YouTube Music, ¿merece la pena pagar por música?

YouTube Music, ¿merece la pena pagar por música?

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Ha aterrizado en España el servicio YouTube Music. Como Spotify y Apple Music, ofrece música ilimitada en streaming y descarga a sus usuarios, a los que cobra una cuota mensual. Netflix está triunfando en el mundo con su modelo en streaming de consumo de contenido mediante pago. Incluso arrincona a la piratería. ¿Ocurrirá lo mismo con las canciones? ¿Merece la pena pagar por música?

Después de meses probando el servicio, descubrimos pros y contras de esta nueva plataforma. Las posibilidades son amplias, pero el abono mensual echa para atrás a muchos usuarios. Spoiler: la balanza se inclina hacia el usuario que disfrute de la música muchas horas, como el resto de servicios SaaS de cuota fija.

Pago por servicio (mediante tarifa)

YouTube Music tiene un modelo de negocio SaaS como Netflix, las motos de motosharing y la tarifa de datos. En este modelo, el usuario no posee películas, motos o estaciones base de telefonía móvil, pero disfruta de ellas. Hay dos modos de enfocar este pago por servicio:

  • Pagas lo que usas.
  • Abonas una cuota.

El primero se usa mucho cuando el desgaste físico de un bien es elevado. Por ejemplo, cuando alquilas un coche de carsharing o usas la potencia de las máquinas virtuales de Amazon AWS. En este caso, el servicio tiene un desgaste directo. Con YouTube Music, Amazon Unlimited o Netflix, es más complejo.

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Por ello estos servicios SaaS ponen una cuota fija mensual al usuario. El aporte de valor en ellos no depende de un objeto físico como las ruedas de un coche o un servidor. En su lugar, el valor viene de poder escuchar toda la música que uno quiera, leer todo el día o ver muchas películas.

En este sentido, YouTube Music no tiene un precio abusivo: se ha quedado en los 9,99 euros/mes ya clásicos en el sector. Esta barrera ya la comparten otros servicios como Spotify o Apple Music. Hagamos un par de cálculos. Esto es lo que cuesta ‘alquilar’ una canción de 5 minutos en base al número de horas que escuchas música al día, seguido del coste por hora:

  • ½ hora: 0,055 euros/canción |0,666 euros/hora
  • 1 hora: 0,027 euros/canción |0,333 euros/hora
  • 2 horas: 0,018 euros/canción |0,166 euros/hora
  • 3 horas: 0,009 euros/canción |0,111 euros/hora
  • 10 horas: 0,002775 euros/canción |0,033 euros/hora

Si está en YouTube, está en YouTube Music

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Muchos de nosotros hemos usado YouTube durante más de una década para escuchar música. A modo de reproductor, lo dejábamos en una pestaña y buscábamos alguna lista de reproducción. Como lo más probable es que una canción esté en la plataforma de vídeos de Google, esto es un plus.

YouTube tiene una gran base de datos de canciones: con copyright firmado con discográficas, de música libre subida por los usuarios e incluso una gran franja gris de covers y modificaciones sin licencia explícita. Jaime Altozano explica en el siguiente vídeo la complejidad del sistema de copyright. Sin embargo, nosotros podemos quedarnos con algo más simple: si está en YouTube, está en YouTube Music.

Descubrir nueva música

Al hilo de lo anterior, la gran base de datos que es YouTube y el modelo de seguimiento que tiene hacia sus usuarios, pese a ser algo invasivo, nos recompensa con funciones como la música relacionada dentro de nuestros gustos. En YouTube, una columna de vídeos relacionados se presenta con cada canción.

En YouTube Music cada pista dará paso a la siguiente de modo que esta guarde cierta relación con la primera. Además, hay un modo muy interesante que te permite elegir una canción cualquiera y buscar pistas relacionadas. Se llama “modo radio”: genera una playlist infinita de canciones parecidas. Un lujo para quienes buscamos descubrir nueva música.

