cuando los gigantes gobernaban—, es la supererupción volcánica que siembre de ceniza el cielo. Una hecatombe que exija a los supervivientes un éxodo entre las distintas grutas subterráneas del planeta. El cielo se volvería negro y un invierno nuclear sumiría la civilización.

La última de la que se tiene constancia data de hace 26.000 años, en Nueva Zelanda, dando lugar a la formación del lago Taupo. El despertar de Yellowstone generó teorías sin sentido. Una de ellas dice que provocaría una reacción en cadena que despertaría el cinturón de Fuego del Pacífico. Es decir, una influencia fatal sobre las costas de todos los continentes. Para sorpresa de nadie, ese ‘círculo de fuego’ ya está despierto y ya provoca desastres. Y Yellowstone también cuenta con un largo historial volcánico.

EL SOL SE EXPANDE HASTA ENGULLIRNOS

Sí, así es. Como todo en la existencia, el Sol cuenta con su propio ciclo de vida. Envejecerá e incrementará su tamaño y brillo, mientras que disminuirá su masa. Se convertirá en gigante rojo y expulsará llamaradas que, a su vez, servirán para retroalimentar su voracidad. Para entonces los océanos no se habrán evaporado. Simplemente, toda forma de vida habrá desaparecido. Aquí y en Venus. Mercurio ni siquiera existiría.

PLANETAS VAGANDO POR LA NADA

Otra teoría plausible. Un planeta interestelar errante que no esté sujeto a las reglas gravitacionales de ninguna estrella podría colisionar con cualquier otro planeta.

Apenas hemos avistado candidatos —usualmente entre estrellas de baja masa, más que planetas—, pero estaríamos ante un perfecto elemento de destrucción que, a diferencia de un asteroide u otros cuerpos astronómicos, con la masa adecuada podría erradicar planetas enteros. No en vano son llamados “planetas malvados”, ya que no poseen ‘dueño’ y hacen lo que quieren dentro de ese espacio excéntrico.

666, THE NUMBER OF THE BEAST

Y cerramos con una de las teorías más creativas. El mal no cayendo desde el cielo, sino emergiendo desde la tierra. Más allá de una fenomenal canción de ‘Iron Maiden’, el 666 es un número asociado a Satanás, la bestia, el diablo, Belial, Samael, Belzebu, el carismático Baphomet… ¿seguimos? Una fecha que haría despertar a un demonio concebido en forma de bebé.

Como en el ejemplo anterior, hablamos de números a los que asociamos elementos creativos. Por ejemplo, fue aprovechada por el marketing: el 6 de junio (mes 6) de 2006 se estrenó ‘La Profecía’ en cines. La película, por cierto, fue un fracaso.

Según Nostradamus, este Satán también podría llegar en forma de emisario, de Papa Negro. Algo que comparte el profeta Malaquías: escribió 111 frases haciendo alusión a 111 papas. el 112 sería quien impondría una renovación eclesiástica.

Se dijo que después del papado de Benedicto XVI, un papa afroamericano tomaría el control y sumiría el mundo en desgracia. Por contra, la influencia del cristianismo vive horas bajas y los escándalos de pederastia han llevado a la Iglesia a una purga de responsabilidades no tan exhaustiva como debería. Así que tal vez sí hubo una renovación con semántica de hecatombe, aunque para el bien de la civilización.

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Imágenes | Ahmadreza89, werner22brigitte, Stevebidmead, geralt, Veit Hammer, Joel Filipe, Celso Oliveira, Yuri_B, University of Adelaide

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