Cuando la curiosidad es obsesión y delito: ¿es ‘stalkear’ una forma de acoso?

stalkear

Todos hemos fisgoneado en perfiles de otros. Como toda actividad, se puede realizar con diferentes intensidades. Si es por simple curiosidad por la vida ajena, podemos entender que es un comportamiento natural.

Pero si lo llevamos al extremo, entonces podemos relacionarlo con un problema grave para el que lo hace, pero principalmente para el espiado. Esto es lo que significa stalkear.

Nadie se va a sorprender por sacar a relucir este comportamiento. Es algo que hacemos también en la vida real: nos asomamos por la ventana cuando un vecino sale a la calle o pegamos la oreja a la pared cuando hay una voz más alta que otra en la vivienda colindante.

La curiosidad es una característica humana presente desde el comienzo de los tiempos. Queremos saber más sobre las personas que nos rodean, nos gusta compararnos, informarnos nos nutre y de alguna manera terminamos entreteniéndonos.

Lo que sí parece claro es que en el mundo digital no tiene una connotación tan grave como pudiera ocurrir en la vida real. Stalkear en la de red de redes se usa para describir la simple acción de seguir las publicaciones de otras personas, sin ningún interés mayor.

Qué significa stalkear

stalkear

Para entender qué es stalkear, hay que señalar que se trata de una adaptación del término inglés stalking. Este concepto se usa principalmente en redes y medios de comunicación para describir que espiamos a otras personas. Un ejemplo clásico de su utilización podría ser: «Nos encanta stalkear a las citas en Facebook antes de quedar con ellas».

Aunque ya lo utilizamos más allá de las redes sociales, en ellas podemos sacar factor común y nos encontramos con los siguientes comportamientos: seguimiento de una cuenta para conocer sus movimientos y publicaciones, intentando no ser detectados.

Las alternativas preferibles en español a stalkear son verbos como acechar o husmear, incluso podemos hablar de acosar cuando lo llevamos a extremos peligrosos. No son recomendables adaptaciones como estalkear o estalquear.

Cómo se usa en las redes sociales

No hay ninguna red que se libre de esta práctica. Es obvio que las plataformas más sociales, como Instagram o Facebook, son el lugar ideal para que un stalker campe a sus anchas, pero no podemos dejar a un lado entornos profesionales como LinkedIn.

No descubrimos nada nuevo, pero está bien tener presente que a la la hora de espiar lo que hace otra persona se puede afrontar de dos maneras: dando la cara o intentando que no se sepa lo que estamos haciendo. Si la actividad es sana, no debería importar posicionarse en el primer grupo, pero la realidad es que la mayoría de stalkers se las ingenian para pasar desapercibidos.

Perfiles de stalkers

Al margen de la exposición del stalker, es fácil identificar una serie de perfiles según su actuación en redes:

  • Ese ex que no lo supera y sigue queriendo saber todo lo que hace su antigua pareja.
  • Novios con poca confianza. Es un ejemplo clásico de stalker cuando uno de los integrantes de la pareja no se fía de lo que hace la otra parte.
  • No podemos obviar que en esto también hay profesionales, auténticos detectives privados que usan herramientas especiales y la última tecnología para investigar a personas en las redes.
  • El stalker envidioso. Gasta las energías viendo dónde van los demás a comer o de vacaciones, con quién salen, qué ropa se compran, etc. Normalmente tiene el enfoque puesto en un antiguo amigo de clase o un compañero de trabajo.
  • El fan número 1. Es un comportamiento extraño para personas que no son populares, pero ocurre. Contar con un stalker que ni siquiera conoces y no se deja una publicación sin darte un like y un comentario. Sigue todo lo que haces casi como si fuera un acosador.
  • Volviendo a las relaciones amorosas, tenemos a aquellos stalkers pretendientes que van a ser tu próxima cita y quieren estudiarte muy bien antes de ese momento.
  • Por último cerramos con el perfil de usuario al que no sabemos si declarar como “pervertido”, pero es una realidad que hay stalkers que están ahí simplemente por la atracción física.

Stalkear como adicción

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Estemos en la posición del investigado, o del investigador, todo tiene un límite. Cuando la actividad se convierte en una adicción por parte del stalker, podemos entrar en el terreno de la obsesión. Lo curioso y peligroso de esta situación es que no es necesario que haya existido un contacto previo para convertirnos en víctima.

En la mayoría de los casos la relación se mantiene en un proceso silencioso de investigación que realmente no afecta al espiado. Pero puede llegar a convertirse en algo más grave si se produce de manera continuada o se decide establecer algún tipo de conexión, que termina convirtiendo a la persona en víctima. 

En estos casos podríamos estar detectando un acoso. Imagina una situación en la que se quiere establecer una relación real que no es correspondida, intento de contacto a través de llamadas de teléfono y correos electrónicos, envío de regalos, o pasar la línea digital y realizar un seguimiento a la persona en la vida real. 

Las perfiles del stalker pueden ser múltiples, desde aquel personaje resentido que tiene como principal motivación asustar, a una persona sin habilidad social que encuentra en esta actividad su manera de relacionarse. Pasando por un ser que quiere llegar a intimar de manera más profunda con el acosado.

Los efectos del stalking en la persona acosada son múltiples. Pueden sufrirse cuadros de ansiedad y miedo, que llevan a cambiar hábitos de vida y a generar grandes inseguridades.

¿Es delito stalkear?

Como hemos podido comprobar en el artículo, hay muchos niveles de actuación y por lo tanto de gravedad. Dependiendo de esta intensidad se puede llegar a considerar delito.

Consultando a especialistas en la materia conocemos que para ser delito los hechos no han de contar con el consentimiento de la víctima y han de alterar gravemente la vida de esta. Algunas conductas con respecto a la persona acosada que hay que tener en cuenta:

  1. La vigile, la persiga o busque su cercanía física.
  2. Establezca o intente establecer contacto con ella a través de cualquier medio de comunicación, o por medio de terceras personas.
  3. Mediante el uso indebido de sus datos personales, adquiera productos o mercancías, o contrate servicios. O haga que terceras personas se pongan en contacto con ella.
  4. Atente contra su libertad o contra su patrimonio, o contra la libertad o patrimonio de otra persona próxima a ella”

Hasta hace relativamente poco tiempo en España no existía una ley que regulara este tipo de acoso. No es hasta la entrada en vigor de la Ley Orgánica 1/2015 del 30 de marzo, que modifica la anterior Ley Orgánica 10/1995 del Código Penal.

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Imágenes | Mostafa Meraji | RAE | Isaiah Rustad

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