Phubbing: cuando nuestro móvil nos hace perdernos la realidad

Cuando nuestro móvil nos hace perdernos la realidad

El término phubbing hace referencia al hecho de ignorar lo que nos rodea para centrarnos en el móvil.

Vemos el mundo a través de la pantalla de nuestro smartphone. Sacamos fotos a la comida antes de probarla, vemos los conciertos de nuestros artistas favoritos a través de la cámara de vídeo y hasta revisamos las publicaciones de las redes sociales cuando tenemos a nuestros amigos al lado. 

Hace ya años que empezaron a sonar las alarmas: nuestro móvil nos hace, muy a menudo, perdernos la realidad. Estamos más pendientes de lo que sucede en internet que de lo que nos rodea. Nuestra ciudad, nuestros amigos o incluso nuestra propia familia. 

Un motivo por el que los expertos recomiendan hacer una reflexión y decidir qué hueco queremos dejar al móvil en el día a día. La iniciativa Por un uso Love de la tecnología de Orange presenta una serie de pautas para usarla de forma responsable. Uno de los primeros pasos es establecer límites para que no interfiera en nuestras relaciones sociales.

La amenaza del phubbing 

El término phubbing deriva de la unión de las palabras inglesas phone (teléfono) y snubbing (ignorar) y nació, como tantos otros, para nombrar una realidad que no existía hace unas décadas. La de dejar de prestar atención a nuestro entorno al estar atentos al móvil. 

“Se trata de ignorar a alguien que tienes delante para estar conectado con los demás”, explica Dominica Díez Marcet, doctora en Psicología y psicóloga clínica responsable de la Unidad de Juego Patológico y Otras Adicciones no Tóxicas de la Fundació Althaia. “Es paradójico. Una red social que sirve para comunicarnos nos aísla de las personas que tenemos al lado”, reflexiona Díez.

32,6 millones de españoles mayores de 14 años navegamos por internet a diario, según el Estudio Anual de Mobile and Connected Devices de IAB Spain. De media, pasamos 2 horas y 53 minutos conectados a internet. Una cifra que es más alta entre los jóvenes y que ha aumentado considerablemente durante los últimos años.

El resultado es fácilmente visible en situaciones cotidianas: grupos de amigos en silencio y enfrascados en sus pantallas, comidas familiares en las que no se conversa o niños que prefieren jugar con sus smartphones que al aire libre. Eso sin contar los problemas psicológicos y físicos que puede acarrear el mal uso de la tecnología, como el estrés, la ansiedad o la obesidad.

A little dopamine hit

Detrás de la necesidad de consultar el teléfono móvil cada vez con más frecuencia hay una explicación científica. Todo comienza con la dopamina, un neurotransmisor que tiene un papel fundamental en el sistema de recompensa del cerebro. Cada vez que recibimos una recompensa, nuestro cerebro genera dopamina, haciéndonos sentir excitación y felicidad

En el caso de las redes sociales, estas recompensas se traducen en notificaciones. Algo de lo que son muy conscientes sus creadores. “We give you a little dopamine hit” (“Os damos un pequeño subidón de dopamina”), señaló Sean Parker, expresidente de Facebook. Una declaración que generó mucha controversia al poner en evidencia el carácter adictivo de la red social.

“Simplemente esperando a que llegue una nueva notificación se segrega este pico de dopamina. El cerebro se condiciona y se genera un comportamiento automatizado, por lo que cada vez que nos aburrimos, aunque solo sea un poquito, buscamos de nuevo este subidón y acudimos al móvil para ver qué mensaje o qué notificación nos ha llegado”, añade la psicóloga Dominica Díez. 

El phubbing desde sus dos caras

La obsesión por consultar el smartphone y otras pantallas suele tener consecuencias sociales que afectan tanto a las personas que utilizan los dispositivos como a las que les rodean. 

Para las primeras, una de las principales es el aislamiento. “A los adultos, estar pendientes de lo que nos dice el móvil nos hace abstraernos de la realidad. Se inmiscuye en nuestro pensamiento, nos distrae”, explica Dominica Díez. “Hay estudios que señalan que nuestra mente divaga durante el 47% del tiempo. Está pensando en otras cosas. Si a esto le añadimos la doble distracción al estar anclado al móvil o a otros dispositivos, aumenta mucho la desconexión del momento presente”.

Para las segundas, verse afectadas por el phubbing suele hacer que se sientan abandonadas y rechazadas. Algo que puede generar frustración y, en el caso de los más pequeños, trastornos de conducta. “Para los niños, la familia es un referente. Ver a sus familiares atendiendo a una pantalla va a determinar el uso que ellos hagan del teléfono en un futuro”, indica la psicóloga. 

Suele tener también muchas consecuencias en los hábitos de los adolescentes. La doctora en Psicología señala que hay casos de menores que dejan de salir a la calle porque sus amigos están cada uno con su dispositivo. “Para eso, me quedo y lo utilizo desde casa”, concluyen. El resultado: están en compañía a través de las pantallas, pero solos en la vida real.

Cómo combatir el phubbing

El phubbing puede darse por tres motivos diferentes. En primer lugar, por imitación: si todo el mundo consulta sus teléfonos, lo natural es terminar haciendo lo mismo. En segundo lugar, por timidez. Algo común sobre todo entre adolescentes que presentan problemas para relacionarse cara a cara. Y, por último, por adicción (aunque, indica Dominica Díez, en lo referente al móvil se usa el término adicción de forma coloquial, ya que no está catalogado como tal).

“Hay que diferenciar entre exceso de uso y adicción. Esta última se identifica cuando se dejan de hacer actividades significativas y obligaciones, hay malestar y no se conecta. Suele venir acompañada de cambios de humor, ansiedad, depresión, etcétera”, aclara la psicóloga de la Fundació Althaia. Sin embargo, no es necesario que exista adicción para que se presenten problemas derivados del phubbing, como el aislamiento o el bajo rendimiento.

La psicóloga invita a plantearse a nivel personal qué uso se quiere hacerse de las tecnologías“¿Soy yo la que guío los dispositivos o estoy a merced de lo que dicen las aplicaciones?” o “¿cuánto tiempo quiero dedicarles cada día?” son preguntas que podemos hacernos para marcar ciertos límites. Es importante, también, dejar el móvil a un lado cuando se queda con amigos, hacer comidas familiares sin dispositivos, marcarse horarios y evitar la multitarea.

No en familia

Desde la plataforma Por un uso Love de la tecnología, Orange da una serie de consejos para evitar el phubbing en el hogar. El objetivo principal: ser un buen ejemplo para los más pequeños.

La recomendación principal es establecer normas respecto a dónde y cuándo se puede utilizar el móvil. Lo ideal es dejarlo de lado por la noche, durante reuniones familiares y al realizar actividades deportivas y al aire libre. También es importante desactivar las notificaciones e invitar a los niños a hablar de sus emociones cara a cara. 

“Las redes sociales y la tecnología son fantásticas cuando se se utilizan forma saludable. El problema es cuando, paradójicamente, en vez de promover las relaciones provocan aislamiento, estrés u otros problemas psicológicos y/o sociales”, concluye Dominica Díez.

Por suerte, cada vez más familias, profesionales e instituciones son conscientes de la importancia de hacer un uso responsable de la tecnología. Algo de vital importancia para los adultos pero sobre todo para los más jóvenes, nativos digitales que se acostumbran, desde muy pequeños, a que gran parte de su día gire alrededor de un teléfono móvil.

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