Modelo en streaming y descarga directa

Hasta ahora, YouTube ha funcionado mediante streaming, y solo hace poco su aplicación ha permitido bajar algunos vídeos. No muchos, y únicamente durante un tiempo limitado. Además, el servicio ‘gratuito’ tenía molestos anuncios, en ocasiones seis o siete por vídeo, a lo que se sumaba la imposibilidad de apagar la pantalla si lo teníamos en el móvil.

YouTube Music arregla, previo pago, todas estos contras. Por supuesto, se puede escuchar toda la música en streaming, pero YouTube Music tiene dos aspectos funcionales de descarga en los que merece la pena detenerse:

1. 100 canciones que podrían gustarte

En otro artículo comentábamos cómo podía saber Google qué canciones te gustaban. Una vez lo sabe, cada día analiza tus gustos y descarga vía wifi entre 20 y 100 canciones que, o bien sabe seguro que te gusta, o bien lo sospecha. Esto supone entre seis y nueve horas de música en tu terminal.

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Si somos del tipo de persona que escucha música en su coche, en el metro, en la biblioteca y mientras entrena, nos vendrá bien. Además, el servicio es automático. Basta con configurarlo al instalar la app y las descargas arrancarán solas.

2. Bajar canciones y listas

Otra posibilidad, complementaria, es la de bajar las canciones que a nosotros más nos interesen. Podemos bajarlas una a una, o descargar listas completas, hasta llenar la memoria del teléfono. Si, por ejemplo, tenemos una lista en YouTube con nuestros artistas favoritos, podrás bajártela con un clic y hacerla ‘portátil’.

Esto aporta mucha usabilidad porque, al igual que en Spotify en su momento, YouTube Music nos da la posibilidad de segmentar la app. Podemos tener listas para estudiar, listas para entrenar, música relajada para el coche, etc. Además, incluye sus propias listas: trip hop, clásica, contemporánea…

¿Estamos dispuestos a pagar por música?

Tiempo atrás, cuando la red se volvió rápida y aparecieron los MP3, se popularizaron las descargas ilegales de música. Aplicaciones como Spotify, hoy dentro de una inmaculada legalidad, izaron velas negras impulsados por las alisias redes P2P. Iban a ser la nueva Radio Pirata, como la Radio Mercur danesa en 1958. Luego, el negocio cambió: ser legal se volvió rentable.

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El logo de The Pirate Bay  incluye una cinta de casete donde la bandera pirata solía tener una calavera. Las películas de Hollywood y los ebooks tampoco estuvieron a salvo de este ‘Viejo Oeste Digital’ y una red desregularizada. Aún hay bibliotecas de miles de libros –muchos clásicos libres de derechos– rondando por redes P2P. Y lo mismo con películas y series.

Con la llegada de Netflix, los servicios de streaming y el SaaS watch-all-you-can, la piratería cayó en picado. Hoy sigue cayendo. Algunos lo achacan a la madurez del negocio: cuando no permites que determinados contenidos sean accesibles, aparece la piratería tanto como burdo robo de propiedad intelectual (webs que se enriquecen difundiendo cultura que no es suya) y como reivindicación social (Partido Pirata de Suecia).

La pregunta que debemos hacernos es “¿Estamos dispuestos a pagar por música?”. Para quien escribe estas líneas, que desde 2005 ha escuchado una media de ocho horas diarias de música y ahora va por 10, abonar la cantidad de tres céntimos la hora resulta irrisoria.

A nivel personal, no me compensa en absoluto bajarme música de forma ilegal. Es muy probable que esta sea la tendencia del mercado a largo plazo porque el coste de piratear es mucho más alto, especialmente en malware de webs poco recomendables.

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Imágenes | iStock/Halfpoint, Alvaro Felipe, Natalie Perea, The Pirate Bay, Perfecto Capucine